Miqui Otero – La cápsula del tiempo

«Jamás es tarde para fabricar una anécdota.»

Desde siempre, me ha gustado el poder de elección. Saber que estoy donde estoy porque tomé una serie de decisiones en su momento, y fueron las correctas porque por eso estoy aquí y ahora. Los Elige tu propia aventura eran mis lecturas favoritas cuando rondaba los 10 años. Libro-aventuras de todo tipo, ilustrados, con enigmas, con laberintos, de Indiana Jones, Dragones y Mazmorras, Sherlock Holmes. Todavía tengo una colección entera en una casa a la que ya no voy.

Lo echo de menos, la verdad. Decidir si bajar al sótano o robar un caballo para cruzar el desierto. Por eso, en cuanto me enteré de la reciente publicación de La cápsula del tiempo, un Elige tu propia aventura para treinteañeros nostálgicos, no me lo pensé.  Sin exagerar, diré que se ha convertido en la mejor lectura del año.

Esta aventura urbana de la que TÚ eres el protagonista empieza la noche de Reyes 2013. Tienes por misión llegar a un parque acuático abandonado en las afueras de Sitges. Por el camino, muchos encuentros, algo de amor y toneladas de cultura pop («El vagón de metro es un escenario de Street Fighter II»). Idas y venidas para llegar a ese final sorprendente, a veces con una pequeña moraleja.

Y Miqui Otero sabe cómo tocarte la fibra sensible. Conoce muy bien qué tipo de lector se adentrará en este libro. Por eso, aparte de todos los guiños a tus mitos de infancia, ahí está reflejado el día a día actual, lo que creías importante entonces y lo que luchas por conservar ahora. La vida moderna. Sí, lo mejor de todo es que cualquier página del libro podría ocurrirte hoy mismo. Emoción tras cada esquina.

La edición es de lujo, además. Nada que ver con aquellos librillos de antaño. Tapas duras, papel del bueno, mapa desplegable con todas las ramificaciones de la historia. Enhorabuena a la editorial Blackie Books. Así da gusto volver a ser un niño que elige sin miedo. Nada de dudas. Dime cómo decides y te diré quién eres.

Brenda Shoshanna – El zen y el arte de amar

«Cuando me busques de verdad, me verás en el acto»
(Kabir)

Como el mar en calma. Así me quedé después de leer este libro, y mientras lo leía. Me ha gustado mucho, la verdad. Al principio solo lo hojeé, como hojeo todos los libros que llegan a la tienda, y entonces saltó una frase que parecía escrita para mí en ese preciso instante. Eso ocurre solo con los libros especiales, y éste tenía que serlo.

La autora hace un paralelismo entre el proceso de enamoramiento y una sesión de meditación zen. Es curioso cómo encaja cada paso (cada capítulo), descalzarte, sentarte, el arte de cocinar, limpiar… pero más allá de la ocurrencia, lo bueno de El zen y el arte de amar es que, sin necesidad de que te interese el zen, sus ejemplos son visuales. Entiendes al momento qué es lo que podrías mejorar. Sin prejuicios.

¿Es autoayuda? Sí, y tampoco dice nada nuevo, en realidad, nada que no intuyeras ya. Pero como siempre digo, a veces viene bien que alguien te lo recuerde. El libro, además, es útil tanto para quien no encuentra pareja como para quien la encontró pero algo no salió bien, también para quien la tiene y quiere disfrutarla aun más.

Hay que saber apreciar lo que el mundo te da. A menudo piensas en lo mucho que te falta y no piensas en todo lo que ya tienes a tu alcance. A veces abres la puerta pero no enciendes la luz del porche. A veces culpas al mundo pero no pones de tu parte. A veces no entiendes por qué. Y a veces llegan libros como éste.

En la práctica zen nos volvemos vulnerables. Cuando nos descalzamos, empezamos el proceso de ir soltando nuestras defensas habituales y signos externos de valor. En el zendo encontramos nuestro auténtico valor, pero antes debemos abrirnos y soltar aquello a lo que nos estamos aferrando. Al hacerlo, descubrimos que aquello a lo que nos habíamos estado aferrando era lo que nos causaba los conflictos y el dolor. Y a medida que seguimos practicando, nos resulta cada vez más fácil quitarnos los zapatos y caminar, expuestos y descalzos, por el suelo de madera. Aprendemos a hacer lo que se nos pide sin titubear y a lo mejor incluso descubrimos que fue nuestra incapacidad para hacerlo en el pasado lo que contribuyó a que experimentáramos desengaños y rechazos amorosos. (Pág. 22)

Memory of the future

«Ya es otoño:
queda un libro
aún por terminar.»

