Neon Neon : Praxis Makes Perfect

A menudo ocurre que vas por tu tienda de discos favorita y una portada te llama y tienes que comprarlo sí o sí. Compra impulsiva, lo llaman. Si tienes suerte, la tienda contará con una de esas máquinas que te dejan escuchar cualquier disco en catálogo. Sea en la tienda o en casa, lo curioso es que ese disco suele ser el que necesitabas ahora. Me pasó con el primero de Neon Neon, Stainless Style, synthpop del bueno para contar la vida del creador de coches DeLorean a través de canciones.

Todo apuntaba que sería un disco único, los miembros del grupo tenían otros proyectos. Pero ayer descubrí por sorpresa Praxis Makes Perfect. Recién salido del horno, otra ración de pop con sintetizadores ochenteros, repitiendo la fórmula del biopic musical. Homenajean a Giangiacomo Feltrinelli, editor que apostó por libro como Doctor Zhivago o El Gatopardo, claves en la literatura del siglo XX.

Pero al margen del contenido, las canciones están a la altura. Vuelven las atmósferas sonoras, las campanas y las percusiones retro, los coros casi robóticos y los estribillos pegadizos (sobre todo a partir de la segunda escucha). Como si a los hijos de New Order y Pet Shop Boys también les diera por hacer música.

Me ha gustado reencontrarme con Neon Neon cinco años después de comprar por impulso su primer disco. Me ha gustado, cómo no, que en este momento de mi vida hablen de un editor valiente. Todo llega cuando tiene que llegar. Pero sobre todo, me ha gustado que aquello que me cautivó, la propuesta ochentera con unas canciones que te van calando, se repita aquí. Regreso al futuro.

La dona vinguda del futur

«T’equivoques si només veus un sol color…»

Había ganas de ver La dona vinguda del futur. Un musical con canciones a cargo de Guille Milkyway tenía que ser poco menos que la séptima maravilla pop. Y así fue. Vestuario colorista, coreografías sencillas pero con mucho desparpajo, proyecciones retro a cargo de Lyona y, sobre todo, la música al servicio del texto de Marc Rosich.

La historia es infantil, sí, pero no trata al espectador como si fuera un niño y hay suficientes guiños picantes y críticos para que el adulto se sienta parte del espectáculo. Se ponen en cuestión los valores de esas familias tradicionales que no hacen caso a sus hijos y caricaturiza la televisión actual y el consumismo sin criterio.

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Pero sobre todo defiende la imaginación, el optimismo y la búsqueda de nuevas perspectivas a la hora de enfrentarse a las situaciones que se van presentando por la vida. Invita a conjugar ciencia con intuición, Albert Einstein con la purpurina eurovisiva. Un musical, en fin, inspirador en estos tiempos de crisis.

Como les pasa a los personajes de la obra, se te van los hombros y los pies al ritmo de las canciones. Son 6 completas y otras tantas entre jingles y versiones. Desde esa reinvención bailable del Amo a Laura que es Som una família tradicional al apocalipsis Disney de El targeter cromàtic, las melodías pegadizas inundan el escenario.

Mi favorita: Tot és relatiu, que supera el tema homónimo de Fangoria y además tiene la mejor coreografía y la proyección más vistosa. Para una futurible adaptación al castellano, espero que sean más listos y que a la salida de cada representación, vendan un EP con las canciones de la obra. Todos salíamos cantando, por algo será.

STOP! S’han acabat els drames
STOP! Ja no cal patir per les taques
STOP! Xocolata, greix, melmelada
Digueu-los STOP! BYE-BYE! d’una vegada
(Puedes descargar canciones completas, fragmentos y vídeos en la web del TNC.)

OneRepublic : Native

«No more counting dollars, 
We’ll be counting stars»

Es un grower, seguro, tendré que ponérmelo más veces, igual lo comento la semana que viene, ya veremos. Cosas que pienso con otros discos y que no he pensado con éste. Nada más escucharlo esta mañana, me ha encantado. Todo tendría que ser así de fácil: pones un disco y te gusta y lo recomiendas. Sin excusas.

Native es uno de esos álbums que tanto disfruto poniendo en el blog. Porque tiene canciones sobre sentirse vivo otra vez, invita a ponerse en acción y hacer todas las cosas pendientes. Dejarse abrazar, quemar billetes para contar estrellas, cambiar de balanza y decidir lo que de verdad es importante ahora. La vida a todo color.

