There where the air is free, we’ll be what we want to be

Hubiera dado el mundo por haber tenido valor para decir la verdad, para vivir la verdad. (Oscar Wilde)

Llevo días retrasando una entrada con mi reseña del libro «El arte de no decir la verdad». La tenía reservada para hoy, en plan crítica cáustica a ciertos aspectos del a menudo superficial mundo gay. Pero no me parecía justo. Así que prefiero homenajear a todas las personas que han luchado, trabajado o simplemente aportado su granito de arena para que hoy, en efecto, podamos disfrutar de todos los derechos que tenemos, gozar de un legado cultural envidiable y caminar con la cabeza bien alta. De ellos, y de muchos otros, sí estoy orgulloso. Estos son algunos de mis ídolos paganos. Como se suele decir en estos casos, no están todos los que son, pero sí son todos lo que están.

Hubo otros tiempos donde el amor entre dos hombres era aceptado con más o menos normalidad, incluso (o sobre todo) entre los más poderosos. Tenemos, por ejemplo, al Emperador Adriano: humanista, pacifista (prefería consolidar fronteras que expandirlas), apasionado y divulgador de la cultura helenística, promotor de la cultura en general, precursor de la multiculturalidad, viajero incansable… Su gran amor fue el efebo Antinoo; tras su muerte, lo deificó y fundó en Egipto una ciudad en su honor: Antinópolis. Eran otros tiempos, desde luego; entonces se comprendía que el amor tiene otros nombres (si bien no para las mujeres, que todavía no tenían derecho al placer). Tampoco me olvido de Alejandro y Hefestión, de Aquiles y Patroclo, de los filósofos griegos, de otros emperadores… Precursores nuestros, todos ellos.

Cabe dar gracias también a todos los artistas que a lo largo de la historia han representado sin pudor la belleza del cuerpo masculino. Deleitándonos la vista, estoy convencido de que también han contribuído a que haya más visibilidad, menos puritanismo. Miguel Ángel, Leonardo, los escultores de la Grecia y la Roma clásicas, y tantos otros. Me parece absolutamente transgresor que en su época, Miguel Ángel erigiera una estatua como el David, que más allá de su inspiración bíblica, es un canto al ideal de belleza masculina.

En tiempos donde parece que los militares gays sólo existen en las películas porno y aún colean los efectos de la campaña «Don’t ask, don’t tell», es gracioso recordar que hubo tiempos en los que las castas guerreras no sólo aceptaban sino que incluso incentivaban el amor homosexual entre sus guerreros. Se entendía que estas relaciones entre dos soldados incrementaban la fidelidad, el entusiasmo y el coraje de las tropas, y por ello existían rigídas normas de conducta. Ocurrió así en sitios tan dispares como la Grecia clásica o el Japón de los samuráis.

Desafiar las leyes y la hipocresía de su época le acabó costando la salud al pionero Oscar Wilde, que murió a consecuencia de las inclemencias por las que pasó en la cárcel. Mientras les hizo reír exponiéndoles sus miserias, la alta sociedad le permitió ser excéntrico, tener sus caprichos e incluso pasearse del brazo con su amante Bosie. Pero cuando se atrevió a denunciar a uno de «los suyos», la sociedad bienpensante se vengó con furia. Resulta muy inspirador leer sus discursos durante los juicios, pero sobre todo nunca me cansaré de recomendar toda su obra: ya sean sus bellos relatos, sus cínicas obras de teatro, sus poemas o su única novela, la eterna El Retrato de Dorian Gray, eterna porque además de estar muy bien escrita, su temática sigue teniendo vigencia máxima.

