For the price of a cup of tea

Ahora me gusta el té. Costó acostumbrarse a este agua caliente y turbia, cogerle el gusto. Las manos calentándose alrededor de la taza, el estómago abriéndose ante el líquido. Ahora me gusta el té, su sabor, su temperatura (caliente o con hielo), su color, su sonido al verterlo, pero todavía no había apreciado su olor. Hasta ayer, que levanté sin querer la tapa de la tetera de hierro, quemaba un poquito, y me llegó una descarga reconfortante. Como llegar a casa cuando huele a limpio.

Este té olía a naranja y chocolate. Evocaba buenos momentos, buena compañía. Cada lunes pruebo uno distinto porque quedo con una amiga y, sin saber muy bien cómo, porque estas cosas surgen así, de la nada, se ha convertido en una tradición pedirnos un té cada uno mientras nos ponemos al día.

Me gusta que nos lo sirvan en teteras japonesas, de hierro, de colores: a veces me toca una roja, a veces una verde azulona. Conservan el calor una barbaridad, lo cual está muy bien porque te da para dos tazas y para cuando bebes la segunda casi una hora más tarde, todavía está caliente incluso después de echarle leche.

Tomando té, he aprendido muchas cosas. A relajarme y esperar paciente, por ejemplo. Al principio lo vertía en la taza nada más nos lo traían, pero apenas tenía sabor. Mejor que macere. Es curioso que el más bueno, éste con trozos de naranja y chocolate, sea el que más tiempo tiene que estar en reposo, cinco minutos. Me hace pensar en ese haiku infantil:


“En la mudanza,
lo último que llega:
los peces de colores”

Y también he aprendido a degustar sorbo a sorbo, a mirar a los ojos cuando hablo. Y a levantar la tapa, por supuesto. Porque si te atreves con cosas nuevas, si apuestas por algo pero no levantas la tapa para que te llegue toda la intensidad del olor, ¿de qué sirve? Sería como atreverse a medias. El éxito llega cuando te empapas de lleno.

Anuncios

6 comentarios en “For the price of a cup of tea

  1. Fíjate que una cosa parecida me pasa a mí con el pan. Ahora mismo, mientras escribo me llega el penetrante aunque delicado aroma del pan recien hecho y también me reconforta. Huele a sano y apetitoso. Poco a poco voy aprendiendo a esperar las tres horas y dieciséis minutos que dura el ciclo. No se puede acelerar, es el que es, la levadura y el horneado necesitan su tiempo, como el te; como tantas cosas en la vida.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s