Los chicos de OneRepublic cogen la fórmula de Good Life y la mejoran. Hay palmadas, hay coros, hay teclados y percusiones. Todo lo necesario para llenar las canciones de optimismo y la dosis justa de grandilocuencia. Crecimientos constantes que desembocan en finales épicos para saltar en medio del estadio.

Tengo ganas de ponérmelo al empezar el día, sé que me animará mucho en las próximas semanas. Y eso que ha llegado de la nada. De OneRepublic, conocía hasta ahora dos o tres canciones y las producciones de Ryan Tedder para otros cantantes. Con Native todo ha sido más instintivo. Somos animales que sienten, disfrutémoslo.

I’m feeling better since you know me 
I was a lonely soul but that’s the old me
A little wiser now but you show me 
Yeah, I feel again

Searching for Sugar Man

¿Sueñan los artistas con aplausos mecánicos? Crear para uno mismo está muy bien pero creo que, en el fondo, poco o mucho, todos deseamos alguien que lea nuestra obra, que la escuche, que la contemple. De lo contrario, crearíamos en la mente y seríamos felices. En cierto modo, el arte cobra sentido pleno cuando hay un público.

Casi nadie había oído hablar de Rodriguez hasta que se hizo este documental. Y creo que muchos, la mayoría, no conocíamos este documental hasta que no lo nominaron al Oscar. Así son las cosas. La cinta busca explicaciones: cómo puede ser que un artista que lo tenía todo a su favor (talento, buena voz, grandes productores…) quedase en el olvido y acabara desapareciendo sin más.

De telón de fondo, la música como sentimiento pero también como motor de revoluciones. Personales y sociales. Porque ahí está la ironía: Rodriguez no lo supo, pero su música fue el himno de la lucha contra el apartheid, en Sudáfrica. Será verdad que la música puede cambiar el mundo. El de cada uno de nosotros, al menos.

Searching for Sugar es una lección de humildad. Defiende la vida tranquila frente a las ambiciones. Emociona y sorprende. Es original en la forma. Tan bien rodado está y tan intrigado te mantiene durante los primeros 45 minutos, que a ratos olvidas que todo eso que estás viendo fue real, parece una película de suspense.

En definitiva: el documental se merece todos los premios que se está llevando. Se merece, también, que escuchemos a Rodriguez al fin, recompensa tardía pero justa. Sus canciones ya suenan a clásicos en mis listas de reproducción. Es la conexión instantánea de las cosas que merecen la pena.

I wonder how many times you’ve been had
And I wonder how many plans have gone bad
I wonder how many times you had sex
And I wonder do you know who’ll be next
I wonder, I wonder, wonder I do

Woodkid : The Golden Age

Dice Yoann Lemoine que quiere que las personas se sientan héroes al escuchar su música. Y con su proyecto Woodkid, lo consigue, vaya que si lo consigue. Más que canciones, el disco contiene 13+1 paisajes llenos de épicas batallas y amores intensos para ponerle banda sonora a la película de tu vida.

Y es que, ante todo, Woodkid es un creador de historias. Ya lo demostró en sus vídeos para Lana del Rey o The Shoes, y cuando no tuvo suficiente con eso, se embarcó en solitario en este proyecto apasionante. No es casualidad que la edición especial de The Golden Age sea en formato libro.

Campanas, coros, secciones de cuerda y viento que no dan tregua, percusiones atronadoras. Son los recursos que este hombre necesita para contar una leyenda, la de un niño que, combate a combate, aprendió a crecer. Pasará de ser un chiquillo huidizo a un hombre barbudo, tatuado y con vozarrón de esos que enamoran.

Mi disco más esperado ya está aquí, haciéndome feliz. Ahora, cada vez que enciendo mi reproductor, soy yo el héroe que viaja en barcos piratas, se enfrenta a ejércitos de gólems y siempre está a salvo entre unos brazos protectores, mientras la ventana contiene cualquier tormenta. Gracias a Woodkid, soy capaz de construir puentes y deslumbrantes torres de cristal por las calles de Barcelona.

Where the light shivers offshore

Through the tides of oceans

We are shining in the rising sun
As we are floating in the blue
I am softly watching you
Oh boy, your eyes betray what burns inside you