Those who run seem to have all the fun

“Solo hay que esperar un poquito y el futuro está ahí”. Eso soltó el otro día mi amiga amarilla, creo que sin pensarlo. Hay gente con ese poder de dar con la frase exacta en el momento justo. Olvidamos a menudo que el tiempo tiene una manía: avanzar. Igual que un río siempre llega al mar por más meandros que tenga, hay que confiar que las cosas fluirán siempre a nuestro favor. Facilitarles el camino sí, forzarlas no. La prisa lleva a la precipitación y ésta nos aleja de los aciertos.

Me acuerdo a menudo de este párrafo de La vida de hotel de Javier Montes:

No vale la pena correr. Basta con caminar al paso que más se acomode a los pies de uno y se acaba llegando a donde se iba a llegar en cualquier caso. O quedarse quieto: últimamente me da la impresión de que son las cosas las que andan. Solo hay que esperar sentado: no fallan, porque nada falla nunca y todo sucede.

Eso lo noté al volver de Granada. Supongo que cada ciudad tiene su propio ritmo, y el de Barcelona, al volver de un fin de semana de relax, me golpeó en la cara. De repente me encontraba corriendo por las escaleras del metro, contagiado por el estrés de la gente. Carreras, coches que pitan, no llegar a tiempo, cruzar semáforos en rojo, obligaciones, horarios que cumplir, impaciencia cuando las cosas no llegan.

Añoré volver a la tranquilidad de caminar por las calles por el simple placer de hacerlo. Girar por las esquinas que me gustasen, dejarme guiar por las señales, explorar sin mapas porque confiaba que acabaría llegando a mi destino. Y llegaba, y siempre era mejor, más bonito, de lo que esperaba. Siempre había alguna sorpresa recompensándome. Así que, en Barcelona, opté una mañana por pararme en el semáforo en rojo. No pasaban coches y la gente ya cruzaba a la carrera. Yo me esperé a que cambiase a verde. Tampoco corro ya escaleras abajo del metro: cogeré el siguiente.

No puedes manipular el semáforo ni acelerar el metro. Y de todos modos llegarás a la otra acera, a la siguiente estación. Disfruta del trayecto, de la espera: haz fotos mentales de las fachadas, las nubes en el cielo, escucha una canción más, lee otra página. Tampoco puedes influir en las personas. Cuando tengas la tentación de meterles prisa a tu conveniencia, acuérdate de cuando corrías para llegar antes, cómo sudabas y resoplabas y sentías el corazón desbocado, saliéndote por la boca. A los demás tampoco les gusta eso, así que no les apremies. Permíteles avanzar a su ritmo, paso a paso. Sonríeles desde la distancia. Bastará con ese faro, porque las sonrisas y la seguridad muestran el camino. A su llegada, un abrazo. Gracias. Más, por favor.

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7 comentarios en “Those who run seem to have all the fun

  1. Sí, hay que dejar q el tiempo fluya, q los futuros crezcan a su ritmo y maduren. Hay que aprender a dejarnos sorprender por los recodos de la vida. La mayoría de personas se obsesionan tanto con alcanzar una meta, que olvidan disfrutar del camino.
    Siempre feliz de leerte y compartir momentos enriquecedores, q en estos días han sido muchos. Bss

  2. Yo también he dejado de correr. Solo corro si tengo a otra persona esperando. Aunque quién sabe qué le puede pasar mientras espera ;). Correr no está mal si gracias a correr puedes hacer más cosas interesantes en tu camino. Lo que no hay que hacer es anticiparse al destino. Exista o no. Porque si existe no tiene sentido anticiparse y si no existe, lo creamos nosotros mismos. Así que siempre ganamos. Cada vez menos ante la adversidad de algo inesperado me agobio, porque lejos de verlo como un inconveniente lo veo como una oportunidad. Para muestra un botón: un vuelo cancelado por la huelga me permite avanzar el vuelo y ahorrarme medio día de vacaciones que estoy convencido de que en el futuro aprovecharé para algo maravilloso! Ya se verá, entretanto a disfrutar. “¿Ves?, y ya está”

  3. que razon tienes!! a mi me pasa igual,ahora que he vuelto de Irlanda. vuelta al estres,agobio,polucion,malas caras,cafe en vena… buenas soluciones las que propones!!
    ah!! y me encanta tu forma de acabqr el post 🙂

  4. Totalmente de acuerdo. Hace tiempo que me aplico esa filosofía y simplemente paseo (aunque de por sí camino rápido, pero no voy con prisa, que es distinto). Si pierdo un bus, cojo el siguiente. No hay problema, siempre y cuando no surja prisa de verdad.

  5. Thexipiron, ¡muchas gracias! Me costó muchos esfuerzo llegar a este punto…

    Has sido la inspiradora de este post como de tantas otras cosas buenas, Lidia. ¡Gracias! 😀

    Nochu, yo siempre he pensado que el destino está escrito, pero nosotros tenemos el bolígrafo. Tenemos el poder de decidir, y al final, esas decisiones son las únicas que podríamos haber tomado. Es complicado de explicar en 4 líneas, ya tenemos debate para la próxima comida.

    Por fin entiendo a mi madre, cuando volvíamos de viaje (de Escocia o de algún pueblecito francés) y resoplaba por el estrés de Barcelona. En nuestra mano está, Juliet, aplicar la libertad y la tranquilidad de los viajes a nuestro día a día. Yo siempre miro las fachadas de mi ciudad con una sonrisa, como si fueran nuevas.

    ¿Sabes lo curioso David? Desde que estoy aplicando este principio de no ir con prisas, de coger el siguiente metro si pierdo uno, casi siempre llego puntual a los sitios. ¡Con lo tardón que era yo!

    Noi Tòxic, pues que te grabe en vídeo NoChu cuando no lo veas y lo suba a YouTube… 😛

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