Florrie – Late

«Happiness don’t mean a thing until you let it in.»

Florrie vuelve a la carga. Y va a por todas, consciente de que ella lo vale. Nuevo EP, el último de hecho, porque a pesar del éxito cosechado como artista autosuficiente, ya era hora de probar nuevos horizontes. Florrie ficha al fin con una discográfica y lanzará su álbum debut en 2013. Siempre viene bien un punto de ambición.

Y ambición es precisamente lo que rezuman estas cuatro canciones. Ha afianzado su estilo: letras hipnóticas, casi repetitivas, pocas frases que vienen y van para definir toda una historia. Confía en su voz hasta el punto de probar nuevos registros. Florrie ya no es sólo la chica monísima que canta, ahora también dispara y da en el blanco.

Se nota más que nunca la herencia de Xenomania. Las canciones de Late mutan, explotan, te arrollan, vuelven a sorprender… Tantas melodías darían para unos cuantos temas pero ella los concentra en apenas cuatro minutos de canción. Atento a la locura ochentera de Every Inch, por ejemplo. O a los mil puentes de I’m Gonna Get You Back.

Si en Experiments tanteaba varios terrenos, aquí Florrie suena simplemente triunfal. Puede permitírselo, te tiene conquistado. Por eso, antes de irse una noche más por la puerta, se gira y repite lo que está por venir: mucho y muy bueno. Ganaremos, te dice. Paciencia pues. Tus brazos bien abiertos, que toda espera tiene su recompensa.

I will only bring you happiness
Boy you’re always wanting more
But if only you’d let
Just a little bit of happiness
Into your eyes
Then we can compromise

(Puedes escuchar gratis todo el EP y comprarlo en Florrie.com)

Kings of Convenience (Sheer Simplicity)

Mi cama huele a incienso. De musgo o aqua, incienso japonés, suave, sin humo. Es el que utilizo cuando escribo o leo o sencillamente quiero relajarme. Y en momentos así, Kings of Convenience son la compañía perfecta. Su vocecilla flota como el humo invisible, sus guitarras me abrazan. Es de noche y estoy a salvo. No necesito más.

Empecé a escucharlos el año pasado. Buscaba un refugio y ellos me lo dieron. Luego se sumaron grupos como Noah & The Whale o Cocoon. Cantan caricias más que canciones. Y cómo me gustan las caricias. Con ellas, canción a canción, construyo refugios en mi cama. Es pequeñita pero de noche, y también algunas mañanas, cabemos los dos.

Me gustaron sus títulos, de ecos casi mitológicos: resistencias en tiempos de paz, declaraciones de dependencia, protestas en calles vacías, oro en el aire de verano. Evocan balanzas en eterno equilibrio, piezas que encajan. Te desprendes de lo que no funcionaba y abrazas lo que sí te hace crecer. Encuentras al fin tu centro.

Kings of Convenience actúan por partida triple en este Primavera Sound y, si tengo suerte, espero disfrutarlos, y además bien acompañado. Pero pase lo que pase, con prima o sin ella, hoy más que nunca, me apetecía compartir contigo estas 13 canciones. Deseo que te acaricien como a mí, que te acompañen mientras buscas tu centro o te sumerges en él si ya lo has encontrado. Todo irá bien.

Know-How (feat. Feist) (Radio Mix)
I’d Rather Dance With You (Radio Mix)
Rule My World
Peacetime Resistance
Misread
Boat Behind
Homesick
Me In You
Gold In The Air Of Summer
I Don’t Know What I Can Save You From (Röyksopp Remix)
Love Is No Big Truth
The Build Up (feat. Feist)
Winning A Battle, Losing The War

What is there to know?
All this is what it is
You and me alone
Sheer simplicity.

Pastora – Una Altra Galàxia

Historias que se quedan en el limbo para dejar espacio a que empiecen otras. Esta temporada de How I Met Your Mother, hubo una escena muy emocionante en la que el protagonista, Ted Mosby, por fin pasaba página a una vieja historia y, al salir a la calle, se vio inmerso en un mar de paraguas amarillos. Las posibilidades infinitas que aparecen cuando por fin echas a andar. Otras galaxias, en palabras de Pastora, porque de eso va este disco.

