When you start with a look that’s endless

Valoro mucho el apartado visual de la música. Los vídeoclips, claro, la estética, los looks. Pero sobre todo me gusta que las portadas de cada etapa de un grupo o cantante compartan, dentro de la variedad, artworks parecidos. Así, nada más verlos, identificas el disco o la época. Es algo que me fascinaba con Aqua: mantenían el logo, la tipografía y ese cartelito de «Presented in Aquascope» pero cambiaban las fotos; cada single era como un nuevo capítulo de la aventura del grupo.

Pala de Friendly Fires no es solo uno de los mejores discos de 2011, también supuso mi conjunto favorito de portadas. Espectaculares fotografías del mismo papagayo desde diversos ángulos. Los colores neón de las alas y esas plumas en movimiento representan bastante bien, creo, los sonidos del disco: una discoteca en el trópico, de madrugada, percusiones que invitan a los sintetizadores a levantar el vuelo.

Menudo gustazo verlas todas juntas. Si para futuros proyectos dedican el mismo mimo al diseño gráfico, tendrán que sacar al final un Catalogue como el de Pet Shop Boys, libro que atesoro con más cariño que algunos de sus discos y que recopilaba todo el arte visual del grupo. Hasta entonces, admiraré estos JPG.

Sé que algún día acabará en mis manos el vinilo de Pala y lo colgaré de la pared de mi despacho.

El Pescao – Ciao Pescao

Estaba aprendiendo a nadar. Y el primer disco de El Pescao llegó justo cuando lo necesitaba. Fluir, quererse, perdonar, cantar. A todo eso aprendí por mi cuenta, pero Un viaje nada-lógico le puso la banda sonora perfecta. Es normal que, ahora que estoy tan bien, asentado en mi vida y mi trabajo y mi novio, El Pescao diga adiós.

Es una despedida temporal; en cuanto termine la gira a finales de este mes, David Otero se marcha un par de años a Sudamérica, para desconectar e inspirarse. Y es, además, una despedida con regalo: Ciao Pescao, un EP de 4 canciones nuevas. Fiel a su estilo, pero con el toque familiar de tener ya una banda establecida.

Todo se complica desafía el viento, porque cuando las cosas no son fáciles hay que seguir intentándolo, siempre hacia adelante, con la energía de una guitarra, cada paso un golpe de batería. Y llega el éxito, y con él la calma. Navegando por El mundo de los recuerdos, te reconcilias con el pasado. Esas pequeñas aventuras que te trajeron hasta aquí. Ya no duelen, por eso puedes rapear a ritmo de reggae algunas rimas graciosas: «Bola de Dragón Z» con «a Sabrina se le vio una teta».

En realidad la letra al completo no tiene ningún desperdicio: nostálgica y traviesa, un álbum de fotos amarillas donde alguien escribió la palabra «chocho». Corazón de Cristal no es un cover de Blondie (¡ojalá!) sino una declaración de intenciones: yo soy así, y así seguiré. Y cuando por fin zarpa el barco hacia nuevas aguas, El Pescao ya ha superado los miedos, dice las cosas que siente, da la bienvenida a los besos. Su consejo: quiere mucho, déjate llevar. Que no te llamen loco.

Keep your shoes on

Un concierto en lunes. Qué pereza, piensas a priori. Los conciertos pertenecen al fin de semana. Como no hay otra fecha para elegir, vas puntualmente el lunes al concierto. Y entonces sales extasiado después de saltar y cantar durante dos horas. La semana no podría haber empezado mejor. Todavía dura la sonrisa.

Y es que con la fiesta que trajeron Scissor Sisters a Razzmatazz, cualquiera no se lo pasaba bien. Ni decepción ni sorpresa: eran tal cual me los esperaba, la verdad. Divertidos, traviesos, horteras en su justa medida, juergueros, coloridos y muy sexuales. Sorprendía quizá esa humildad, unas ganas sinceras de mimar a su público. Tan entregados estaban que, aunque las bromas se repitan en cada ciudad (los casi desnudos de Jake, la felación al micro, etc), tú no lo notas, parecen espontáneas.

Enlazaron hit tras hit. Desde una juguetona Any Which Way hasta el apoteosis de Filthy/Gorgeous, uno de sus primeros éxitos, cuando aún parecía que se comerían el mundo. No fue así, pero por el camino nos han brindado una galería de temazos. El lunes los bailamos casi todos: I Don’t Feel Like Dancing, irresistible como siempre, las explosiones de Fire With Fire y un Take Your Mama que por fin me encandiló.

