Sing hello

Debemos desear lo nuevo. Eso aseguraba el personaje de Judi Dench al final de El exótico Hotel Marigold. El futuro asusta porque implica cambios, pero tienes que darte cuenta de que ésa es también su mayor virtud. Porque te hará crecer gracias a las novedades, todo lo desconocido que traerá a tu vida. Aprendes lo que no sabes, te sorprende lo que no has visto, recorres caminos extraños porque tienes que llegar a nuevos destinos. Pero no hay que adelantar acontecimientos: al principio conviene relajarse, sentir, nada de planificar: el futuro no existe todavía. Déjate llevar pasito a pasito.

Acuérdate de ese hombre huraño que era el único inquilino de su rellano. Se había acostumbrado a estar solo en aquel pedazo de edificio. Saludaba a los vecinos de otros pisos cuando se los cruzaba en el portal o el ascensor, pero luego subía hasta el 4º piso y se sentía el amo y señor de esos pocos metros cuadrados: tres puertas siempre cerradas y luego la suya, que podía demorarse en abrirla tanto como quisiera, sin que nadie le mirase raro o le interrumpiera, podía canturrear y saltar, incluso pasearse en calzoncillos por el rellano si quería: nadie le vería. Se sentía libre y no quería que eso cambiase.

Y disfrutó de su libertad hasta que un día llegaron cajas y cajas a la puerta de al lado. Por la mirilla vio el trajín de transportistas. Una mudanza. Un nuevo inquilino. Resopló. Pensó en los ruidos que habría a partir de ahora. Las juergas nocturnas le mantendrían despierto hasta las tantas y luego por la mañana seguro que el vecino pondría la música muy alta y le despertaría. Tendría que saludarle cuando se lo cruzase de camino al ascensor. Igual hasta tenía un perro que ladraba, o le acorralaría hablando del tiempo (o, peor, de su trabajo y sus hobbies). Seguro que era de esas personas que siempre estaba llamando para pedir prestado un tornavís o un abridor. Esas personas que luego lo pierden y se hacen los locos. Sí, seguro.

Una noche, el hombre libre que ya no lo era tanto pensó en hacerse en una tortilla de patatas. Ya tenía las patatas a medio freír cuando descubrió que los huevos de la nevera estaban podridos. Pensó en el vecino. A veces oía el trajín de sus llaves en el rellano, cuando iba o volvía de una rutina desconocida, pero todavía no se habían cruzado. Su primer impulso fue resistirse: no quería pedirle un par de huevos. Seguro que no tendría o no querría dárselos. Pero las patatas se freían tristes en la sartén y amenazaban con quemarse en vano.

Así que el hombre se armó de valor, se vistió, por instinto más que por coquetería comprobó cómo iba en el espejo, se arregló el pelo y antes de llamar a la otra puerta, se aclaró la voz, ensayó su sonrisa de vecino modélico. Todo un ritual para pedir solo dos huevos. Lejos de sentirse ridículo, sentía que estaba dando los pasos correctos. Por fin, llamó a la puerta, y ésta se abrió, y sus latidos se calmaron. Le impactó la sonrisa de su vecino, ancha y graciosa y amigable en la penumbra del rellano. Dijo hola y le salió más sonoro de lo que pretendía.

-¿Huevos para una tortilla? Pues justo ahora he terminado yo una, y me va a sobrar… Pasa.

Ni siquiera pensó en rechazar la invitación. Entró y cenaron juntos. Hablaron mucho, de todo y de nada porque los temas iban y venían. Pero sobre todo rieron. De repente, el hombre fue consciente de que hacía ya muchos años que no compartía risas con nadie. Y le gustó esa sensación.

-¿Y ahora qué?

Miraron los platos vacíos, faltaba por traer el postre; miraron la caja de la película que el vecino planeaba ponerse a solas después de la cena; miraron la puerta del piso. La patatas a medio freír quedaban muy lejos. Ahora qué. Ésa era la palabra: ahora. Con una sonrisa doble, ambos se encogieron de hombros.

Convertirnos en principiantes es disfrutar de esos comienzos.

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10 comentarios en “Sing hello

  1. Perfecto relato corto, excelente para amenizar estos días en los que uno está postrado en cama, con un resfriado de aúpa.

    La verdad es que consigues que el lector se sienta inmerso con suma facilidad en esos mundos que creas. Sin saber cómo, estás leyendo una referencia a Hotel Marigold (todavía pendiente para mí) y luego estás paseando por ese rellano solitario. Muy buen ambiente y diseño de personaje, desde el primer momento ya sabes cómo siente, así como cuál será la moraleja de la historia.

    Estos días estoy leyendo bastante, te recomiendo “Noches blancas y otros relatos” de Dostoyevski. Es una antología de tres relatos cortos, en un libro de pocas páginas, editado por Alianza en bolsillo, si no recuerdo mal. Llevo leída la primera historia (precisamente la que da título a la antología) y creo que podría gustarte, si no lo has leído ya.

  2. La verdad es que todos los relatos (los pocos que escribo ahora, de adolescente los escribía casi a diario) me salen con esta estructura y este tipo de personajes tan de “parábola urbana”. Son previsibles, pero también muy terapéuticos. Espero que incluso con el resfriado encima, hayas detectado el guiño a la escena final de Beginners.

    Pues mira, de Dostoyevski, justo lo único que he leído es ese “Noches blancas” y te confieso que no me pareció gran cosa, no me motivó a seguir indagando en el autor. Estaba bien pero… ya. También es verdad que las historias cortas y yo tenemos un idilio extraño, cuando deseo que una historia tuviera más y más páginas, y no es así, me siento vacío, cuando en realidad está bien. Mi abuela decía que siempre era bueno quedarse con hambre, así repetirías otro día.

