It’s always been inside of you and now it’s time to let it through

Le decía el otro día a un amigo que, últimamente, «Firework» de Katy Perry me persigue a todas partes. Y es verdad, aunque no tiene mucho misterio siendo una canción y un vídeoclip tan recientes y exitosos que los machacan a diario en cualquier lado. Aún así, me gusta que para variar sea una canción tan optimista y que disfruto tanto la que machaquen. Que para dramas y canciones malas siempre hay tiempo.

Ir con mi amigo Jose es garantía de escucharla 100 veces: suelen ponerla allá donde pisa, te la pide en el iPod (y te arranca los cascos si él va durmiendo en el autobús y detecta que tú la estás escuchando), se la pide a nuestros amigos siempre que vamos en su coche, la canta de improviso en cualquier situación. Y te contagia ese entusiasmo suyo, y es una sensación fantástica verle tan entregado. «You just gotta ignite the light…»

A otro amigo que andaba medio de bajón hace unas semanas le pasé la versión acústica de Boyce Avenue y, días después, le dediqué con todo mi cariño la frase: «After a hurricane, comes a rainbow». La frase es un tópico como una casa, vale, pero también es muy cierta; a menudo nos olvidamos que no hay nada más cierto que los tópicos. Espero que él también lo viera así, que entendiera que poniéndole esa frase, de verdad me preocupaba por él y de verdad confiaba en ese arcoiris. Y que supiera que no lo decía por decir: me gusta verle brillar. «Cause there’s a spark in you…»

La actuación de Rachel en Glee dejándose el alma al cantar «Firework» para mí fue El Momento del capítulo de San Valentín. Lo primero es lo primero: mimarse a uno mismo; lo demás ya llegará. Pero a lo que iba: la entrada de hoy viene por un cuento de Oscar Wilde. Ya he mencionado que estos días estoy releyendo sus obras, intercalándolas con otros libros. Pues bien, en el volumen de Cuentos Completos, hoy he descubierto un relato que no recordaba para nada y que precisamente confirma eso de que «Firework» me persigue.

Se titula «El insigne Cohete» (The Remarkable Rocket). No sé si los escritores de «Firework» leerían este cuento antes de componer la canción, pero su letra resume perfectamente la moraleja del cuento. No se puede estar afligido, hay que mostrar al mundo con orgullo todo lo bueno que siempre has tenido en tu interior: es tu misión iluminar el cielo y dejar a los demás boquiabiertos. «Make ‘em go oh-oh-oh…»

«El insigne Cohete» es un cuento triste, porque nos explica la historia de un Cohete que, de tanto dejarse llevar por el drama, no puede cumplir su misión de brillar en el cielo. Mientras los demás cohetes y fuegos artificiales festejan una boda real, prendiendo la noche de mil colores, este Cohete está tan preocupado por la posibilidad de que en el futuro los novios sufran y sean desdichados, que llora, y sus lágrimas empapan la pólvora, así que cuando llega su turno fracasa estrepitosamente: la mecha no se enciende. Pasados los festejos, el servicio de limpieza lanza el Cohete fallido a un charco de barro. Acaban recogiéndolo unos niños, que lo confunden con una rama seca, y antes de marcharse lo tiran a una hoguera. Allí, por fin, se enciende la mecha del Cohete y éste puede volar e iluminar el cielo… pero por desgracia ya no queda nadie para disfrutarlo. (Si os apetece, podéis leer el cuento completo aquí.)

Y con esto de los cohetes y los petardos, siempre me acuerdo del castell de focs de la Fiesta Mayor de Sitges (mi pueblo). No serán como el 4 de Julio, pero impresionaban igual: en Sitges, las noches del 23 de Agosto eran la mejor noche de todo el año. Íbamos a la playa, la arena ya estaba fría, el Paseo Marítimo rebosaba de gente y todos sonreíamos nerviosos, como niños, como si fuera la primera vez. A las 23:00, puntuales, se apagaban las luces, ya sólo intuías la silueta de la iglesia junto al rompeolas. Y justo entonces empezaba media hora de puro espectáculo: fuegos y luces y cohetes y chispas y galaxias y palmeras de todos los colores iluminando el cielo y el mar.