Más suerte tuvo Terenci Moix, que ni siquiera durante el franquismo escondió su homosexualidad: ni en las entrevistas ni, desde luego, en su obra. Se estrenó con La torre de los vicios capitales (si bien algunos relatos no superaron la censura), siguió con un título tan marica como El día que murió Marilyn, pronto llegó Mundo Macho… Lo suyo nunca fue la militancia, sino la normalidad. Escribía sobre lo que sentía, lo que amaba, lo que deseaba, lo que pensaba. Y quizá por eso siempre gozó del apoyo y el cariño del público, de la crítica y de todos los sectores, incluso de la derecha. Por encima de todo lo demás, en la prosa de Terenci aprecias su sinceridad absoluta. Sinceridad a menudo desgarradora, como en No digas que fue un sueño y su secuela El sueño de Alejandría, pero también en obras presuntamente petardas como Garras de astracán. Recomiendo especialmente sus tres volúmenes de memorias, claves para entender un personaje tan especial. Gracias por todo lo que me has aportado y enseñado, Terenci. No es casualidad que mi nick en internet sea Lleonard Pler, en honor del protagonista de uno de tus mejores libros, El sexo de los ángeles.

Freddie Mercury era muy tímido pero lo compensaba con sus dotes de estrella sobre el escenario. A pesar de la discreción con la que siempre llevó su vida privada, es indubable que su muerte contribuyó a sensibilizar al mundo sobre la tragedia del SIDA. Pero prefiero quedarme con sus gestos teatrales y su excentricidad, con su voz potente: cantando, actuando, Freddie Mercury te invitaba a ser tú mismo. Bien conocido es todo el repertorio de Queen, pero hoy también quiero destacar la calidad de su carrera en solitario: sólo nos dejó dos discos y varios singles dispersos, pero todos ellos son más que recomendables. Podéis empezar a conocerlo con el reciente recopilatorio Lover of Life, Singer of Songs (precioso título, por cierto: qué bonito que te recuerden así).

Tampoco quiero olvidarme de David Bowie, que sin ser gay, sí ha abierto mentes coqueteando con la bisexualidad y la androginia. Lo suyo siempre ha sido la transformación constante: en looks, en sonidos, pero siempre imponiendo su personalidad apabullante. Con sus personajes, su estética revolucionaria y sus temas, él también ha sido una pieza clave de la transgresión de ser uno mismo. Un auténtico Rebel, Rebel, sin duda. Sin él no existirían Madonna, Marilyn Manson, Lady Gaga ni muchos otros.

Y no puedo dejar de hablar de Pet Shop Boys. Mucho antes de que, a principios de los noventa, el cantante Neil Tennant saliera del armario, ya nos habían dejado numerosos vídeos e himnos donde la homosexualidad estaba presente de forma más o menos obvia: Opportunities, West End girls, It’s a sin, Domino dancing, Being boring, Was it worth it?, Go West… Sus letras siempre se han destacado por la normalidad. Si te gustan los hombres, ¿por qué deberías cantar sobre otra cosa? Lo de cantarles a chicas inexistentes se lo dejan a otros. Por tanto, su arte es así no para vender más sino por coherencia con ellos mismos. La hipocresía de la gente hizo que a partir de la salida del armario se les criticase por lo mismo que ya llevaban años haciendo y que en cierto modo se los marginase por ello, pero Pet Shop Boys no han cambiado. Pocas formaciones pueden presumir de 25 años de buena música, buenos vídeos y buenos conciertos, todo presentado con el envoltorio del buen gusto. Imprescindibles.

Y por supuesto, no quiero despedirme sin dar las gracias a todos los hombres y mujeres que han luchado -y siguen luchando- en épocas y lugares donde ser uno mismo podía o puede implicar la muerte. Es gracias a ellos que hoy en día tenemos los derechos que merecíamos, es gracias a su lucha que podemos caminar orgullosamente y sin miedo, ir de la mano en público, incluso casarnos. Somos afortunados porque gracias a ellos hoy, aquí, ser gay y ser persona ya no es un sueño.