  3. Sí, he cogido el guiño al vuelo, muy bien incluido además, sin darte cuenta ahí lo tienes, de manera muy orgánica.

    Leídos ya los otros dos relatos que incluye la antología (“Un pequeño héroe” y “Un episodio vergonzoso”), la verdad es que ninguna llega al nivel de las novelas que he leído del mismo autor. Si bien el tema de “Noches blancas” me parece el más interesante, es “Un episodio vergonzoso” el relato que está mejor escrito de los tres, pero le sigue faltando algo. Y eso que en “Noches blancas” hay una frase que de tan sencilla me ha parecido la mar de efectiva: “Mis noches acabaron con una mañana”.
    Es importante que el tercer relato es el más tardío de los tres, escrito una vez Dostoyevski pasó su condena en Siberia, y se nota en la manera de escribir.

    Precisamente esa condena es la que nos dejó una de sus novelas que más me impactaron: “Memorias de la casa muerta”, un texto casi autobiográfico tremendamente bueno.

    En literatura rusa, si te apetece un día adentrarte en más relatos cortos, antes que estos de Dostoyevski te recomiendo los de Tolstoi. El primero que leí suyo, “La muerte de Ivan Illych” aún lo recuerdo como si fuera ayer, menudo vaivén de sensaciones que te deja ese libro. Me quedé con hambre y después de haber leído más cosas de Tolstoi, sigo sin saciarme, siempre quiero más!
    También hay otros interesantes suyos como “La felicidad conyugal”.

    Y lo que dices de quedarte con hambre tras los relatos cortos, desde luego es lo que nos pasó con Ogai Mori. ¿Se sabe si van a editar algo más? Supongo que será otra editorial, no repite nunca.

  4. “Mis noches acabaron con una mañana”… Mmmm, no recordaba esa frase, o cuando lo leí no prestaba atención a estos mensajes. En Facebook acabo de poner una canción destacando estos versos:

    “My memories were all black and white
    Till I stopped over-thinking
    Decided to draw back the curtains
    And I cleared all the cobwebs
    And began to let in the light”

    Creo que los cuentos de Tolstoi ya me los recomendaste alguna vez porque los tengo anotados en mi cuaderno de “lecturas pendientes”. Lo “malo” de los rusos es que son casi tan dramáticos como los japoneses, ¿no? Y yo ahora estoy para lecturas menos trágicas, ya lo sabes. Pero bueno, los tendré en cuenta.

    De Ogai Mori te comenté que encontré editado otro libro suyo, “Vita sexualis”. Todavía no me he leído ni éste ni “El inspector Sanshiro”. Sí, es curioso que sus libros están repartidos en 4 editoriales distintas, de hecho hasta los distribuidores son diferentes… Me pregunto por qué será. Yo creo que Impedimenta se atreverá con otro libro suyo porque “La bailarina” se ha vendido MUY bien (dentro de lo que son estos libros, claro).

  5. Sí, la verdad es que suelen tener una tendencia hacia el drama, así que como ahora no te apetece mucho leer cosas así, mejor dejarlo para más adelante.

    Aún así hay un autor ruso del que solo he leído una obra pero me pareció divertida (puro humor negro, eso sí): Andrey Kurkov. No me suena que su obra esté editada en castellana, me refiero al libro “A matter of Life and Death” (te pongo la referencia de Penguin, que fue la que leí, desconozco si es su título original en ruso).

    Tiene una saga famosa que envuelve a la muerte y a un pingüino, pero no la he leído. ¿Te suena este autor?

    Es cierto que me comentaste lo de “Vita sexualis” aunque aún no lo he leído. Sí probé “El intendente Sansho” y me gustó, aunque prefiero “La bailarina” (no me extraña que les haya ido bien, leí muchas reseñas de este libro por distintos sitios) o “El ganso salvaje”.

  6. ¿La muerte y un pingüino? Ni idea, indagaré a ver si está traducido al castellano (no suelo leer traducciones al inglés… sería como raro, ¿no?).

    Ahora los libros que tengo en el punto de mira son “A de amor” (parece curioso cuanto menos), “El año de la liebre” y ese que todo el mundo recomienda, el del abuelo que saltó por la ventana (no recuerdo el título exacto).

    Pues te lo creas o no, creo que “La bailarina” se está vendiendo tanto por una sola razón: la portada. Acertaron de pleno con la ilustración. Mientras que “El ganso salvaje” ya podía tener mil críticas, que con esa portada no llamaba mucho. Me parece lógico, yo le doy mucha importancia a las portadas (aunque ni la mejor portada convierte en bueno un mal libro, claro).

  7. Leer traducciones al inglés no es tan raro, no creas! Sobre todo si ediciones que te interesan no se han editado en castellano, como es el caso de “A matter of Life and Death”.

    Aparte, que según qué editorial tiene unas traducciones muy malas y es preferible irte a la de otro idioma, si es posible.

    “El año de la liebre” lo leí el año pasado, junto a “Delicioso suicidio en grupo” del mismo autor. Ya comentaremos cuando lo leas y dejes caer la reseña!

    Y por mucho que se diga que no se juzgue un libro por la cubierta, es lo primero que te llama la atención si estás simplemente “cazando” en la librería, por lo que sí considero que es muy importante.

  8. Ay no sé, es como cuando vi “El imaginario del Doctor Parnassus” doblada al italiano porque no encontrábamos la versión original ni la española. Una cosa rarísima, no me sale jajaja.

    “Delicioso suicidio en grupo”… ¡qué título! Pues sabiendo que te gustaron (bueno, eso creo jajaja) ahora tengo más ganas de leerlo.

    A mí los libros, cuando voy de caza, me llaman, y es un todo: el título, el eco del nombre del autor, la portada, la primera frase.

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