Mals hàbits

Me propuse tener un libro publicado con 30 años. Y luego llegaron los 30 años y yo seguía sin terminar de escribir ninguno. Me propuse acabarlo antes de 2013, al menos. Y creí haberlo logrado, pero todavía faltaba el imprescindible proceso de revisión y reescritura. Me propuse tener el manuscrito definitivo para Sant Jordi. Y pasó Sant Jordi. Pero dos semanas después, un día por fin lo terminé y lo llevé al registro y pude compartirlo con los amigos cercanos.

Doy gracias a esas fechas de entrega que yo mismo me puse y nunca cumplí porque ellas me pusieron en marcha. Cada página escrita me acercaba un paso más, aunque no siempre viera el horizonte. Ahora sé que es necesario fijarse fechas, proponerse objetivos, servirse de cuantos amuletos quieras (yo usé un Daruma). Todo ayuda.

Abril fue un mes intenso de cambios y por suerte también mucho trabajo. Aproveché esa energía para escribir. Solo tuve que recortar tiempo del blog, que hoy retomo. Se cierra una nueva etapa y empieza otra. He llegado a la orilla, ahora toca explorar la isla entera, encontrar una editorial que confíe en mi obra. Pero ya puedo decirlo: me llamo Alex Pler, soy escritor y mi primera novela se titula «El mar llegaba hasta aquí».

I’m so excited

Callé a tiempo. Qué horror de tráiler, qué horror de looks, qué horror de póster… Todo eso pensaba de cierta película pero me contenía de soltar en Twitter todas las frases más o menos ingeniosas que se me iban ocurriendo. Lo curioso es que, al final, de alguna manera, he conectado con la película y su propuesta.

Ahora tengo tantas ganas de verla que no paro de tararear la canción que suena en el tráiler. Todo un viaje: de la aversión al entusiasmo. Y quizá sea eso lo que ocurre cuando dejas que el tiempo actúe y la lluvia te vaya calando. Que gota a gota, te conquista. Amor a segunda vista. La recompensa de alimentar la paciencia.

«No tomes decisiones precipitadas», decía mi horóscopo el otro día. Y yo, que ni creo ni dejo de creer, me reí porque acababa de tomar una decisión radical: en vistas que no llegaba un libro imprescindible para cierto proyecto que me hace mucha ilusión, había decidido cortar de raíz. Abandonaba. Y justo entonces, llegó el libro. Pude salvar los trastos y continuar a bordo del proyecto.

Cuántas veces tiré la toalla demasiado pronto, cuántas cosas a medias por ser tan drástico. Y todo lo que no estaría disfrutando ahora si, poco a poco, no virase hacia un modo más relajado. Dejar espacio a la sorpresa, callarte los despotricamientos para acabar disfrutándolos, y sino, no pasa nada: ya llegarán cosas que te exciten.

Alessandro Baricco : Mr Gwyn

«Se percataba de que estaba desnuda
solo cuando estaba sola, o cuando él no la miraba.»

El libro ha llegado a mis manos de forma tan accidental como puntualísima. No ha tenido tanta repercusión como otras obras de este autor. De acuerdo, no llega a la perfección de Seda, pero comparte lirismo a pesar de ser una novela muy urbana. Un Londres reconocible donde los personajes buscan nuevas oportunidades.

Mr Gwyn enlaza sorpresa tras sorpresa: se vuelve thriller, novela romántica y viaje de autodescubrimiento. Es muchas cosas, pero sobre todo es un libro de esos que recomiendas y de los que no paras de subrayar frases. Frases que siempre vuelven, como un perfume o el calor intenso de aquel abrazo en una habitación a oscuras.

Lo que más me gusta de Alessandro Baricco es cómo retrata los complejos sentimientos humanos con frases sencillas. Despojando las frases de adornos y adjetivos superfluos, con cada breve capítulo logra emocionarte como el mejor de los poemas. Aquí vuelve a conseguirlo. Cuatro pinceladas y ya conoces a sus personajes: cómo son, cómo sienten. Me quito el sombrero.

