Bernhoft – Solidarity Breaks

«It’s a cheap independence
if you drift like a snow flake»

El noruego Bernhoft ha construido una máquina del tiempo. Pero todavía no sé si te transporta al pasado o al futuro. Solidarity Breaks viene de una época en la que pueden sonar a la vez loops de voz y palmadas y armónicas y beatboxing y guitarras procesadas, y no sólo quedan bien, es que después cuesta creer que puedan existir otra forma de hacer canciones.

Mezclas en una coctelera la voz de Sam Sparro, el encanto de Jason Mraz, el funky de Jamiroquai, los falsetes despreocupados de Mika, todo el legado de buen pop escandinavo. Y la bebida resultante es Bernhoft. Fresca, extraña, de colores pastel con un punto picante, adictiva. El disco impresiona, pero ya cuando descubres que todos los instrumentos los toca él mismo… alucinas. La independencia pura del multinstrumentista.

No podría haber presentación mejor que Sing Hello y su enérgica reinvención del soul. De buenas a primeras, nada más abrirte la puerta, Bernhoft te lanza todos sus trucos a la cara, lleva una colonia poderosa y te ordena «sing your soul out, sing it loud». Tú sólo puedes obedecer, claro: cantas con ganas y los pies se te van, siguiendo ese ritmo irresistible. Choices es un poco más suave, música de preliminares: voz suave y ritmo contundente pero no invasivo, ideal para los primeros avances después de la cena.

La ropa fuera porque Stay With Me ya va al grano, Marvin Gaye en vena, tu cuerpo se desliza por las sábanas de seda. Good Intentions debería poner la banda sonora a todos los anuncios del mundo y el mundo sería un lugar mejor y más luminoso. El polvazo llega a su clímax con Cmon Talk, que es increíble, con una intro hipnótica que crece y crece y sigue creciendo: bravo.

La segunda mitad del disco es mucho más experimental, Bernhoft llevando al límite las posibilidades de su técnica. «Mira lo que puedo hacer», te suelta con su sonrisa triunfal. Te conquista en Control y Prophet, sólo da una pequeña tregua en Space In My Heart, la balada que cantaría un extraterrestre nada más bajar de su nave (si los extraterrestres supieran cantar, claro).

Y supongo que el cierre del disco conviene porque después de Buzz Aldrin sólo te apetece volver a empezar, entrar en la máquina del tiempo para llamar de nuevo a la puerta de Bernhoft, otra vez su bienvenida y esa colonia poderosa y la cena. «Sing your soul out, sing it loud».

I get that feeling when we’re apart

Empire of the Sun tienen una canción, Without You, que en su versión original es una deprimente descripción de la ausencia. Pero luego la remezclaron al sacar el single, con vídeo y todo, y el estribillo se volvió tan eufórico que habría jurado que ya no cantaban «I can’t be without you» sino justo lo opuesto, «I can be without you». Una oda a la liberación. Yo la escuchaba así, al menos. Y Barcelona parecía más trepidante, los semáforos cambiaban rápido a verde y las bicicletas volaban entre los árboles.

Resulta que no, que la letra seguía siendo la misma. Lo que cambiaba era el sentimiento. El mío o el de la canción, no lo tengo claro todavía. Hay canciones que transmiten lo contrario de su significado literal. Tienen subidones y explosiones donde deberían regodearse en la oscuridad, te hacen bailar, y bailas. No sé si es algo intencionado por parte de quienes la componen, o si en cambio es un proceso que hacemos nosotros en la mente. Transformamos el arte para que nos sirva.

Es algo que me pasa a menudo, no me baso tanto en las letras de las canciones como en lo que me transmiten. La energía positiva que me embarga escuchando A Good Thing de Saint Etienne es insustituible, aunque la canción no hable de ganancias precisamente. Y la de veces que habré levitado con Everything To Lose de Dido, canción que para mí trata de levar anclas, soltar lastre, empezar a ser tú mismo, ya te encontrarás con la muerte cuando aterrices. Los remixes parecen darme la razón, potenciando esos coros místicos. Quizá es que la verdadera libertad es ésa: vivir más porque eres por fin consciente de que podrías perderlo todo.

También puede ocurrir al revés: una letra luminosa con unos arreglos que parecen contradecirla. El sábado ponía el ejemplo de la versión de New York, New York que canta Carey Mulligan en la película Shame. Son curiosas esta falta de sincronía entre letra y sentimiento que se desprende.

Tengo una amiga que opina que el cerebro no procesa los «no». Pensando «no quiero estar enfermo» en verdad procesas «quiero estar enfermo», deberías pensar en estar sano. La letra de Without You queda preciosa siguiendo esta teoría.

