Un sol interior

En la pantalla parece que nada dolió, incluso puedo reírme con los fracasos amorosos del personaje de Juliette Binoche. Todo ese desfile de hombres dorándole el oído para descargar antes de volver con sus parejas. “Por fin dejamos de hablar”, exclama ella antes de un polvo y me río porque a menudo lo he pensado. Basta de cháchara, si los dos queremos lo mismo, hagámoslo, sin miedo. Pero preferimos lo complicado. La seguridad solo nos gusta durante cinco minutos. Y nos perdemos: esto la película lo muestra con toda su crudeza, a través de un personaje femenino fuerte y liberado pero vulnerable que no suelo ver en el cine. La cámara es la única que se enamora de ella, sigue cada movimiento suyo de forma perfecta, baila cuando tiene que hacerlo, y para cuando se deslizan los créditos finales, ni la cámara ni Juliette ni yo sabemos si reír, si llorar, o qué. “Me gusta más el antes”, confiesa un actor en cierto momento, quizás adelantándome que después de la película notaré más las grietas.

Un sol interior (Un beau soleil intérieur) de Claire Denis: 8.

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