David Hernando : Superman. La creación de un superhéroe

Siempre he sido más de Batman. Nunca le hice mucho caso al otro, el de los calzoncillos rojos por fuera de los pantalones. No diré que partía de cero al leer este libro, porque no se puede negar que Superman es un icono que todos conocemos. Imposible escapar a su sombra. Pero sí que partía con ciertos prejuicios…

Leyendo La creación de superhéroe he entendido al fin los valores que defiende la otra cara de Clark Kent. No solo portar la banderita estadounidense allende los mares, sino la justicia, la defensa de los oprimidos y sobre todo la creencia de que en el interior de cada uno de nosotros hay un superhéroe.

El libro, además, sirve como retablo del mundillo del cómic. Desde sus inicios, en los que Superman supuso el despegue definitivo, hasta las bajas ventas del siglo XXI. Capítulo a capítulo, David Hernando te adentra en un mundo que, como editor de Planeta Cómic, conoce bien: la edición de cómics vista desde dentro, las aventuras y desventuras que vivieron todos los autores que escribieron y dibujaron al personaje.

Fascina ver cómo funciona todo desde dentro. Curiosidades como el renacimiento de los cómics de la editorial DC con Jenette Kahn al mando: una mujer dirigiendo un medio en principio tan masculino como los cómics, en plena década de los 80. Y de paso, con el libro descubres cómo la Historia influyó también en la evolución del personaje y de los cómics: la Segunda Guerra Mundial, la caza de brujas de McCarthy, las diferentes crisis. Todo moldeó el tipo de historias que salían a la venta.

Pero ante todo, Superman. La creación de un superhéroe narra la epopeya de dos muchachos con talento a los que el azar unió. Jerry Siegel y Joe Shuster tenían tan buena sintonía que enseguida vieron que se complementaban. Uno escribiría y el otro dibujaría; entre los dos crearían al mejor superhéroe. Estaban seguros de que tenían algo bueno entre manos. Y aunque, como se ve en este libro, no siempre se les reconoció el mérito, al final triunfaron. Superman surcó los cielos. Y el resto es historia.

Mysterious times

Estos días ando leyendo a Agatha Christie. La alterno con otras lecturas, para mantener cierta capacidad de sorpresa. Que no me pase como con Sherlock Holmes, que me leí todas sus aventuras del tirón y al final siempre adivinaba por dónde había que tirar del hilo. La solución no, eso estaba solo al alcance del mejor detective.

Ya había visto con mi abuela muchas de las adaptaciones televisivas de los casos de Hércules Poirot y Miss Marple. Pero aún no había leído ninguna de las novelas. En su momento tuvieron que causar sensación hechos tan truculentos donde además, la clasista clase alta salía siempre mal parada ya que eran capaces de cualquier crimen con tal de mantener su estatus. Ahora no nos pilla de nuevo, eso.

Me estoy divirtiendo con las obras completas de esta mujer. Lectura fácil para el verano, que le llaman. Lo mejor de todo es que, entre asesinato y asesinato, Agatha Christie, la autora de best-sellers para el consumo masivo, dejaba caer frases antológicas:

Esto es arte. Pagar el precio, sufrir, perseverar, y al final no solo haberlo aprendido todo, sino tener también el poder de volver atrás, de tornar al principio y recuperar la belleza perdida, y el corazón de un niño. (El canto del cisne)

La ventaja de una isla consiste en la imposibilidad que tiene el viajero de ir más lejos. Parece haber llegado al fin del mundo. (Diez negritos)

 Seguiré leyendo.

Juan Bonilla : El tiempo es un sueño pop (Vida y obra de Terenci Moix)

«Terenci, aun sin saberlo, fue de esos sabios
que dejaba el pesimismo para tiempos mejores.»

Otro de esos libros que dejas en la mesilla. Pasan y pasan las semanas y de repente ya hace año y medio que lo compraste. Nada más salir, como comprabas todos los libros de Terenci Moix desde que lo descubriste aquel aburrido verano en Sitges.

Quizá pensabas que ninguna biografía te descubriría cosas nuevas de un autor que, memorias aparte, volcó su vida entera a lo largo y ancho de su obra. Pero Juan Bonilla lo consigue. El tiempo es un sueño pop ahonda en el personaje y reivindica, al final, a la persona que se escondía entre bambalinas. Con sus claroscuros, contradicciones y virtudes que lo hacían único.

Y reivindica sobre todo los libros que él escribió. Porque fue mucho más que alguien que escribía sobre Egipto o novelas de humor absurdo. También fue un pionero que no dudó en mezclar Hollywood y los tebeos con el arte clásico, sadomasoquismo con costumbrismo. Incluso juntó pornografía gay con ciencia-ficción y crítica al Poder. Él mezclaba y con esa mezcla, la mayoría de las veces, acertaba.

