The School – Reading too much into things like everything

Llevo unos días muy prom night. Me imagino mi baile de graduación con la música de un grupo de chicas cantando a coro. Armonías, trajes de topos, movimientos de manos, diademas y mucha laca. El año pasado estuve en una fiesta donde actuaban tres chicas en este plan y fue memorable su actuación de Oh Johnny Oh.

El caso: que The School suenan así. The Pipettes con un punto melancólico. Esa melancolía se nota sobre todo en la preciosa It’s Not The Same, balada otoñal donde las haya. Todo el disco es un poco como el sol en octubre, cuando entra por la ventana: calienta la mesa un rato. Luego apoyas los brazos y lo agradeces.

Para que no busques significados ocultos en los títulos, éstos son largos, lo cuentan todo desde el principio. The Grass Is Always Greener On The Other Side no por típico me gusta menos, es una de las canciones más bailables de un disco breve y siempre optimista. Deja fluir, no analices, disfruta lo que sientes justo ahora.

Me gustan estos discos actuales que podrían haberse grabado hace 40 o 50 años. Esa atemporalidad no es fácil, y estos galeses (cuatro chicas y cuatro chicos) la han conseguido. Regreso al futuro: montas tu Delorean y vas a la fiesta de graduación de tus padres para asegurarte de que se casen y no desaparezcas de la foto.

Y es que a veces, las cosas más improbables salen bien. La soleada Never Thought I’d See The Day, carne de anuncio con sus guitarritas y esas estrofas que con toda naturalidad se transforman en estribillos, da prueba de ello. Los triunfos existen. Basta con apostar a caballo ganador.

Oh here they come
Those feelings I have dreams about for so long
Each stop I make my head spin around
I never thought I’d see the day or hear the sound
Of your voice calling my name

Sobrevolaba sin red la Polinesia meridional

Otro concierto gratuito. La Casa Azul en El Prat. De éste tenía especiales ganas, porque me quedé sin entradas para el concierto que dieron en la sala Apolo en marzo. No me quejo: ese día trajo otras cosas buenas, pero me gusta cerrar círculos y el viernes pude hacerlo y disfrutar en directo de uno de mis discos favoritos de 2011.

Hasta 11 canciones de La Polinesia Meridional sonaron en la carpa instalada junto a la estación. Y es que el concierto duró casi dos horas. Pensábamos que por aquello de ser gratuito, haría una versión breve de la gira, y no, las cantó todas o casi todas. Desde una eufórica Los chicos hoy saltarán a la pista que nos hizo saltar ya desde el minuto uno hasta La niña más hermosa que, por fin, en directo me convenció.

Pasando, por supuesto, por La revolución sexual, alargada y alargada con una intro épica que nos tuvo expectantes. Well, are you ready to go? De este disco no cantó demasiadas, se centró más en el material reciente y en el de sus inicios (genial Chicle Cosmos). Pero no faltaron un remix muy emocionante de El momento más feliz ni un No más Myolastan en clave chundi-chundi. Apocalipsis multicolor.

Aunque todavía no había visto a La Casa Azul en directo, estaba tranquilo porque sabía que llegaría el momento adecuado, y que además, cuando llegase, me conquistarían. Y así fue. Tanto las versiones más fieles a los temas originales como las remezclas me transmitieron el mismo buen rollo que cuando los escucho subiendo escaleras a pleno sol o dando botes en la discoteca.

Las pantallas le daban a todo aún más color. Vídeos y proyecciones (algunas interactivas, como los kame-hame rosas) para potenciar la sobredosis de pop ultra-happy. Mucho vocoder, mucho androide guapo y mucha nostalgia de Japón. Dos horas para bailar y ser feliz non-stop. Si esto es la Polinesia meridional, me quedo.

Enjoy the ride

No siempre recuerdas que las cosas son fáciles. O más fáciles de lo que a veces te da por pensar. Fluir en el presente, sentir sin pensar, dar gracias por lo que ya tienes, abrazarlo, empaparte. Un viaje en bicicleta, un chapuzón, el universo en tu toalla. No hay más que eso. El trampolín eres tú.

Las canciones inspiran. Te recuerdan que a veces basta con sentirse feliz, a gusto. Hacer las cosas por el placer de hacerlas. Darte un baño con sales y velas, o sentarte en el sillón a leer un buen libro, encender tu incienso favorito, pasear por la ciudad a esa hora en la que ves otras cosas que no están en tu ruta habitual.

