Smile because you’re the deer in the headlights

Que te hicieran fotos. Antes no te gustaba. “¿Para qué?”, decías. Salías al final siempre con el gesto torcido, o los ojos cerrados, o ausente. No querías estar en esa foto porque no te creías digno de ser retratado. Cada foto era el testimonio de una época en la que no estabas a gusto contigo mismo.

Aprendiste luego, tras muchas caídas, que una sonrisa lo arregla todo. Una sonrisa sincera. Esas que no se limitan a un movimiento de labios, en ellas participa todo el cuerpo, el alma desbordada por transmitir lo feliz que eres. Te gustas y gustas. Es así. Empezó a parecerte un halago que alguien quisiera fotografiarte. Has cambiado, eso crees al menos, y está bien que ese cambio quede reflejado en fotos.

Pero aún finges modestia, claro. Nos han enseñado a fingirla. Parece que cuando alguien te lanza un piropo tienes que hacer inventario de defectos: “Sí, pero ojalá perdiera unos kilillos. Pero ayer me encontré una cana. Pero no tendría que haberme puesto esa camiseta vieja”. Siempre hay un pero. Si un piropo es sincero hay que dar las gracias. Alguien te ha visto como deberías verte tú también en el espejo.

Ahora has conocido a un chico que se pasa de modesto: incluso se incomoda cuando le dices guapo.  Prefiere ser él quien hace las fotos, quizá use el objetivo como escudo. Intuyes que para él, como para ti años atrás, resulta inconcebible que esos “guapo” puedan ser sinceros. Pero tú insistes. Qué guapo con esa camisa, le dices, qué guapo con la cámara haciendo fotos.

Y él arruga la nariz. En el fondo le divierte tu insistencia. Y te gustaría saber de fotografía, ser capaz de retratarle como tú le ves, que para eso están los artistas, para capturar su visión del mundo y que los demás puedan verse a través de los ojos del otro. Pero no sabes de fotografía, así que sólo lo escribes. Sí, qué guapo está cuando entra por tu puerta y, tímido, mira un momento al techo.

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2 comentarios en “Smile because you’re the deer in the headlights

  1. Haciendo abstracción de los formatos, lo que acabas de escribir también es una fotografía. Cada frase fustiga el cerebro para que le ponga una imagen. Cuando uno tiene arte escribiendo es como ver fotografías de uno que tiene arte manejando el objetivo. Y cuando uno tiene arte fotografiando se pueden leer historias en cada una de esas fotos como si estuvieran escritas por alguien que domina las palabras.

  2. Al final todos los artes se tocan… Es como muchas canciones, que para mí con su sonido pintan una imagen muy distinta a lo que pueda decir la letra. Gracias por leerme con tan buenos ojos, Carlos.

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