Ayer se estrenó el esperado vídeoclip de Lady Gaga, «Alejandro». Y esta vez, las opiniones están muy divididas; por lo que leo en blogs y foros, las críticas negativas abundan, todo lo contrario que con «Bad Romance» y «Telephone». Es cierto que le sobran dos minutos mínimo y no ayuda que en vez de crear un extended remix exclusivo del vídeo, se hayan limitado a hacer corta y pega de la canción hasta el aburrimiento. Un bucle infinito de alejandro, alejandro, ale-alejandro.
Pero al margen de su duración excesiva, me parece un vídeoclip fascinante. Una fotografía excelente (faltaría más, estando a cargo Steven Klein, responsable de las mejores sesiones de fotos de la última década de Madonna) al servicio de un simbolismo más críptico y oscuro que en ningún otro vídeoclip de Lady Gaga.
¿Qué nos cuentan Klein y Gaga? Bajo mi punto de vista, es una alegoría de los grandes males de Europa: la tendencia al totalitarismo, y la represión, sobre todo sexual (ejercida principalmente por la Iglesia). Dos conceptos, totalitarismo y represión, que además suelen ir de la mano. La mujer, al mismo tiempo víctima y verdugo, podría ser la propia Europa. (Situando la letra de la canción en este contexto, tengo la teoría loca de que los Alejandro, Roberto y Fernando podrían ser los dictadores Adolf, Benito y Francisco, intentando adueñarse de Europa.)
Hay ecos de los tétricos cuentos clásicos europeos (ese corazón a modo de trofeo, como en la Blancanieves de Grimm), hay toques de expresionismo alemán, guiños a la decadencia de la república de Weimar y a la contundente dictadura de Hitler, con su homoerotismo latente.
A nivel narrativo, la historia (desordenada) que extraigo es la de una mujer puritana y reprimida, esposa de un dictador. Él, atormentado por la frigidez de su esposa, acaba suicidándose de un disparo (con una excesiva pistola dorada). No es casualidad que ese disparo retumbe varias veces a lo largo del vídeoclip. Las represiones y el sentimiento de culpa ayudan a la mujer (ahora viuda negra) a liderar ese estado totalitario, en el que puede dar rienda suelta a sus fantasías.
En cualquier caso, sea cual sea tu interpretación, te guste o no el vídeo, está claro que es una reivindicación de los grandes vídeoclips en una época en la que ya casi ningún cantante o grupo les presta la dedicación de antaño. Bravo.