Future, there is past
Slow, there is fast
Grace with which to admire
Face, there is desire

Symmetry or peace
Sirens or police
Cameras and phones
Photographs and tones

Ya me perdonarán mis adorados Empire of the Sun, pero yo seguiré cantando «can».

(He creado, por cierto, una lista colaborativa en Spotify donde podéis ir añadiendo todas esas canciones que a vosotros os transmitan una cosa totalmente distinta a lo que dice la letra. A ver qué sale. ¡Gracias!)

Emeli Sandé – Our Version Of Events

It’s ‘bout time we got some airplay of our version of events.

Se ha hecho esperar pero ya está aquí. Después de lanzar tres singles propios, otras tantas colaboraciones y ganar diversos premios (entre ellos el Brit Awards de los críticos, del que le harán entrega este mismo sábado), Emeli Sandé lanza su esperado debut. La expectación era alta y pienso que jugará en su contra, porque al final el disco es mucho más conservador de lo que prometían los singles o el propio look de ella.

Heaven, su single más conocido, la despacha rápido. Al parecer, salió en muchas listas de las mejores canciones de 2011. Yo la descubrí este enero. No importa: es grandiosa en cualquier año que la escuches. Parece salida de una discoteca de los 90 gracias unas bases trip-hop impecables, hipnóticas, y esos coros del estribillo te animan aunque no quieras. Cuando la canción termina, piensas: ¿cómo grabar algo a la altura? Pues, por ejemplo, no intentando vivir a la sombra de tu single de éxito.

El resto de canciones de Our Version Of Events no tienen nada que ver con Heaven. Es un repertorio sorprendentemente clásico. Baladones muy tremendos, en la línea de lo que triunfaba en los dormitorios de los 90: Whitney Houston, Céline Dion, Mariah Carey. Es un poco como la secuela del primer disco de Leona Lewis (y esta comparación es inevitable en Mountains, tema que de hecho iba a ser para Leona). Mucho piano, mucha letra sobre el amor y el desamor, mucho estribillo desgarrado cantado con una voz siempre eficaz y unas percusiones modernas como único recordatorio de que el disco se ha lanzado en 2012.

Muy inteligentemente, para no eclipsar el repertorio, los otros dos singles, la pegadiza Daddy y la luminosa Next To Me, que puede hablar sobre lo que acompaña un buen amor o un buen disco, los han desperdigado a lo largo de un tracklist que quizá peca de ser demasiado largo (14 canciones pueden hacerse muy cuesta arriba si encima todas son lentas; yo habría preferido una selección más exigente).

De entre los temas nuevos, sobresale My Kind Of Love, monumental, o la declaración de intenciones de Read All About It (Part III). La mejor letra de todo el disco. Habla de la valentía: encontrar tu propia voz y no tener miedo de utilizarla, digan lo que digan. Y es precisamente eso, la voz de Emeli Sandé, lo que brilla en los temas más contenidos, como River y su piano, Suitcase, que casi roza el country, o Break The Law, impresionante porque Emeli la canta casi acapella, jurarías que la tienes a ella susurrándotela al oído.

Ya se sabe: las cosas no salen siempre como esperabas. Eso no quiere decir que no sea para bien. Un fracaso amoroso puede llevarte a componer un gran disco que te llevará al estrellato y a millones de personas les dará consuelo. Que se lo digan a Adele. El disco de Emeli Sandé no es un golpe sobre la mesa, pero sin duda es un buen disco, una colección de canciones que te van calando escucha a escucha. Como una de esas novelas que no son trepidantes, pero que tan a gusto se leen en la cama y te cautivan página tras página con una prosa elegante. El calor de la manta, la esponjosidad de la almohada y la compañía de una gran voz. A veces no necesitas nada más.

You’ve got the words to change a nation but you’re biting your tongue
You’ve spent a life time stuck in silence, afraid you’ll say something wrong
If no one ever hears it, how we gonna learn your song?
So come on, come on, come on, come on

You’ve got a heart as loud as lightening, so why let your voice be tamed?
Baby we’re a little different, there’s no need to be ashamed
You’ve got the light to fight the shadows so stop hiding it away
Come on, come on

I wanna sing, I wanna shout
I wanna scream till the words dry out
So put it in all of the papers, I’m not afraid
They can read all about it

The Black Keys – El Camino

El Camino tiene el sabor del desierto. Una carretera atravesando canciones de arena. Montañas rocosas al fondo, el viento como único signo palpable de vida. La intuición de que estás rodeado de algo eterno. Sólo diré que escuchando este disco me han entrado ganas de sacarme el carnet de conducir para irme directo a recorrer en coche la Ruta 66. Eso es El Camino. Ni más ni menos.