Disfrutar del paseo, tan sencillo como eso. Remar al ritmo del agua. Las 69 canciones de la playlist me inspiran todo eso. Relajación, instinto, centro. Para hacer compañía o disfrutarla. Hoy me apetecía compartirlas. Espero que encuentres como mínimo una que te invite a aceptar el mundo tal cual es.

Carry on smiling and the world will smile with you
Take me on a train ‘cos I’m not flying 
Everyday I walk away with the feeling that I’m center stage
Mejor si estás encima, mejor escuchar al pumpum, pumpum
And now I know the truth that anything could happen 
I’m breathing new air, can I take this all in? 
Don’t get lost in heaven 
What is there to know? All this is what it is
Sky fits Heaven so fly it
Decide something less decisional 
Strange things will happen if you let them come around and stick around
You’ve gotta seize the moment before it’s gone

Woodkid – Iron / Run Boy Run

El domingo disfruté del concierto de Woodkid. Gratuito (este año es el que más conciertos habré visto pero también el que he gastado menos dinero), en plena plaza Reial de Barcelona. Los arcos de la plaza parecían sacados de las proyecciones que, sobre el escenario, acompañaban unas canciones dignas de banda sonora.

Y es que las composiciones de este francés está barnizadas con un halo épico. Ya se notaba su gusto por la grandilocuencia del cine en sus vídeoclips para Lana del Rey, por ejemplo. Esto fue a más con el estreno de Iron, single con el que presentó su primer EP. La conquista del paraíso en clave indie. Enarbolar la bandera para liderar una revolución, la de «Aquí estoy yo».

En Barcelona se le notaba con ganas de ser adorado por el público. Y lo conseguía, claro. No sólo es sexy, ese vozarrón profundo lo motiva todo. En las canciones más íntimas, como Brooklyn, Woodkid enamoraba. Una balada sobre la distancia y las cosas buenas que echas de menos bajo un París lluvioso. O Baltimore’s Flies, con ese piano que poco tiene que envidiar al de Someone Like You.

El piano y las trompetas, otra de las marcas de la casa. Qué intensidad la sección de viento. Pero todos estábamos esperando el pelotazo: Run Boy Run y sus percusiones sin tregua. La sorpresa es que muchas canciones del futuro disco, previsto para 2013, tenían tambores igual de apoteósicos o más. Safri Duo con alma, lo definimos. Será candidato a disco del año cuando salga. Saltos y emoción a partes iguales.

Run Boy Run! This world is not made for you
Run Boy Run! They’re trying to catch you
Run Boy Run! Running is a victory
Run Boy Run! Beauty lays behind the hills

Alphabeat – Express Non-Stop

Enciendes la radio. Una canción que no conoces te dibuja una sonrisa. Al segundo estribillo ya la tarareas. Esa canción se va tal cual llegó, empieza otra. Nunca sabrás su título pero recordarás la felicidad que te dejó. Pues bien, Express Non-Stop es como un recopilatorio de esas canciones. A tu alcance siempre que quieras que salga el sol, bailar o creer en el amor.

Pop luminoso, optimista, eufórico, enamoradizo. Ya desde su primer disco, es lo que mejor se les da a los daneses de Alphabeat. Pero es que aquí ponen toda la carne en el asador del pop más desenfrenado. El título lo deja bien claro: que la fiesta no pare. Quieren que muevas los pies, y lo haces.

No hay baladas. Desde himnos al poder rejuvenecedor del amor (Younger Than Yesterday) hasta la locura impredecible de Show Me What Love Is, el álbum es un viaje por lo mejor del pop de las últimas décadas. Hay incluso algún momento muy sesentero, como Mad About You, con sus uh-uh-uh, palmadas y shoop-shoop. Pero ellos consiguen que todo suene coherente. Y actual.

No es que el amor sea el tema más original en la música. Alphabeat lo llevan al extremo y todas las canciones de Express Non-Stop hablan de ese sentimiento. De la energía que te da. De los nuevos comienzos que provoca. Así que anímate. Ellos lo llaman Love Sea y suena como la secuela del How Will I Know de Whitney. Ponte tus mejores galas y baila en esta fiesta de promoción perpetua. Te van a coronar.

 
We’ll be hanging out somewhere in the clouds forever
Be my parachute, let’s set by the Moon together
As good as it feels, can’t be real
Too good to be true
I was coming down, I was in the dark til the summer