Todo ello, fruto de un hombre culto, aunque a veces él pareciera empeñado en esconderlo. Viajero incansable, también: veintisiete viajes a Egipto (se dice pronto), pero también otros tantos a París, Londres, Roma, Grecia, Estados Unidos… Una vida por la que pasó gente interesante, además. De Pier Paolo Pasolini a Rafael Alberti, pasando por Maruja Torres o Nuria Espert.

Hace ya 10 años que murió y todas las formas de recordarle son bienvenidas. Una puede ser adentrarse en esta biografía, pero la mejor, sin duda, sería darle una oportunidad a sus libros. Las memorias El peso de la paja, el novelón El día que murió Marilyn o incluso, por qué no, la operística No digas que fue un sueño. En todos sus libros se pueden encontrar pistas de un talento y una personalidad desbordantes. A mí me enseñó a vivir como yo quería y a tener ambiciones. Gracias, Terenci.

Henning Mankell : Asesinos sin rostro

«Hay un tiempo para vivir y otro para estar muerto.»

Reconforta leer novelas así en los tiempos que corren. Donde capturan a los criminales y los condenan, aunque tarden meses en hacerlo. Parece que es una constante de la novela policíaca sueca, al menos de las que he leído. Como en Los hombres que no amaban a las mujeres, el ritmo de investigación es pausado, se adapta al entorno inhóspito y solo cuando el tiempo mejora, llega la luz. Pero llega, que es lo importante.

Kurt Wallander es un detective peculiar. Aunque ya me lo habían dicho varias veces, no lo he constatado hasta ahora. Es de esos hombres rudos que no dudan en desnudarse ante el lector. Te cuenta sus sueños, dudas, contradicciones. El caso policial sirve de excusa para ahondar bajo la piel de Wallander y de paso conocer las miserias que esconde Suecia.

Acostumbrado a las deducciones de Sherlock Holmes, confié con adelantarme al final. Enseguida elaboré mi teoría. Pero Wallander prefiere guiarse por la intuición. Eso no siempre le lleva a calles con salida; aun así, él no se da por vencido, investiga e investiga, busca resquicios, tira de todos los hilos, y por fin da con lo que buscaba.

En definitiva: Asesinos sin rostro, el primer caso de Kurt Wallander, es una buena lectura para el verano. Para este verano, especialmente, cuando parece que los criminales se salen con la suya y los demás nos quedamos indefensos y a la deriva. La justicia acabará llegando, de una manera u otra. No estará de más recordarlo tumbado en la playa, relajándote en busca de una salida. Entretenimiento con sustancia.

La seguridad y la justicia no significan solamente que se castigue a las personas que hayan cometido crímenes. Igual de importante es que nunca nos demos por vencidos.

Aitor Villafranca : Zodiaco

«Lo importante es que vuelvas a disfrutar de la vida.»

Esta novela es un espejo. Por eso, no me extraña que aparezca un espejo en portada. En apenas 72 páginas, te enfrentas a tus deseos ocultos, obsesiones, decisiones tomadas (o no). Te reconoces en Leo, ese hombre que ya no se reconoce a sí mismo. Y lo ves todo tan claro que te revuelves en la silla.

El gato es de los personajes más importantes de la novela. Tampoco es que haya muchos más. Aitor Villafranca es tan hábil que con pocos ingredientes y un único espacio, construye una novela de tensión creciente. No la puedes soltar, tienes que saber por qué se ha titulado cada capítulo con ese símbolo del Zodiaco y no con otro, qué será de Leo, si descubrirá por qué los vecinos sueltan su nombre al follar, si esa verdad le hará libre.

Como si Kafka y Murakami coincidieran en la cama. Del primero, tiene la atmósfera enfermiza y la carga simbólica. Del segundo, esa realidad urbana con las puertas abiertas a lo extraño. Un cóctel intenso que a Aitor le valió para ganar el premio Narrativas Oblicuas 2011. Como en la vida misma, aunque no siempre sepas verlo, en Zodiaco no falta ninguna página, no sobra ninguna palabra.

 

Si ya con su primera novela ha logrado una obra tan interesante, me intriga lo que pueda deparar este escritor en el futuro. Hasta entonces, habrá que saciar la sed leyendo los relatos que comparte en su blog Todo lo que te conté (cuando ya no estabas). Le deseo todos los éxitos. Y le doy las gracias por demostrar que, con empeño y confianza, se consigue.