Horoscopes can’t forecast how we’ll feel

Ya es el segundo día que te ocurre. Casi te crees la predicción del tiempo de tu móvil y te pierdes un soleado día de playa. Como si ese hombre del tiempo anónimo fuera un nuevo dios al que debes obedecer. Realmente es una predicción minuciosa, hora por hora, y estos días de vacaciones le gusta pintar nubes de más. Y hay nubes en el cielo, sí, pero no tantas como para ocultar el sol por completo.

Por suerte, las ganas de leer en la playa eran tan grandes, que a pesar de las nubes virtuales y de las nubes que veías desde el balcón, has ido a la playa. Y es que en la playa lees más y mejor. Sin interrupciones, sin mirar el móvil. Y sin que nadie te conozca. Esto te encanta, te rodean tantos ingleses, italianos, franceses, alemanes, holandeses… que es como estar de viaje.

Qué sonrisa más tonta cuando sales del metro y el sol ilumina las escaleras, como si se estuviera reservando para ese momento. No las tienes todas contigo a lo largo del paseo, ves a los turistas comiendo paella y helado, las gafas de colores de los top manta, y crees que no te dará tiempo a veranear, que para cuando llegues a la playa, se habrá ido el sol. Pero no. Sigue luciendo. En lo alto, entre las nubes. Colocas tu toalla, te das un chapuzón y retomas la lectura. Por ponerte en lo peor, casi te pierdes lo mejor.

Milk and toast and honey

Ya lo sabías. Claro que lo sabías, pero siempre te gusta que te lo confirmen. El potencial de tus ideas. Una idea, no muy grande, más bien pequeña, en la que has depositado algo de esperanza y un poquito de ilusión. «Pues me gusta», dice él. Y sonríes. Le gusta.

No solo eso: le ve futuro, añade. Inténtalo. A lo grande. Corrige esto y lo otro. ¿Será esto la autosuficiencia? Confiar en contar ideas y que a veces los demás den el visto bueno. O que te orienten. Alimentarte de su gesto de aprobación, un leve movimiento de cabeza antes de beber la taza de café.

Te sientes afortunado de tener gente sabia alrededor. Gente con otros ojos y otras voces que te hacen crecer. Siempre a mejor. Poco a poco, por el sendero de las ideas que de tanto soñarlas se vuelven grandes.

Mr. Unhappy

Ya no le reconoces. Ese chico enfurruñado, desconfiado, al punto de parecer arisco. Esperaba que los demás le dijeran algo porque él se consideraba el centro del mundo. Cuánto sufría, pobrecito. Ahora lo ves tan lejano como si nunca hubieras sido tú.

Te cuesta reconocerte en el pasado. Ahora sabes que cualquier mañana se puede remontar con una visita sorpresa o con una frase tan inesperada como exacta. Sabes que no tiene sentido esperar lo peor, si al fin y al cabo has sobrevivido tantas veces que cualquier naufragio será solo el penúltimo.

También sabes que a veces lo olvidarás. Que en los momentos de flaqueza, llegarás a convencerte de que las reglas del juego han cambiado. Quizá por eso envías mensajes en una botella, para que le lleguen a tu yo futuro y le hagan sonreír. Recuperará las ganas de buscarse a sí mismo, transformarse, afinando cada día un poco más en la criatura que quieres llegar a ser. Tu vida es esto: dejar de reconocerte para continuar conociéndote.

Always saying something is wrong with me
Well, something is wrong with you, man
Because ever since it’s over between you and I
I feel so amazing
Mr. Unhappy, why didn’t you let me be?

Cruel summer

Mi verano no ha empezado todavía. Gajes de ser autónomo, ya lo sabes: trabajas en algo que te llena, pero lo haces cada día y a todas horas. El caso es que ayer libré por la tarde. La primera tarde de fiesta en varias semanas. Nada más salir de la tienda, me vino a la lengua un regusto a verano. El gusanillo. Ni corto ni perezoso, me fui a la playa. No a la de siempre, sino a una por la que solo había pasado por delante. Quería probar.

Busqué un hueco entre la arena y me eché sobre la toalla. Llevaba un libro conmigo, pero lo primero que hice al tumbarme fue cerrar los ojos. Estaba rodeado de personas que no me conocían. Turistas, en su mayor parte, pero también gente de otros barrios, de otros entornos. Me sentí por un momento como si estuviera en la costa francesa o en una isla italiana. Serían los gritos en esos idiomas, no lo sé, pero me sentí acogido en la desconexión.

Tras la zambullida de rigor y un par de capítulos del libro, decidí continuar la ruta turística. Un helado, una foto a la fachada de una iglesia, callejear confiando en las buenas intenciones de los que planificaron esas calles estrechas, descansar junto a la fuente de una plaza, comprar en una tienda donde nunca comprarías. Barcelona con los ojos limpios del turista. Rematé la noche con una copa de vino blanco y una tabla de quesos. Brindé por mis vacaciones de 6 horas. Viene bien mimarse de vez en cuando.

Running to the sea

La playa es un jaleo. Niños que corren por la arena, turistas que suben la voz, hombres que presumen entre cerveza y cerveza de todo lo que saben de motos, los vendedores de bebidas y las masajistas, más arena, los que juegan a palas o a vóley. Alinear la toalla. Acordarte de aplicar otra capa de crema, contar hasta 100 entre vuelta y vuelta para no quedarte dormido ni quemarte. Cómo colocar el libro, si bocabajo el sol abrasa las páginas y de espaldas no hay quien lo sujete. Y sin embargo volvemos cada día, porque solo en la playa está el mar.

«Sagaro (Water Series)» (Eric Zener)

Pasado un rato, tengo que zambullirme. No hace tanto que recuperé el sabor de la sal y me gusta redescubrirlo en cada salto al mar. Me gusta sentir que el agua cubre en seguida. Nadar, nadar más hondo. Una vez me contaron que las boyas están al doble de distancia de lo que parecen a simple vista. Da igual: sé que lo importante es el recorrido. Miro una última vez la playa abarrotada. Para comprobar que sigue en su sitio; desde aquí, ya no se oye el griterío. Le doy la espalda y sigo nadando.

A medio camino de la boya, me tumbo boca arriba, extiendo los brazos y me uno al vaivén de las olas. Una de ellas oculta el último velero. Estoy solo. Me disuelvo en algua y conmigo mis pensamientos. Durante ese instante, solo existe el mar, el cielo, el sol, el sol reflejándose en las olas que me mantienen a flote. Me hago el muerto para estar vivo. Algún día seré capaz de nadar hasta la boya. Feliz, vuelvo a la orilla.

I remember running to the sea
Remember falling to my knees
I remember gliding off the shore
Until I touched the ocean floor