Y me acuerdo de mi abuela, para quien esos espectáculos pirotécnicos sólo merecían la pena cuantos más petardos hubiera y más fuerte explotasen. Le encantaban las tracas finales (especialmente las de Sitges, claro): aplaudía con cada «¡pum!». A mí entonces aún me daban miedo, temía que mi corazón reventase con alguna de las muchas detonaciones. Pero con el tiempo he aprendido a disfrutarlas. Ahora sé que un castillo de fuegos artificiales sin una buena traca final no es lo mismo. «Boom, boom, boom, even brighter than the moon, moon, moon…»

Ya hace demasiados años que no voy a ver el castell de focs de Sitges. Espero ponerle remedio.

When you know the notes to sing, you can sing most anything

Se puede vivir sin música. Os lo confirmo yo, que estuve un par de semanas sin escuchar ninguna canción porque todas se sentían como baldosas temblequeantes de un suelo que se derrumba. Quizá sería más apropiado decir que se puede sobrevivir sin música. Porque, desde luego, como se vive mejor es rodeado de canciones. Sin música, es imposible disfrutar del mero hecho de estar viviendo.

La tienda parece más llena con su hilo musical de fondo («mejor algo suave en plan The Corrs, Elton John o Enya, no te pases», me digo siempre cuando empieza a sonar «One» de los Swedish House Mafia), mi habitación es más acogedora si puedo dejarme la voz acompañando los berridos de Marilyn Manson o Céline Dion, las calles las recorro más a gusto con unos auriculares cantándome al oído.

Barcelona parece más viva, el plató de un vídeoclip en el que yo soy el único protagonista. Subo las escaleras mecánicas del metro al ritmo de «Get Outta My Way» de Kylie, me dejo perder en la noche con «Wonderful Life» de Hurts. El mar sabe a Coldplay, las Ramblas huelen quizá a Pastora. Plaza España, por supuesto, sólo es de Freddie Mercury y Montserrat Caballé desmelenándose con la elegancia de «Barcelona». LCD Soundsystem me hacen llegar puntual, «Sexy Bitch» también; el subidón de «Hombres» de Fangoria me lo reservo para cuando bajo del autobús y me golpea el aire frío de Gran Vía, mientras que «No sé qué me das» podría escucharla en cualquier rincón, como el viento cuando cruza la ciudad, mi ciudad. «Die Another Day» es para esos días en los que me gustaría caminar y caminar, sin parar, hasta agotarme. Y cuando hace mucho sol y sólo me apetece sonreír, nada mejor que «Beautiful Life»: la de Ace of Base o la de Jose Galisteo, da igual, ambas me dan el chute de vitalidad que necesito. Porque sí, la vida es bonita. Siempre.

Y nunca me acostumbraré a escuchar Mecano por Barcelona (son -suenan- tan madrileños), pero «La fuerza del destino», además de la mejor canción en castellano de la historia, es el acompañante ideal para esos paseos en los que no vas a ninguna parte, sólo en busca de tu futuro. Y escucharla el pasado fin de semana en Madrid, por fin, en sus calles y en sus plazas y en su metro, fue la hostia: me aferraba a cada nota con una fuerza nueva. «Nos vimos tres o cuatro veces por toda la ciudad…» En la ducha tarareo horteradas como «Addicted to you» de Shakira, porque a David Bowie me lo reservo para ocasiones especiales (para escribir, por ejemplo; me encanta escribir con su voz única de fondo: muy suave, pero creando atmósfera). Se folla bien con «I’m A Man» de Black Strobe, pero algún día me gustaría hacer el amor con «The First Time Ever I Saw Your Face» y fundirme en otros brazos, como en una película. Y nadie cura las heridas como Whitney Houston; «I Didn’t Know My Own Strength» hace maravillas. «Happy Ending» de Mika no cura, pero consuela, que ya es mucho.