Dido – Safe Trip Home

Empiezo a pensar quizá no hay cosas que no nos gusten, sino momentos más o menos propicios. De Dido nunca me había dado por escuchar un disco entero suyo. Me gustaban canciones sueltas (los singles y sus temas más electrónicos) y llevo tiempo muy viciado a Everything To Lose, un señor temazo que sigue pareciéndome lo mejor con diferencia de esta mujer. Pero nada más allá de eso. Hasta hace unos días. Estaba yo leyendo en la cama tranquilamente, la primera noche de verano, estrenaba sábanas y brisa, acababa de encender mi nuevo incienso japonés, y entonces me vino la inspiración: «vamos a ponernos Safe Trip Home«. Y eso hice.

Me enamoré del disco. O quizá sería más preciso decir que conecté con él. Últimamente, este tipo de conexiones instantáneas sólo me suelen ocurrir con temas más alegres y optimistas. Dido no es precisamente la alegría de la huerta, pero me sentí muy identificado con la serenidad y madurez que desprenden todas las canciones de Safe Trip Home. Ya sea en los temas que hablan de autosuficiencia (Don’t Believe In Love, Look No Further…), en los que tratan de despedidas (The Day Before The Day, Grafton Street…) o en todos los demás: incertidumbre, esperanza, reencuentros, soledades, cambios de humor.

Aquí no hay dramas, no hay letras desgarradas ni sentimientos absolutos. Dido lidia con la soltería forzada y la muerte de su padre, pero lo hace con un temple, una sabiduría envidiables. Las letras son cercanas, destilan un «es lo que hay» muy sereno; no cuesta empatizar con ellas porque todos nos hemos sentido así en algún momento. La portada no engaña: un astronauta que vuelve a casa sano y salvo tras un largo viaje por el espacio. Tampoco engañan las producciones: Dido ya es de por sí intimista, y aquí repite la fórmula, sin ninguno de los momentos electrónicos inesperados de discos anteriores (eso parece que lo deja para el próximo disco, que seguirá los pasos de la bailable Everything To Lose).

En definitiva: un disco tranquilo, para acompañarte durante esas noches en las que, sin perder la sonrisa, necesitas relajarte. Relajarte y hacer balance, reconciliarte contigo mismo, perdonar, «dejar ir y avanzar» (let it go, move on). Darte cuenta de todo lo que has recorrido, pero también sentirte muy tranquilo porque aunque todavía quede mucho camino por delante, ahora tienes un mapa y un destino. Llegarás a casa.

I can’t stop and catch my breath
And look no further for happiness
And I will not turn again
‘Cause my heart has found its home

One should never forget that there are wonders we haven’t seen yet

Hoy tenía otra entrada planeada, pero la dejo para mañana porque el día de hoy ya tiene nombre y apellidos: la nueva versión de M.A.G.I.C. de The Sound of Arrows. Esta animada canción la adoraba desde hace años, cuando la comentaron por primera vez en PopJustice. Desde entonces, he seguido el grupo con interés y algo de impaciencia: nunca se deciden a sacar un disco completo. Parece que este año será el elegido para que publiquen, por fin, su debut. Por ahora, presentan nuevo vídeo y nueva versión de M.A.G.I.C.

Se nota que es verano y en verano no existen las canciones tristes. Estos meses sólo existen canciones que huelen a sol y a vida, a renovación. Y me gusta que sea así, me gusta especialmente este verano. Y me gustaría que siguiera siendo así el resto del año. Por eso, os animo a todos a cantar siempre, a abrir los ojos y aceptar todos los caminos, redescrubir quiénes sóis, explorar -o seguir explorando- todas las posibilidades. Abrazar la magia. Saltar al vacío.

Ayer tuve el sueño más largo, soñé que el mundo era una infinidad de posibilidades. Me quedé pensativo: uno jamás debería olvidar que hay maravillas que todavía no hemos visto.

Aprovecha una oportunidad, persigue un sueño. Sé tú mismo, no hagas planes ni estratagemas porque lo que hagamos, no importará demasiado: enigmas y dudas, misterios y demás.

Calcular y analizar, mi cabeza da vueltas por culpa de todas esas mentiras. Vivía engañado, un caos lógico en un tiempo de hechos, cifras y aflicción.


El mundo está lleno de magia.

