La noche nos alumbrará

Hoy me siento más feliz de lo normal. Me comprenderás, supongo, si te cuento que hoy (auto)publico mi primer libro. Se titula La noche nos alumbrará y no, no es la novela de la que vengo hablando desde hace tiempo. Esa también llegará, porque todo llega, pero todo a su debido tiempo. Las mareas no puedes controlarlas, son más sabias.

No: La noche nos alumbrará no cuenta una historia. Cuenta muchas. Casi 200, de hecho: escritas a lo largo de los años en este mismo blog. Porque sí, después de compartir tantas experiencias, me apetecía reunir mis entradas favoritas de Sombras de neón y aquí están: revisadas, ampliadas, acompañadas por textos nuevos, conectadas entre sí a modo de juego… para que conviertas el día a día en tu propia aventura.

Cuando abrí el blog en 2009, lo hice aconsejado por el que entonces era mi novio. Él decía que me vendría bien, que así escribiría más. Y tenía toda la razón del mundo. Pero tardé tiempo en descubrir que un blog también puede servir de terapia, de desahogo, de faro en la niebla y de foro donde conocer gente afín. De motivación para mejorar. O para intentarlo, al menos. El libro intenta reflejar este proceso.

Así que gracias, Enric, por esa idea y ese título que me trajeron hasta aquí. Gracias también a Jose por la portada espectacular. Gracias a Fer de Confesiones tirado en la pista de baile por el prólogo. Gracias a Víctor Algora por cederme el título. Y también gracias a ti, lector o lectora, por darle sentido a cada entrada que hayas leído. Lo dicho: hoy me siento muy feliz.

Consíguelo en Amazon: Versión en papel / Versión Kindle
Y en mi Facebook: Bájate un adelanto gratuito

Haruki Murakami : Los años de peregrinación del chico sin color

Los personajes de Murakami son metódicos. Cocinan fideos, hacen la colada, salen a pasear por la ciudad vacía. Cumplen un horario. Solo a veces se preguntan si están haciendo lo correcto o si pueden pintar en los márgenes. Como ellos, el propio Murakami tiene su método. Sabe qué ingredientes debe mezclar para ofrecer a sus lectores el libro que esperan. Casi siempre le funciona, pero la intensidad varía. Pasa como en la cocina: aunque repitas la receta, los sabores sorprenden vez tras vez.

Y a veces, el escritor decide dar un paso más allá. Ahí es cuando me conquista. Lo ha hecho en Los años de peregrinación del chico sin color. En Japón, la crítica le acusaba de ir en regresión, así que el hombre se propuso superarse. Aunque no ha llegado a las cotas de genialidad de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, su nuevo libro vuelve a mezclar con éxito personajes solitarios, pasados traumáticos que el protagonista no conoce del todo, el mundo de los sueños invadiendo el nuestro.

Pero estamos en 2013 y Murakami lo sabe. En la historia aparecen Facebook, Twitter, Google Maps… Hasta se atreve a incluir chistes privados sobre el Premio Nobel. Y me imagino que la escena de sexo gay explícito habrá chocado en la sociedad japonesa, si me ha impactado incluso a mí, que no se me van a caer los anillos ahora.

Todo esto no es más que el decorado, por supuesto. Lo importante es la historia. Te agarra fuerte desde la desolación de un chico sin color que piensa en la muerte hasta un adulto que acepta todo el espectro de sensaciones que le traerá la vida. En este viaje hay muchas estaciones y en todas ellas se detienen los trenes. Para que mires por la ventana a esas vidas que podrían ser la tuya. Las decisiones tomadas y las sorpresas. ¿Qué haríamos sin ellas?

Paul Pen : El brillo de las luciérnagas

Este libro es como un cuento de hadas. Pero uno de los de antes, esos terribles y sin medias tintas, donde al lobo de Caperucita lo tiraban al río tras rellenarle la tripa de piedras, para que así se ahogara. Sí, El brillo de las luciérnagas es un cuento de hadas sobre la aventura de hacerse mayor. O sobre salir del armario, o independizarse. Ese momento en que abre los ojos y tiendes tus deditos hacia nuevas puertas. Las mentiras de siempre ya no te sirven.

Lo lees con una mano tapándote la boca. Tan pronto da miedo, un miedo visceral, como te emociona. A ratos me ha recordado al mejor Stephen King, el de novelas como Misery o El juego de Gerald, donde el maestro del terror apenas necesitaba un puñado de personajes para mantenerte atrapado hasta el final de la historia.

Una atmósfera igual de claustrofóbica construye aquí Paul Pen. Antes de la página 100 ya quieres salir del sótano donde vive este niño. Un niño curioso y muy imaginativo, como todos los niños, pero que tanto te recuerda a ti. Cuando fabricabas historias en tu mente para creerte en un mundo mejor o más amplio, al menos. Los muñecos hablaban y la soledad dolía menos.

Con 10 u 11 años, yo devoraba libros de terror en la segunda cama del dormitorio de mi abuela. Dormía con ella los fines de semana. A ella le encantaban las historias truculentas. Me hablaba de Jack del Destripador, ponía programas de crímenes reales… y todo eso me calmaba porque mi mundo parecía entonces menos terrible. Eso sí, qué miedo pasaba con los libros. Era el invitado de un mundo que no controlaba.