A veces, un olor o una acción los asocio con canciones. Me acuerdo de los domingos que me bañaba en Sitges escuchando «For Your Own Good» de Pet Shop Boys o, cuando era mucho más pequeño, la banda sonora de «Sonrisas y lágrimas» en un cassette desgastado en el que Julie Andrews ya no sonaba exactamente como Julie Andrews. Son melodías que me transportan al agua tibia y al jabón de entonces. Los desayunos me recuerdan a Aqua, a cuando desayunaba cada día (no como ahora, que casi nunca lo hago, sólo de viaje o en casas ajenas) antes de ir al instituto y sus canciones me acompañaban.

Y pasear una vez al año por la calle del Pecado de Sitges (Dos de Mayo para quien se guíe por lo que pone en las placas) es volver a los tiempos de «Oye» del disco Gloria!. Ir a Arena es pensar en Mónica Naranjo, claro, aunque ya casi nunca la pongan porque los años no pasan en balde y ni las discotecas ni yo somos esos adolescentes que bailaban en non-stop «Desátame», «Las campanas del amor», «Entender el amor» y algún remix de «Sobreviviré». Ahora toca petardear con Lady Gaga y Katy Perry y Rihanna y Cheryl Cole y David Guetta (y yo encantado). Si pienso en mi boda, pienso que entraré al ritmo de la intro de «Left To My Own Devices», pero en mi funeral quiero que me despidáis con, entre otras, el cover de «Run» de Leona Lewis. «And we’ll run for our lifes…» Las acrobacias vocales de la despedida.

Muchos ex no lo saben, pero más que el recuerdo de sus besos o un corazón roto, me dejaron de herencia algunos de mis grupos y cantantes favoritos. Me aficioné a Madonna, Marilyn Manson, Pet Shop Boys o Roxette porque, durante aquellos abandonos, me gustaba machacarme con la música que escucharía el otro, como si aquello me acercase a él y casi pudiera acariciarlo cantando «The Power of Good-Bye» o «Wish I Could Fly». Pero sucedía todo lo contrario: acostumbrándome a esos discos y canciones, empezando a coleccionar la música del cantante o del grupo, sentía que la ruptura quedaba lejos y el futuro se acercaba un poquito más. Seguía adelante, vaya.

Tengo una canción para cada persona que forma o formó parte de mi vida. Amigos, ex novios, rolletes más o menos serios, antiguos compañeros de clase o de trabajo, familia… Todos tienen su propia canción, escucharla me recuerda a ellos, y siempre es una sensación bonita saber que cierta canción me recuerda a alguien, aunque ese alguien esté en otra parte, recorriendo otros caminos que la vida le ha tendido. Algunos ya la saben, otros supongo que se la imaginarán, muchos no tendrán ni idea. Y algún día espero poder decirte a ti cuál es tu canción.

Roxette – Charm School

Después de 10 años, un cáncer, algunos discos en solitario y 300 recopilatorios, vuelven Roxette con un nuevo álbum de estudio. Siempre han sido uno de mis grupos favoritos, con esa habilidad tan suya de crear melodías perfectas, ya sea en forma de baladas (con la preciosa voz de Marie) o de temas más cañeros. El último álbum, «Room Service» era muy flojo, ¿recuperarán la forma con «Charm School»?

1. Way Out
Seguramente, si no fuera por los ocasionales coros de Marie, la canción parecería un descarte de los álbums en solitario de Per Gessle. Pero ella, por poco que cante, consigue traer la canción a terreno propio. Podría ser de «Crash! Boom! Bang!». No es la bomba, pero sirve de carta de presentación.
Sometimes you don’t decide for yourself.
8/10

2. No One Makes It On Her Own
¿»Spending My Time (2011)»? Eso parece. De esas canciones que comienzan intentando aparentar indiferencia y acaban desgarradas. Una pequeña maravilla que te va enamorando escucha a escucha.
Have you ever been loved and thought it would last forever? Well, then you know nobody makes it on her own.
9/10

3. She’s Got Nothing On (But The Radio)
100% Roxette. Suena moderno y clásico al mismo tiempo. Creo que no ha convencido a mucha gente, pero a mí me apasiona. Quiero decir, que no desencajaría para nada en un recopilatorio junto a otros clásicos cañeros del grupo. Para mí, el disco ya merece la pena sólo por darnos esta canción.
What she got she got to give it to somebody…
10/10