Recuperar el gusto por la escritura, la escritura como pasión y no como trabajo mecánico. Recuperar el gusto por dejarse conocer, dejarse contemplar: amar, en definitiva. Olvidarse de las metas y sencillamente sentir. Disfrutar en todas y cada una de las facetas de tu vida: una defensa de eso, ni más ni menos.

Nos quedamos parados en la idea de ser un personaje empeñado en quién sabe qué aventura, aunque sea sencillísima, pero lo que tendríamos que entender es que nosotros somos toda la historia, no solo ese personaje. Somos el bosque por donde camina, el malo que lo incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa, el color de las cosas, los ruidos. ¿Lo comprende?

Alberto Olmos : Ejército enemigo

«La solidaridad ha fracasado.»

Libro incendiario donde los haya. De hecho, a punto he estado de no comentarlo en el blog. Alberto Olmos, en boca de un protagonista cínico, publicista desencantado con el mundo, subraya los fallos de nuestro sistema. Pero detrás de su nihilismo, quiero ver las bases de otro mundo. No sé si mejor, ya se verá, pero otro mundo.

Es decir: hay que conocer para mejorar. Y el libro entra a trapo: juventud sin futuro, trabajos basura, activismo solidario de boquilla, el escaso valor de la intimidad en una época de redes sociales, la pornografía amateur, el capitalismo caníbal que quiere vender iPads a gente desplumada. El legado que dejamos.

Ejército enemigo es, además, una novela policíaca. Hay un crimen y una investigación en apariencia imposible. A ratos me recordaba a la del primer volumen de Millenium, cambiando la nieve de Suecia por el polvo del cemento de algún suburbio madrileño. Tensión creciente, muy bien medida, que llega a un tramo final terrorífico.

Ya llevo leídos tres libros de Alberto Olmos y me parece un autor valiente. Comprometido no, nada más lejos de su intención: valiente. Habla de lo que a menudo nos da vergüenza poner en palabras. Incomoda. Y con el culo torcido en el sofá, aprendes, quieres avanzar, reconstruir. Protegerte.

Peter Cameron – Algún día este dolor te será útil

Cambio de tendencia. Llevaba unas semanas que no terminaba ningún libro porque ninguno me enganchaba del todo. La cápsula del tiempo ya me devolvió al buen camino. Confiaba en el siguiente libro, el primero del año. Tenía que ser bueno, y así ha sido. Más que eso: es verde como su portada, poderoso como su título, muy familiar como sospechaba por la sinopsis.

Me he sentido muy identificado con James Sveck, la verdad sea dicha. No de esa forma en la que a menudo te sientes identificado con los protagonistas de los buenos libros, sino de una forma casi física, como si la vida de James Sveck hubiera sido la mía, de haber nacido en una acaudalada familia de Nueva York. Mi madre sería galerista, mi padre un abogado carroñero y tendría una hermana respondona.

Habría sobrevivido al trauma del 11-S, me preguntaría muchas cosas aunque realmente no sería capaz de enunciar las preguntas exactas. Estaría en un punto de inflexión, dar el salto o vivir en el campo. Pero aprendería a actuar. Porque eso somos, al final, animales que actúan, hacia adelante, como una abeja que de tanto chocar contra la persiana, consigue encontrar un hueco y salir al jardín.

«Esperamos que el libro le haya gustado y le animamos a que, si así ha sido, lo recomiende a otro lector». Eso dice la propia editorial al final del libro. Se les nota el cariño por su trabajo: qué tacto tienen sus libros, qué bonito el dibujo interior de las solapas. Algún día este dolor te será útil no me ha gustado, me ha encantado. La sutil mala leche de James Sveck, su forma de hablarte al oído, el partido de tenis que supone leer esos diálogos. La luz que se cuela por cualquier ventana.

Prueba a leerlo, a ver qué pasa.

El gusto por el arte es fácil. Lo importante es que te guste la vida. A cualquiera puede gustarle la Capilla Sixtina.