Yesterday, I had the longest ever dream,
that the world was endless with possibilities.
It had me thinking, one should never forget
that there are wonders, we haven’t seen yet.
Seize a chance, follow a dream.
Be yourself, don’t plan and scheme.
For what we do, won’t matter that much.
Puzzles and wonders. Mysteries and such.
So calculate and analyse.
My head is spinning from all of those lies.
It had me fooled, a logical mess.
In a time of facts, figures and distress.
The W.O.R.L.D. is full of M.A.G.I.C.

Florrie – Experiments

Experimentos. Sonoros, personales y sobre todo profesionales. Florrie es fascinante por su autosuficiencia, aspecto que se refleja en sus letras, fotos y vídeos, pero también en la forma de afrontar su carrera. A pesar de haber recibido numerosas ofertas de discográficas, por ahora la chica prefiere mantenerse independiente y administrar ella misma su carrera, sus conciertos, sus lanzamientos, su tienda oficial… Todo lo lleva ella. El dinero que pierde en los conciertos lo compensa consiguiendo acuerdos como el de Dolce & Gabbana.

Después de generar expectación a finales de 2010 con el EP «Introduction» y el single Call 911, ahora Florrie vuelve a la carga con un nuevo EP, «Experiments». Contiene 6 temas tan excelentes como variados, siempre enmarcados dentro del pop electrónico. Empezamos fuerte con Speed Of Light, canción que hace justicia a su título: trepidante y llena de efectos. Es de esas canciones que son buenas pero además ganan con cada escucha: ya te gustaba pero de repente un día descubres que no puedes parar de escucharla.

Pronto llega la joya de la corona: Experimenting With Rugs es melancólica y bailable a partes iguales, de ese tipo de baladas uptempo que tan bien se les dan a artistas como Pet Shop Boys. No hay un estribillo claro porque todas las estrofas son igual de eficaces y pegadizas. El final del amor cantado como una nueva oportunidad de abrir los ojos y ser feliz. Y cuando irrumpe esa guitarra tan New Order, sabes que Florrie ha alcanzado la perfección electropop. La elegancia se mantiene en What You Doing This For?, el tema más relajado del disco.

Recuperamos el ritmo con I Took A Little Something y sus guitarras etéreas. Suena a Xenomania, y eso es bueno. Begging Me debe ser difícil de cantar en directo: el estribillo no da tregua, porque no se puede dar tregua a quien te hace daño. Soy fan incondicional de los últimos versos: «I won’t lose the battle, not in love, not in war, ‘cause I got something to fight for». La autosuficiencia que os comentaba antes. Finalmente, She Always Gets What She Wants suena fiestera, con esas trompetas y percusiones. Su letra, como no podría ser de otra manera con un título así, es otra declaración de intenciones.

En definitiva: estamos ante un pack con 6 temas muy sólidos, bien producidos y mejor cantados. Por ahora, este «Experiments» es lo más interesante que nos ha traído la música de 2011. Sorprende una obra tan madura en una artista recién llegada: no suena a segundo EP sino a cuarto álbum, el álbum de la madurez.

Si algunas cantantes aprovechan el dolor para crear arte (Robyn o Adele) y otras para construirse una imagen de diva que al final siempre acabará arrastrándose otra vez por los hombres (pienso sobre todo en Lady Gaga, pero también en Madonna), Florrie aprovecha la experiencia para aprender. Para experimentar. Para mantenerse al margen haciendo (y compartiendo) lo que le gusta. Ella misma se basta y se sobra. Y lo hace con un estilo y una clase únicos. Dadle una oportunidad.


«Experiments» ya está a la venta por 1,99€ en iTunes o si lo preferís en formato CD, lo encontraréis por sólo 4,50€  en su tienda oficial (y no, no me he equivocado con los precios). En su web podréis escuchar gratis todas las canciones, y también en Spotify.