4. Speak To Me
En las previews parecía bonita, pero al escucharla entera la decepción ha sido mayúscula. Genérica, que es lo peor que puede ser algo.
Speak to me loneliness, speak to me bitterness.
5/10

5. I’m Glad You Called
También genérica, pero la letra tiene más gracia. Cuando ya crees haber olvidado a alguien, y te llama, y todo vuelve a tu cabeza, y sientes al mismo tiempo tedio y alegría.
Hate to say I’m glad you called but you know I always tell the truth.
6/10

6. Only When I Dream
No está mal, creo que puede ser una de las growers del disco, pero le pesan 2 cosas: estar precedida por otras 2 canciones lentas y no llegar a la altura de la canción homónima de The Corrs, que abría «Talk On Corners».
Only when I dream I touch you and I breathe you…
5/10

7. Dream On
Empieza muy Roxette. Muy de sus canciones tranquilas y melancólicas que nunca serán singles pero que te gusta encontrar y redescubrir al escuchar cualquiera de sus álbums. Suena atemporal, y supongo que eso es bueno. Personalmente, me recuerda a «Cinnamon Street».
Dream on, yesterday is gone and it’s clear I’ll never get out of here…
8/10

8. Big Black Cadillac
Vuelve la caña. Sintetizadores, guitarras enlatadas y un ritmo contundente nos introducen en un tema que intenta ser «Sleeping In My Car (2011)». Se queda muy lejos de conseguirlo, claro, pero no por ello la canción es peor.
I’m sure you missed my touch, I never really, really missed you that much.
9/10

9. In My Own Way
A mí es que cualquier canción que incluya versos como «I’m a woman» me aburre.
I don’t want to own you, I don’t want to lead you, I just want to love you in my own way.
4/10

10. After All
Típico tema correcto que te deja indiferente el 1º día y con los años se acaba convirtiendo en uno de tus favoritos. Desenfadado, muy de anuncio de Vodafone.
Your life goes on and on and on after all.
6/10

11. Happy On The Outside
Es bonita, vale, pero quizá esa letra tan tópica y previsible la hace más olvidable de lo que debería.
So be ready to fall in love though her heart hides the scars.
5/10

12. Sitting On The Top Of The World
Típico tema de cierre de disco: pequeño, con sonidos de burbujas por doquier, coros etéreos y Marie cantando estupendamente.
I’m sitting on top of the world and I like it
7/10

En resumen, un disco muy, muy mejorable pero donde como mínimo todas las canciones suenan a los Roxette clásicos. El genio de antaño queda lejos. Es como un recopilatorio de no-singles, con todo lo que ello implica.

Don’t be a drag, just be a queen

Leo estupefacto la letra de «Born This Way», el próximo single de Lady Gaga. Pero más estupefacto me dejan los comentarios en Twitter, tildándola de magistral, fresca, original, inspiradora, brillante, trascendente, rompedora, comprometida con la actualidad (!!! – es que menciona a un libanés, ¿sabes?) y mil calificativos de admiración más… Debo haberme perdido algo, porque no es más que un refrito de todas las frases que podrías encontrar en el libro de autoayuda más cutre de la pila de saldos de cualquier hipermercado. (Como mis entradas de blog últimamente, vaya.) Aunque supongo que pedirle al fan medio de Lady Gaga que sepa lo que es un libro de autoayuda es pedirle mucho. Pero ojo, leer sí saben, que han leído la letra de «Born This Way» y les ha cambiado la vida.

Y tampoco es que Lady Gaga haya sido jamás una gran letrista. Las letras de su primer álbum no distaban mucho de la cantante de pop media: baile, fama, chicos, dinero, fiesta, yuju. Sólo en «The Fame Monster» se empezaban a intuir atisbos de talento: la forma de narrar esa relación obsesiva de «Bad Romance» (frases demoledoras como I want your revenge y expresiones icónicas como la de I’m a free bitch, baby), las letras de «Dance In The Dark», «Alejandro», «Speechless», «Monster»… No eran poesía, pero al menos eran diferentes, con algo de personalidad. Es lo que me llamó la atención y me hizo disfrutar de ese EP, cuando temas como «Just Dance» o «Poker Face» me dejaron más frío que otra cosa.

