Suddenly I see

Focalizar. Me lo recordaba el otro día una clienta. Compró un Daruma, amuleto japonés del que ya he hablado en alguna ocasión, sirve para mejorar la constancia. Y entonces me habló de sus proyectos, de todas las cosas que quería hacer y la decisión que había tomado al ver que ninguna funcionaba: centrarse en una sola.

Echas la vista atrás y sí, todo se encarriló cuando te centraste. Antes querías hacer tantas cosas, ansiabas tenerlo todo porque conformarte con menos sería de tontos, empezabas algo y a la mitad ya empezabas lo siguiente. Todas las puertas abiertas para cruzar a cada momento la que más te conviniera. Y no. Tuviste que elegir una.

No hizo falta que fuera la más bonita, ni la más grande, ni la mejor pintada. Bastó con que fuese una puerta. Con un pomo para abrirla y algo desconocido detrás. Algo que te apetecía explorar. Confiaste en el pálpito. Una relación, una novela, un viaje. Un proyecto. Lo mejor es que con la energía que provocaste, todo lo demás echó a andar también. A su ritmo, pero lo hizo. De puro obvio, al principio lo olvidaste.

Es como hacer fotos. Puedes intentar un plano general que te abrume con tantos objetos y colores, un Dónde está Wally en el que nunca apreciarás nada, o puedes girar el objetivo, hacer zoom, centrarte en un detalle, el primero de muchos. Y foto a foto, llenarás el álbum.

Click.
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