Pensaba que eso ya lo había superado, que ningún libro volvería a asustarme. Pero he vuelto a sentir pánico con El brillo de los luciérnagas. He recordado lo peor de que es capaz el ser humano. También lo mejor, porque como dice el protagonista:

«No existe criatura más fascinante
que aquella que es capaz de crear luz por sí misma.»


Quizá no seamos luciérnagas, pero tenemos nuestros propios faros y sabemos encenderlos cuando hace falta. Vamos allá.

José Confuso : Andrés

Si fuera una canción, Andrés sonaría como Quiero vivir en la ciudad de Mecano. Tendría la misma ingenuidad del protagonista, esas ganas de cambiar de vida a cualquier precio. El paso del pueblo a la ciudad, con todo lo que conlleva cuando eres joven y gay y quieres comerte el mundo y lo que no es el mundo. Habrá obstáculos pero los vencerás. Piensas.

A diferencia de quienes lo intentaron antes que él, Andrés se enfrentará a una ciudad donde las redes sociales lo son todo. Ahora el filtro de Instagram determina tu nivel de felicidad, tu timeline de Twitter los contactos que has alcanzado, los me gusta de Facebook marcan el buen camino. Y por si fuera poco, Whatsapp trae los celos y exacerba las dudas. Toda esta odisea a través de Madrid y su entramado de hombres la narra un relato con bien de sexo y de dudas que todos hemos tenido.

Lo de relato es un decir. Porque, como ese bonus track de Mecano, el debut literario de El Hombre Confuso, tiene también la duración exacta. Casi es una novela corta. Dura lo que tiene que durar. Como cada etapa de tu vida, ni más ni menos. Aunque a él ya le adoraba por su personalísimo blog, donde tan pronto te habla de actrices de hace 40 años como del último escándalo sexual, ahora lo adoro más. Es capaz de contarte una historia con todos los ingredientes que esperarías de él, y no solo sale airoso sino que te deja con ganas de más.

(Disfrutable por apenas un euro en Amazon.)
 

Terenci Moix : Terenci del Nil. Viatge sentimental a Egipte

Se’m fa estrany escriure en català. I això que abans ho feia sempre. Però més estrany se’m faria parlar d’aquest llibre en cap altra llengua. És com Terenci el va escriure i com n’haig de parlar. Perquè no, aquest no és el mateix llibre de viatges que el 1999 va titular com “Terenci del Nilo”, ja a Planeta. Abans d’aquesta erudició egípcia, Terenci va abraçar les mateixes ruïnes amb la passió d’un principiant.

 

1970: després de dos viatges, finançats amb el que havia guanyat amb els seus primers llibres i els premis que li van portar, Terenci es proposa parlar-nos del seu Egipte. Per a ell, la literatura de viatges no pot ser objectiva: necessàriament ha de transmetre l’ànima de qui l’escriu. Així s’entén que reuneixi en 200 pàgines totes les seves cabòries, un Egipte hereu del cinema de Hollywood i dels còmics que llegia de petit, el seu carrer ponent de Barcelona, la construcció del seu propi personatge, les estades a Londres i a Roma, els seus amics, els seus projectes futurs.

Tot es concentra a Egipte, país que ell creia conèixer per tant com n’havia vist a les pel·lícules. Tanmateix el sent com nou en posar els peus damunt la sorra. Nou i acollidor, com una casa nova quan hi vas a viure. I s’hi fa tot un reguitzell de preguntes que fins ara no havia gosat de fer-se. De ciutat en ciutat, de ruïna en ruïna, Terenci viatja a un altre Temps on els faraons creien governar el desert. Ells van desaparèixer, d’alguns no en queden ni els jeroglífics amb el nom, mai no en sabrem la seva historia. Terenci s’hi sent identificat perquè sap que, al capdavall, aspirar a la posteritat no té cap sentit, però precisament perquè no en té, ens hi sentim empesos.

Amb aquesta angoixa, deixa enrere els oasis i recorre el Nil, riu amunt, cap a terres fondes, per tal de trovar-hi un mirall definitiu. Ens permet acompanyar-lo en el periple. Més enllà de l’Esfinx i de les piràmides, fins a l’última duna. En tancar la porta, un recull de poemes. Sempre hi descobreixes coses noves, en Terenci, i aquesta n’és una altra. Tal com passa amb les restes de l’Antic Egipte enmig de la sorra, en aquest llibre hi sobreviu un Terenci com ja no el tornarem a conèixer: encara curiós, jove i rebel, a mig construir.

De cara al nostre alliberament total, el desert, que sempre ha servit per construir pobres metàfores de solitud o d’esterilitat, hauria de servir en la dimensió que veritablement té: lloc d’extrorversió humanista, en la qual pots meditar, córrer sense limitació, fer volar sorra amb les mans, sentir sobre la carn nua el sol que t’escalfa fins a assolir la celestial crema que et fa sentir viu… (Pàgina 96.)