Pero es que lo de «Born This Way» es de traca, y más después de toda la expectación que está causando y de asegurar cosas como que lanzará el mejor álbum de la década. Es como una parodia de lo que tanto critiqué de su concierto: esos discursos de autoayuda en plan «quereos, que nadie os cambie ni os diga lo que tenéis que hacer, creedme, que yo era fea y sea reían de mí». Y así 20 veces para rellenar 2 horas de concierto. Y ojo, que todas las actuaciones me parecieron fantásticas, la puesta en escena espectacular, el vestuario deslumbrante, las pantallas muy resultonas… En los momentos de música, me lo pasé genial. Pero los discursitos me sobraban, ya lo dije en su día y lo reitero.

Y «Born This Way» no deja de ser un discursito de esos condensado en 3-4 minutos (aunque lo mismo la canción al final dura 7 minutos, porque ella hace arte). «Dios me ha hecho así», «Quiérete a ti mismo», «Seas del color que seas», «Sea cual sea tu sexualidad», «Quiere a tus amigos», «Me gusta mi vida», «Nací para sobrevivir», «Mantén la cabeza alta y llegarás lejos», «Sé tú mismo»… Por favor, hay canciones benéficas con menos tópicos por metro cuadrado en la letra, seguro.

Lo único que me ha hecho gracia ha sido el verso: «Don’t be a drag, just be a queen». Simple, pero mira, bastante ingenioso. Eso sí, estoy convencido de que cuando salga la canción, me encantará y la bailaré y la cantaré como el que más. Segurísimo. Con lo que me gusta el petardeo… Pero por favor, que no me vendan la moto de que la letra es magistral, trascendente o life-changing, que por ahí no paso.

El mérito que sí le reconozco a Lady Gaga es conocer a su público principal y cuidarlo al máximo, darle exactamente lo que esperan de ella. Adolescentes marginados, críos que descubren su sexualidad, crías que buscan su lugar en el mundo, personas en definitiva que se sienten inseguras y necesitan que les digan que no, que todo irá bien y hay sitio para ellos en la vida… Ya que no van a leer un libro de autoayuda, ella es generosa y se lo resume. «No sois raros, sois especiales«. Mientras otras les darían la enésima canción de amor o de emborracharse en la discoteca, Lady Gaga les ofrece un himno para subirles la autoestima. Y mientras otras cantantes con mayoría de fans gays sacan perfumes para chica o ropa para chica, Lady Gaga lanzará un perfume con olor a sangre y semen. Bravo. En este sentido, me quito el sombrero ante su habilidad mercantilista: está superando ampliamente a Madonna.

Paz y amor, little monsters. Escribid vuestro propio destino.

BORN THIS WAY
WRITTEN BY: LADY GAGA
PRODUCED BY: LADY GAGA, FERNANDO GARIBAY, DJ WHITE SHADOW
MIXED AND ENGINEERED BY: DAVID RUSSEL
INTRO:

IT DOESN’T MATTER IF YOU LOVE HIM, OR CAPITAL H-I-M

JUST PUT YOUR PAWS UP
‘CAUSE YOU WERE BORN THIS WAY, BABY
VERSE:
MY MAMA TOLD ME WHEN I WAS YOUNG
WE ARE ALL BORN SUPERSTARS
SHE ROLLED MY HAIR AND PUT MY LIPSTICK ON
IN THE GLASS OF HER BOUDOIR
“THERE’S NOTHIN WRONG WITH LOVIN WHO YOU ARE”
SHE SAID, “‘CAUSE HE MADE YOU PERFECT, BABE”
“SO HOLD YOUR HEAD UP GIRL AND YOU’LL GO FAR,
LISTEN TO ME WHEN I SAY”
CHORUS:
I’M BEAUTIFUL IN MY WAY
‘CAUSE GOD MAKES NO MISTAKES
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY
DON’T HIDE YOURSELF IN REGRET
JUST LOVE YOURSELF AND YOU’RE SET
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY
POST-CHORUS:
OOO THERE AIN’T NO OTHER WAY
BABY I WAS BORN THIS WAY
BABY I WAS BORN THIS WAY
OOO THERE AIN’T NO OTHER WAY
BABY I WAS BORN-
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY
DON’T BE A DRAG -JUST BE A QUEEN
DON’T BE A DRAG -JUST BE A QUEEN
DON’T BE A DRAG -JUST BE A QUEEN
DON’T BE!
VERSE:
GIVE YOURSELF PRUDENCE
AND LOVE YOUR FRIENDS
SUBWAY KID, REJOICE YOUR TRUTH
IN THE RELIGION OF THE INSECURE
I MUST BE MYSELF, RESPECT MY YOUTH
A DIFFERENT LOVER IS NOT A SIN
BELIEVE CAPITAL H-I-M (HEY HEY HEY)
I LOVE MY LIFE I LOVE THIS RECORD AND
MI AMORE VOLE FE YAH (LOVE NEEDS FAITH)
REPEAT CHORUS + POST-CHORUS
BRIDGE:
DON’T BE A DRAG, JUST BE A QUEEN
WHETHER YOU’RE BROKE OR EVERGREEN
YOU’RE BLACK, WHITE, BEIGE, CHOLA DESCENT
YOU’RE LEBANESE, YOU’RE ORIENT
WHETHER LIFE’S DISABILITIES
LEFT YOU OUTCAST, BULLIED, OR TEASED
REJOICE AND LOVE YOURSELF TODAY
‘CAUSE BABY YOU WERE BORN THIS WAY
NO MATTER GAY, STRAIGHT, OR BI,
LESBIAN, TRANSGENDERED LIFE
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN TO SURVIVE
NO MATTER BLACK, WHITE OR BEIGE
CHOLA OR ORIENT MADE
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN TO BE BRAVE
REPEAT CHORUS
OUTRO/REFRAIN:
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I WAS BORN THIS WAY HEY!
I’M ON THE RIGHT TRACK BABY
I WAS BORN THIS WAY HEY!

La diferencia entre la fe y la ciencia

Llevo unas semanas muy Fangoria. Y eso que los había llegado a detestar después de los espantosos 2 últimos álbums. Pero los Reyes me trajeron el recopilatorio (con un packaging espectacular, por cierto: must have absoluto), lo pasé al iPod, me puse todos sus discos en Spotify… y chico, parecía que todas las canciones hablaban de mí. Nuevamente fan.

Este mes, mis viajes en metro y autobús no habrían sido lo mismo sin Fangoria en el iPod. A veces le presto tanta atención a las letras (aunque ya me sepa las canciones de memoria) que soy incapaz de concentrarme en el libro que voy leyendo. Y qué bien se suben las escaleras con los subidones de «Hombres» o «No sé qué me das». Para confirmar que mi Enero pertenece a Fangoria, cuando estuve hace un par de semanas en Elche, el DJ Raúl Electroesperma entre temazo y temazo (y es que además de guapo, tiene buen gusto) pinchó 3 canciones suyas a falta de una. Digo 3 pero puede que fueran 4. Y las canté como loco, claro.

Así que ahí va un humilde top, seleccionando 14 de mis canciones favoritas del grupo (hay más, pero en algún momento tenía que parar, ¿no?). ¿El criterio? Escaso. Para empezar, mezclo 12 canciones de Fangoria con 2 de las nuevas versiones que han hecho de la etapa Dinarama/Pegamoides. La mayoría son singles, otras son menos conocidas pero me apasionan igual; y excepto las 4 primeras, el orden de las demás podría cambiarlo por completo según sople el viento.

14. Absolutamente
¿Os podéis creer que tuvo que llegar Sara Montiel para que le hiciera caso a esta canción? Me sigue sobrando ese polítono choni de fondo. Qué cosa más épica habría sido esto si hubieran cuidado más la producción, como antaño. Pero soy fan de estas letras de dignidad absoluta…
Científicamente yo tengo la prueba que demostrará despiadadamente que todo da igual.

13. No será
La descubrí hará un par de semanas al escuchar «Una temporada en el infierno» en Spotify y me impactó. El flechazo fue instantáneo. Y no será porque ya no soy feliz…
En otoño siempre me pongo mal y en invierno igual porque se acaba el año.