De imaginarte a ti mismo sin un después, fluir por fin, acariciar, cambiar la nostalgia por cosas que hacer y los malos hábitos por efervescencia, admitir que sí, entender que cada día es un regalo de Navidad, tener suficiente humor para no exigir lo perfecto sino lo que va llegando a tu vida, abrazarlo tal cual es, saber que con la compañía adecuada uno y uno pueden sumar mil. Incluso cantando en catalán, Pastora mantienen su habilidad para dar con las frases exactas.

Hay 6 temas nuevos, hay canciones rescatadas de otros discos pero revestidas para la ocasión (Planetes Marins y la siempre perfecta Dolços Somnis), hay versiones (Quan Es Faci Fosc de Sopa de Cabra, Wonferful Life de Black, adaptada al catalán con mucho acierto), pero sorprendentemente, el disco es muy homogéneo. En temática y en sonidos. No queda claro si la otra galaxia simboliza el cambio de idioma; de ser así, han llegado a buen puerto. Están más que cómodos: contentos.

En la festiva Quan La Mercè Està Contenta!, Mercè es Lola en una nueva verbena, ya no se esconde bajo un pseudónimo porque ya no busca follones. Ahora le basta con sonreír y dar palmas. El grueso del álbum recuerda en cambio a los Pastora de la La Vida Moderna, aquel pop electrónico de atmósferas intimistas que tan bien se les da. Carícies, por ejemplo, te hace volar como las caricias que usa por título. Mals Hàbits podría ser de Carlos Jean, con esa guitarrita a la que pronto acompañará un hipnótico bajo.

El pop-rock luminoso de Semblava Mentida (¿Natalie Imbruglia un día de sol?) convive con el dance cósmicamente sabio de Una Altra Galàxia; la psicodelia de Penso En Tu abre paso a las estanterías desnudas y las sábanas y las ganas de seguir de 1+1=1000. Y es que hay veces que dejas de necesitar calculadora en la cama. Una tarde alguien te hace sonreír y las cuentas salen solas.

He fet pastís de poma i l’he mossegat a estones
He volgut ficar-me dins la rentadora
He sortit al pati i he tornat a entrar
He mirat enrere i cap endavant
He demanat molt més, he dit no hi ha dret
He canviat nostàlgia per coses a fer
He cridat al bon temps i ha sortit de cop
Una mena d’energia que em convida a ser millor

Words and Music by Saint Etienne

«But in the end, the conversation always turned to music.»

La emoción de escuchar el primer disco que compré con mi dinero. Entonces los discos no eran tan caros. Los nervios durante esas silenciosas milésimas de segundo después de pulsar play. Aquel primer concierto de Madonna al que fui solo, y las personas que me hablaron allí, desconocidos con los que durante hora y media compartí el placer de la música. Todos los conciertos que llegaron después, siempre especiales. Las canciones que me hacen temblar, las canciones que me recuerdan al olor del agua caliente cuando de pequeño me zambullía cada domingo en la bañera, las canciones de cada amor y las de cada amigo, la banda sonora de una excursión escolar, esa canción que me daba ánimos de camino a mi primer trabajo basura.

«I used Top of the Pops as my world atlas.»

La música es tu museo de momentos especiales. Dicen que hay personas que pueden vivir sin música, pero tú no conoces a ninguna. Ni quieres: te gusta rodearte de gente con la que compartir música, que te descubran grupos nuevos y que reciclen los recuerdos de las canciones que ya conocías. Cada día tienes que escuchar música. Compartir una canción en Facebook, sacar humo a Spotify, llevar encima el mp3 siempre que sales de casa (puedes dejarte otras cosas, pero el mp3 nunca), bailar cuantas más noches mejor, ver vídeos en la tele o en YouTube, que te envíen canciones (el símbolo rojo de Spotify te hace sonreír).