The Black Keys pisan a fondo el acelerador con la eufórica Lonely Boy, también conocida como El Single, canción para bajar la capota y gritarla manos al aire con el viento despeinándote: Ooh, oh-oh! Seguimos con Dead And Gone, tan cercana al glam y rematamos una apertura triunfal con Gold On The Ceiling. Aquí se nota más que nunca que el productor es Danger Mouse, esta canción habría encajado perfectamente en Demon Days de Gorillaz, aún hoy su mejor disco.

El inicio de Little Black Submarines es uno de los pocos momentos intimistas del disco. Parada técnica. El desierto es exigente, hay que reponer fuerzas antes de recuperar el ritmo y soltar la artillería pesada: Run Right Back es irresistible, con sus puntilleos de guitarra y sus percusiones animándote a seguir adelante (a pesar del título) por esa carretera que parece no llevar a ninguna parte. Es la sensación que produce la última mitad del disco, con esa efectiva mezcla de rock, soul y r’n’b.

Igual que el desierto tienes que atravesarlo entero, no hay otra forma, El Camino me parece un disco para disfrutarlo de principio a fin, más que para quedarse con las 3 o 4 canciones que te gusten. Antes de que te des cuenta, habrás llegado al final y querrás volverlo a poner. Es una experiencia y hay que vivirla. Es la banda sonora del mejor viaje de tu vida.

Ooh, oh-oh! I got a love that keeps me waiting 
Ooh, oh-oh! I got a love that keeps me waiting 
I’m a lonely boy 
I’m a lonely boy 
Ooh, oh-oh I got a love that keeps me waiting

Montoto – De regreso a mi planeta

El impacto que te produce revisitar un disco. Ese que te gustaba tanto hace años. Un día lo vuelves a escuchar y parece grabado para tu yo actual. Es como si ya entonces, cuando lo escuchabas al principio, intuyeras en quien te acabarías convirtiendo. Y quien dice un disco, dice también una película o un libro. Por una asociación de ideas, el otro día me acordé del debut de este chico. Sólo recordaba el título de su single El movimiento, pero claro; ponte a buscar eso. Algo habré aprendido de Sherlock Holmes, porque finalmente di con el disco. Y pude redisfrutarlo en Spotify. Cuando le di al play, me sentí como en casa.

De regreso a mi planeta. No hay mejor título para un disco que habla justamente de superar todos los obstáculos, superar todas las crisis, reencontrarte y encontrar nuevamente tu lugar. Ahí te quedas. Me gusta que la portada sea naranja porque es mi color favorito. Mi planeta sería naranja, eso lo tengo muy claro. Naranja debe ser también ese optimismo que recorre los doce cortes del disco, un sentimiento de que todo saldrá bien mientras cruzas el espacio negro. El disco es un viaje.

Las canciones siguen sonando frescas gracias a una mezcla acertadísima: las composiciones guitarra en mano de Diego Montoto (un cantautor cantando sobre relaciones que terminan y corazones que se expanden) con la producción de Carlos Jean. Algo tenía este hombre hace 6-7 años, que nos regaló discazos como éste o los mejores de Fangoria. Los momentos electrónicos son sutiles, pero ahí están, haciendo que flote la letra de Mientras La Vida Te Sonría, obligándote a bailar en El Movimiento desde su intro funky hasta su outro épica, o transportándote al futuro en la mágica Cuál Es Tu Animal, que suena a una especie de híbrido de los discos Ray Of Light y Arquitectura Efímera.

No todo es etéreo en el disco, ojo. También está la autoafirmación cañera de Mi Forma De Hablar. Y Montoto demuestra que sabe sacar las uñas sin perder la compostura en No Me Toques. Al escuchar esta canción, no sé por qué, he pensado en los indignados y he recordado que este es un año de cambios. En realidad todos lo son. Aunque no nos demos cuenta, de todo aprendemos, siempre estamos avanzando hacia ese momento único que se llama ahora.

Y de eso va el disco, creo: de esa mirada retrospectiva y esperanzada a la vez. Es una sensación extraña, una como una cápsula del tiempo que viaja a la vez al pasado y al futuro. Regresas a tu planeta y vuelves a la casilla uno, eres principiante de nuevo. En ese sentido, me recuerda a la película Beginners. Para decirlo de una vez: Montoto lanzó en 2006 el disco que a mí, hoy, me gustaría ser capaz de grabar. Desde aquí le doy las gracias por enseñarme entonces lo que sólo ahora puedo saber.

Tú sabes muy bien
Cuál es tu ciudad
Has visto una luz
Te has dejado llevar

Ya empiezas a ver
Cuál es tu animal
Dale caza y verás
Tu piel descansar

Y sabrás lo que es vivir
Y podrás sobrevivir