12. La verdad
De la BSO de «Mentiras y gordas». Algo bueno tenía que tener la película, aparte de disfrutar de los cuerpazos del plantel protagonista (ni en las orgías de Corbin Fisher hay tanto buenorro reunido). Una canción minimalista sobre las múltiples versiones que tiene cualquier historia.
Y no me importa nada distorsionar la verdad y que me acusen de vender y comprar…

11. Un hombre de verdad
La original no la conocía, así que la alegría ha sido doble. Y parece que Carlos Jean está intentando imitar a RedOne. Si le salen producciones así de geniales, por mí que siga intentándolo. Es difícil encontrar un hombre de verdad, pero con esto de banda sonora, al menos el mal trago es más divertido.
He puesto anuncios en la prensa: no pudo ser, no resultó, nadie llamó.

10. Electricistas
Durante toda la canción te preguntas «¿Por qué se llama ‘Electricistas’ en vez de ‘Ven, sube a mi nube’?». Y entonces te golpea ese puente. Ay, si el Dr. Frankenstein pudiera arreglar los problemas de amor…
Es un problema eléctrico que sólo afecta al corazón, comienzo la investigación.

 9. Entre mil dudas
Tiene algo que atrapa. Serán esas percusiones insistentes, esa letra de quitarse el sombrero, esos «me arrancaría el alma» del puente… Será todo.
Perdido el norte me encontré entre la angustia y el placer.

8. Ni contigo ni sin ti
La producción está más cercana a Camela de lo que debería permitirles el decoro, pero ni aún así estropean un temazo de letra demoledora.
Si querer es poder y yo quiero aprender a vivir ni contigo ni sin ti.

7. Eternamente inocente
Todo es perfecto, hasta que deja de serlo. A la canción le pesa esa producción noventera y esos coros horteras del final, pero aún así, siempre diré que es perfecta. Perfecta y preciosa. Sí.
Éramos tan perfectos tú y yo, que apostábamos y jugábamos a parecer como el resto.

6. La pequeña edad de hielo
Esta canción la descubrí en el recopilatorio. La verdad es que en su día no le hice mucho caso a «Absolutamente», me daba (y me sigue dando) una pereza enorme. El estribillo en plan copla chirría, pero por lo demás tenemos un tema elegante, con Alaska cantando de forma muy peculiar. Y mucha metáfora metereológica.
Después de tanto desdén, habrá que reconocer que el sol no va a calentar la indiferencia total, la nieve en el corazón.

5. ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?
La original estaba muy bien, pero a esta acertadísima nueva versión le han incrementado el dramatismo. Apoteósica. Necesito un extended mix. Y aprender a conducir.
No!!! me arrepiento, volvería a hacerlo, son los celos.

4. Hombres
Y es que haberlos, haylos. Puede que esta extraña e hipnótica canción tenga tres de las mejores frases de la historia de la música en español. El 2:33 es lo más.
Hay quien apuesta fuerte y decide quererte sabiendo lo fácil que resulta perderte.
Hay quien no tiene suerte y prefiere engañarte sabiendo lo fácil que resulta ganarte.
Esto no lo tengo, esto no lo hay, esto no lo quiero y es lo que me das.

3. La diferencia entre la fe y la ciencia
Mi 2ª favorita del «Arquitectura Efímera», quizá por esa innegable inspiración en el «Nightlife» de Pet Shop Boys. Lástima que esa outro no dure aún más… ¿Por qué no fue single? Ellos verán.
Sé que se reirán las hienas, pero soy feliz.

2. No sé qué me das
Temazo donde los haya. El amor es una droga. Literalmente.
Como el viento cuando cruza la ciudad, con el rumbo fijo y sin mirar atrás.

1. Retorciendo palabras
La mejor. Fangoria + Carlos Jean en su cúspide creativa. Producción perfecta, letra perfecta, voz perfecta. Por más que retuerza, no tengo palabras para decir lo identificado que me siento con la letra…
En fin, de qué sirve un futuro ideal, construido en terreno ilegal.
 

Y que conste que sigo detestándolos. Por haberse convertido en la Nancy Zanahoria y la Nancy Calva, por ejemplo.