No puede ser cualquier libro, tiene que ser especial. Lo coges, piensas tu pregunta, y entonces, al abrir el libro por una página al azar, la primera frase que te salte a la vista tendrá una respuesta infalible. Pensabas que el único loco eras tú pero resulta que es un método que existe desde hace siglos. Bibliomancia, lo llaman.

¿Otoño? Me descolocó encontrarme el poema que encabeza esta entrada. Pero lo bueno de los flashforwards, recuerdos del futuro, premoniciones, como quieras llamarlos, es que, a su manera, lo ordenan todo. Todo tiene sentido. Así que enseguida me tranquilicé porque el futuro que tenía que empezar ahí.

Sôseki estaba en lo cierto al componer su poema. Este año está siendo un río, otoño ha sido decisivo, y ahora lo entiendo, la novela tenía que terminarla en esta época. Dicen que sólo escribes tu primer libro una vez. El mío tenía que salir así. Nació el año pasado pero tenía que aparecer todo lo que he aprendido y confirmado en 2012.

Me gustan los recuerdos del futuro porque, lejos de constreñirte, te invitan a aprovechar al máximo el abanico de posibilidades. Con la tranquilidad, además, de saber que todo saldrá bien, según lo previsto. Tu elección será siempre correcta y fluirás hasta el único futuro que te pertenecía. En el fondo, eso ya lo sabías.

Hiromi Kawakami – El señor Nakano y las mujeres

«Un plato útil, un estante útil, un hombre útil.»

Tenía esta crítica guardada en un cajón. A la espera del momento oportuno, como todo lo que venden en la tienda de objetos de segunda mano donde transcurre esta novela. Objetos curiosos esperando a su comprador. Hiromi Kawakami tuvo cierto éxito con sus libros anteriores, pero éste todavía no lo había vendido. Hasta hoy, que han comprado dos ejemplares. Y he pensado que ya tocaba comentarlo.

La tienda del señor Nakano y los objetos que habitan en ella son los auténticos protagonistas de la novela. Por eso no entiendo  la elección del título, da una idea totalmente contraria al estilo profundo, sutil, sereno de la autora. La historia no transcurre en la cama sino entre estanterías polvorientas, figuras de madera, ceniceros antiguos, paraguas, electrodomésticos retro. La luz del sol o la lluvia que se ven desde la cristalera del escaparate.
Sí, la atmósfera es uno de los logros de la novela. Es el aire que respira esa extraña familia formada por el señor Nakano, su hermana Masayo y sus dos empleados, Takeo y la narradora del libro, Hitomi. Los objetos que venden, los variopintos clientes que visitan la tienda y también las comidas que comparten alrededor del hornillo irán moldeando las relaciones entre ellos. El día a día de cuatro seres útiles.
Tendrán que aprender que ellos no están en venta, por ejemplo. Que para querer a otro hay que quererse primero, y así destacar en medio del escaparate abarrotado de la portada. Espera, confía, brilla. Como un diamante de segunda mano. Me fascina esta autora. Sus libros son pequeños ríos, pedazos de vida que fluye.

Raúl Portero – Reykjavík línea 11

«¡Oh! Así que eres tú.»

A veces las piezas encajan. Reykjavík línea 11 es la historia de dos hombres acostumbrados a perder que un día, de repente y sin esperarlo, porque las cosas buenas no se esperan, simplemente ocurren, tienen que lidiar con la pequeña victoria que les ha llegado a las manos. Y es que los fugitivos también encuentran hogares.

Sus manos están entumecidas por el frío de Islandia. Porque ahí ocurre, claro, la novela. Lo bueno de Raúl Portero es que consigue que no parezca una guía de viajes de la capital islandesa, pero al mismo tiempo te contagia las ganas de perderte en ella, armarte de un buen anorak y un pantalón térmico para explorar sus calles y locales, vivir incluso una temporada en una de sus casitas preparadas para el frío.

Entre lagos helados y tazas de té humeantes, la historia de amor es el epicentro de la novela. El amor y los traumas que éste cura. Einar y Arnau van enamorándose poco a poco, los capítulos van de uno a otro como un autobús que conecta tus dos puntos favoritos de la ciudad. Muy bien construida la intimidad entre ellos. Tanto con los diálogos como con sus pequeños gestos, te lo crees: se quieren.

¿Se lo creerán ellos? Porque ése es el mayor misterio de Reykjavík línea 11, descubrir si por una vez Arnau y Einar apostarán a caballo ganador. Es curioso, no siempre es fácil aceptar que se te presentan oportunidades para ser feliz. Será que nos han programado para pasar frío. Pero entonces llega el abrazo de alguien que a su manera tiembla como tú. A ver qué pasa, piensas. La sonrisa la descubres luego.