Por eso, Saint Etienne han grabado este disco para ti. A ellos también les pasa, no conciben un día sin música, para ellos sería como no comer. Se enamoran bailando música disco en Last Days of Disco, se preparan para el concierto de su grupo favorito en Tonight, homenajean a los auriculares que tan buenos momentos les dan cuando andan por la calle en I’ve Got Your Music, dan las gracias a esas personas que tienen el don de recomendar la canción adecuada en Record Doctor, bailan al son del DJ en la canción homónima…

Los desenfrenos bailables se mezclan con los momentos introspectivos a oscuras en la cama, y a veces ocurre dentro de un mismo tema, porque la voz suave de Sarah Cracknell se presta a estos saltos. Y eso es el amor por la música: cruzar fronteras, mezclar géneros, la mente siempre abierta. Ir a conciertos de grupos que apenas conoces y poner una estrella a esa canción sorprendente que acaban de mandarte. Abrazar los discos de gente que ama a la música, quizá no sean discos perfectos, pero hablan de ti. La música como religión: «I didn’t go to church, I didn’t need to.» No, no había título más definitorio para este disco. Words and Music by Saint Etienne.

It would be there for me
When I was married
And when I had kids
I’d grow old
And music would still be so important 

Mejor si estás encima, mejor escuchar al pumpum

De pequeño, inventabas idiomas y tus muñecos protagonizaban películas invisibles. Luego creciste y acataste las reglas del mundo adulto. Aceptaste que sólo existen las palabras del diccionario de la Real Academia o las que puntúan en el Apalabrados. Que esos papeles con los que pagas se llaman dinero. Quizá un día, pronto, los críticos se reúnan sesudamente y acuerden insertar las páginas inéditas de El Principito recién encontradas; entonces, el libro oficial cambiará, el que tienes en la estantería ya no será válido, será otro tesoro perdido, una anomalía.  Nuestra sociedad depende de estas convenciones. De lo que otros deciden que es real.

Por eso admiro a la gente que se crea sus propios mundos. No sé si llamarlos rebeldes, para mí son héroes. El Principito veía serpientes haciendo la digestión donde otros sólo veían sombreros. Tolkien creó una mitología entera, una lengua, una historia. Más modesto, hubo un niño que se inventó su propio calendario. Leí un artículo acerca de él hace tiempo, parecía un capítulo sacado del libro El curioso incidente del perro a medianoche,  El niño no entendía por qué Febrero era tan corto, así que le añadió dos días más, y desplazó el resto de fechas para que encajasen. Mientras sus compañeros viven en el 14 de mayo, para él todavía es día 12.

Todos los cantantes hacen algo parecido al subirse al escenario. Tocando la guitarra, desgranando canciones entre sonrisa y sonrisa, dejan de ser ese chico apocado, con gafas y una bolsa de la compra a cuestas, que una hora antes del concierto llamaba al timbre del local para que le dejasen entrar. Freddie Mercury aseguraba ser muy tímido, pero jamás lo dirías porque cantando era ese hombre poderoso y carismático y hasta guapo que había decidido ser.

No sé si los cantantes son conscientes de que el proceso es doble y el público se adueña de sus canciones.  O quizá sí lo saben, quizá lo buscaban al componerlas: que con ellas bautices historias y transmitas sensaciones y vueles a casas que no existen todavía. El caso es que, ahora mismo, para ti esa canción es especial porque habla de ti, de tu historia actual, de una broma privada, de los besos que has dado y el baile que compartiste junto al mar. Es más que tu canción: es vuestra canción. Intimidad en un recinto abarrotado.

Te das cuenta entonces de que todavía conservas el poder de crear mundos, como cuando eras niño. Pero ahora sólo lo aplicas a las cosas pequeñas. A hacer tuyas frases y canciones. Es hora de creer en la magia, de replantearte perspectivas, entender que el mundo funciona así porque es tuyo. ¿Quién ha dicho que todos ven el color azul con el mismo tono de azul que tú? Quizá para otra persona su azul se parezca más a tu rojo, y está bien que así sea, lo antinatural es que otros estandaricen un código para que captemos igual esos pigmentos. Piensa, haz, di, crea, comparte las cosas que te hacen único. Tu azul es tuyo, tatúatelo.