Ana Matronic no es la panderetera y corista del grupo (para eso ya están las chonis); de hecho, ejercía de maestra de ceremonias, conectando con el público más que el líder del grupo. Normal: las poses de ella son tremendas, sabe ser chistosa y sexy a la vez. Brilló con Let’s Have A Kiki. Aprendimos, eso sí, que con «kiki» ellos no se refieren a un polvo sino a un desmadre de fiesta. Vaya, que los españoles somos más listos.

La gran sorpresa fue Somewhere, la última canción del último disco; en directo recordé lo buena que es. Pero mi canción más esperada era, por supuesto, Invisible Light y aunque el interludio hablado no tiene la misma fuerza con la voz de Ana Matronic, ahí estaba el subidón final para arreglarlo todo. Bravo. Sobre el escenario sólo había temazos y en la pista todos éramos felices. Cada lunes, un concierto.

Children of the Sun

Supongo que todos lo hacemos. Suena una canción y piensas: sería la banda sonora perfecta para el libro que me estoy leyendo. O caminas por la calle con la música puesta, y de repente, te sientes en medio de un videoclip. No ves las cámaras, pero las escaleras se vuelven escalinatas, haces una aparición estelar a cada paso, caen confettis dorados, la gente te sigue haciendo un divertido flashmob.

Pues bien, el otro día escuché una canción nueva: Children of the Sun de Dead Can Dance, y el impacto fue fuerte. No conocía el grupo, no tenía expectativas. Suena como David Bowie producido por Woodkid. Y lo mejor de todo es que se desplegó en mis ojos una película entera. Ni vídeoclips ni escenas, toda la película ante mis ojos.

Así que pensé que tendría que ponerle banda sonora y me puse a recopilar canciones que encajasen en mi visión. La aventura que yo viviría si la vida fuese una película con monstruos que hay que escalar y niños que vuelan sobre Los Ángeles y relojes que en vez de tic-tac hacen música y príncipes que viven en ruinas escondidas entre las nubes. ¿Cuál es tu película y qué música suena en ella?

Dead Can Dance – Children Of The Sun
Woodkid – Run Boy Run
Brandon Flowers – Playing With Fire
The Black Keys – Lonely Boy
Rufus Wainwright – Sometimes You Need
Emeli Sandé – Read All About It, Pt. III
Lana Del Rey – Born To Die – Woodkid & The Shoes Remix
Natalie Imbruglia – Wild About It
Noah And The Whale – Just Me Before We Met
Saint Etienne – Over The Border
Groove Armada – Hands Of Time
Pet Shop Boys – The way it used to be
The Sound of Arrows – Ruins of Rome
Madonna – Easy Ride
Rebekka Karijord – Wear It Like a Crown

The greatest love of all

Ayer me acordé. Le puse un vídeo suyo a un amigo y me acordé de que Whitney estaba muerta. Ni un año hace. Es de esas cosas que sabes que han ocurrido pero todavía no las has procesado y un día te golpean. Como cuando cumples años y no te das cuenta de lo que implica hasta que rellenas un formulario.

Me dio pena porque fue una muerte tonta. Fruto de no quererse a sí misma, una cantante cuyas canciones, a menudo, hablaban de esa clase de amor, el más importante: quererse a uno mismo en primer lugar. Nos enseñan lo contrario: tienes que sacrificarte, anularte. Luego descubres que no, que para sobrevivir tienes que pensar en ti. Luego ya amarás a los demás, y encima con una sonrisa de verdad.

Pero es algo tan fácil de olvidar. Recuerdo que con mi ex cantábamos The greatest love of all en el SingStar, la bordábamos, y eso que no parábamos de reírnos del vídeoclip, de los looks y las poses intensas de ella, de lo ochentero, del argumento. Nos reíamos de todo, cantábamos cada línea con la máxima puntuación, pero no le hacíamos ni caso al significado de la letra. Como Whitney Houston.

Como los barcos cuando sube la marea, tuve que aprender a flotar. Floté y fluí, y llegué a un remanso en el que no quedaba otra que quererme. Mis cosas y mi mundo. Ahora me gusta estar bien porque puedo compartirlo. Con mis amigos, con mi novio. También con la gente que me lee, por qué no. Me quiero, yo no lo voy a olvidar.