Andrea Corr – Lifelines

Lifelines. Las líneas de la palma de la mano, pero también las cuerdas salvavidas. «Lifelines» es un título evocador, intencionadamente ambiguo para esta colección de versiones de 11 canciones que -en palabras de la propia Andrea Corr- no sólo la marcaron, también la salvaron. «Lifelines» nos muestra un recorrido vital, el de una vida a veces a la deriva, pero siempre manteniendo la esperanza de encontrar un poco de luz, de llegar a un futuro con más -y mejor- vida. Todo el álbum es un homenaje a la música, la música entendida como biografía y como refugio.
En «Lifelines», estamos en las antípodas de esos discos donde artistas en horas bajas se ponen a versionar clásicos ya mil veces versionados. Aquí Andrea Corr no está intentando reflotar su carrera. Gracias a la tranquilidad que debe de dar el estar casada con un multimillonario, la vocalista de The Corrs se ha permitido el capricho de grabar y traer a su terreno sus canciones-talismán, canciones más o menos conocidas, pero en ningún caso obvias. Velvet Underground, John Lennon, Vangelis, Roy Orbison, Nick Drake, The Blue Nile…  La selección da prioridad a lo que ha significado cada canción en la vida de Andrea.
Si en «Ten Feet High» se la notaba incómoda, esforzándose sin éxito por sonar moderna, pícara o incluso trascendente -el primer single pretendía ser un himno antibélico-, en «Lifelines» a Andrea Corr se la nota simplemente sonriente, cantando en bata y zapatillas, con el pelo recogido, una taza de la café en la mano y muchas ganas de pasarlo bien. Y es así cómo conectamos con el disco, sentimos incluso un poco de envidia porque a todos nos gustaría poder ponerle voz a todas esas canciones que van llegando a nuestra vida en el momento oportuno: describen exactamente cómo nos sentimos, el punto exacto en el que nos encontramos, son unas canciones que parecen escritas por y para nosotros, no podemos dejar de escucharlas una y otra vez.
Andrea canta con un sentimiento inusual, utiliza su fragilidad invulnerable para teñir las canciones de un optimismo que, en la mayoría de casos, originalmente no tenían. Esto se nota sobre todo en el corazón del disco, el tándem formado por «State Of Independence», «No 9 Dream» y «Tinseltown In The Rain»; con estos 3 medios tiempos, el álbum parece coger fuerzas. Suenan a sonrisas bajo la lluvia, a ese instante preciso en que el sol resurge tras las nubes.

El resto del álbum es más melancólico, a menudo habla de mantenerse a la expectativa («Pale Blue Eyes»«I’ll Be Seeing You», «Blue Bayou»«Tomorrow In Her Eyes») y nunca se deja arrastrar por la tristeza, ni siquiera en los temas más oscuros, como «Some Things Last A Long Time» o «Lifeline». Ésta última contiene, de hecho, el momento más divertido de todo el álbum. A media canción, Andrea imita el sonido que haría alguien ahogándose en un cómic: «blurb-blurb-blurb», pero notas que Andrea está aguantándose la risa, está disfrutando como una niña. Nos recuerda así que nunca te ahogas, aunque lo parezca.

Los productores John Reynolds y Brian Eno consiguen que este conjunto de 11 temas suene muy coherente a pesar de sus orígenes dispares. Por eso, el disco funciona tan bien como conjunto, algo rarísimo hoy en día, que los discos parecen hechos para que cada cual se haga una playlist con sus 5 o 6 favoritas. Hay algún que otro guiño al pop-folk de The Corrs, son momentos muy puntuales que tampoco desentonan. Al fin y al cabo, Andrea Corr está trayendo las canciones a su terreno, no se limita a copiar los originales.
Cuando meses atrás supe que la chica iba a lanzar un disco de covers levanté la ceja, escéptico. Y al final me encuentro con un disco perfecto, sin pretensiones, muy agradable, de esos que ganan con cada escucha y que te apetece que te hagan compañía trabajando, leyendo, cocinando, paseando. ¿Qué haríamos sin música en un mundo en el que todos, alguna vez, somos náufragos?