«A man with no optionssuddenly has all options in the world.»
cine
La vida inesperada
Siempre hay dos vidas: la que esperas y la que, sin comerlo ni beberlo, llega a tus manos. Como si tu yo futuro te lanzara un salvavidas justo cuando creías que debías seguir nadando en plena tormenta. Ya lo cantaban los Rolling Stone: no siempre consigues lo quieres, pero si lo intentas, a veces encuentras lo que necesitas.
Otra cosa es como aproveches estas oportunidades. Hay cobardes que se creen valientes y hay valientes que creen cobardes. En el fondo, no son personas tan distintas. Los mismos sueños, las mismas cadenas, la misma ceguera para no ver lo que está ahí, a la salida de la boca de metro o en el escaparate de una tienda de delicatessen.
De repente, una Nueva York auténtica, en absoluto de postal. Aparece el Empire State en el póster, para que se la reconozca, pero la película apenas saca ningún monumento ni lugar emblemático. Sus personajes recorren las mismas calles que recorrerías de vivir allí. Los bares de cócteles baratos, los pisos diminutos donde desde el sofá ves el baño, los restaurantes en la otra punta, todas las calles iluminadas y no solo Broadway o Times Square. Se nota que Elvira Lindo es la guionista.
Ironías del destino: cruzaste el charco para acabar encontrando algo pequeño. Y parece tan diminuto en la ciudad más grande… Sabes que hay miles, millones de personas persiguiendo su sueño, pero sentado en un banco, a la espera de esa llamada, quieres creer que esta vez, contra todo pronóstico, serás tú el afortunado.
The lunchbox
Así de caprichoso es el azar. Cuando estás atrapado, solo un error podría liberarte. Atrapado embutiéndote en el metro para ir y volver del trabajo, cocinando día tras día para tu marido, observando el giro incesante del ventilador del techo como único pasatiempo. Atrapado en una vida que no te gusta pero es la tuya.
La liberación: el olor del pollo tandoori al brotar de una fiambrera metálica, las palabras de alguien que por fin te comprende. Un desconocido, porque en The lunchbox hay dos desconocidos deseando conocerse. Deseando o necesitando: viene a ser lo mismo. Un error de logística los une y de golpe vuelven a sentirse humanos en medio de una ciudad abarrotada de gente.
Continúan los gestos mundanos: el cigarrillo en el balcón antes de dormir, tocar la ropa tendida para saber si sigue húmeda. Pero ahora con una sonrisa. Como si supieran que al sonreír en medio del tráfico y los compromisos familiares y el papeleo y los matrimonios que se derrumban, llegarán antes a su destino, sea cual sea.
Parece que las mejores cosas ocurren cuando no esperas nada o esperas otra cosa. Como esta película. Fui a verla como contrapunto de las que vi la semana pasada. Estaba casi solo en cine. Se apagaron las luces antes de tiempo y durante hora y media pude compartir olores, colores, dolores. Salí maravillado. El placer fugaz del cine y la buena comida, de los romances.
Frances Ha
Frances no sabe lo que quiere. O sí lo sabe pero no encuentra la manera de materializarlo. Y quienes la rodean no es que la ayuden mucho, la verdad. Así que ella baila. Baila por la calle y por donde haga falta. Baila, baila, baila y con el movimiento del cuerpo llegan los cambios de aires.
Nuevos amigos, nuevos apartamentos, nuevas vistas mientras fuma en la ventana. Los días de Frances son un no parar de hacer cosas aunque ella sienta que no está haciendo lo que debe. Todavía. Y así, para encontrar ese «algo», se embarca en esta road movie a lo largo y ancho de Nueva York y otras sorpresas.
Así se vería Girls en la pantalla de un cine. Una película, en fin, sobre las miserias tontas y las tontas delicias del día a día. Sobre las risas sin venir a cuento, las fiestas inesperadas, las citas desastrosas que recordarás con cariño, las caídas y todas las veces que te levantas después, los sueños, los planes, la realidad siempre mágica aunque se vea en blanco y negro.
Para cuando se revela el por qué del título, ya estás enamorado hasta las trancas de Frances y solo puedes alegrarte por ella. Compartes su pasión, energía, ingenuidad en la gran manzana. Su vida. Porque sí, a veces es bueno hacer las cosas que supone que tienes que hacer cuando se supone que tienes que hacerlas.
Enemy
Prometes y prometes que si pudieras repetir las cosas, lo arreglarías todo. Esta vez sí. Pero, ¿lo harías? ¿Elegirías bien ante la oportunidad de empezar de cero? ¿O volverías a meter la pata? ¿De verdad no sigues siendo el mismo patán de siempre? ¿Has aprendido algo o solo te has visto un poco más guapo en el espejo mientras ensayabas esto? ¿Son los demás que te han robado algo o te lo negaste tú mismo con tus elecciones? Si ella te lo pidiera, ¿cambiarías? ¿Te quedarías? ¿Serías bueno? ¿Esta vez sí?
Es como si estuvieras condenado a caminar. Atrapado en una calle que solo avanza hacia adelante. Sientes que eliges lo que ya estaba programado, porque eres la persona que tiene que vivir esta vida. No hay otra. Así que culpas a los demás. Por no ser como a ti te convendria. Por robarte la vida ideal que te pertenecía. Deseas lo del otro porque aún no ha perdido brillo.
Olvidas que siempre estás al volante. Tu coche, tu casa, tu pareja, tu vida. Son tuyos porque tienes las riendas, aunque estas sean invisibles. Quizá el camino que tan recto parece, en realidad tenga desvíos y lo que te falte sea paciencia o reflejos para distinguirlos. O una película que te mantenga en tensión, que invite a teorizar con los amigos, que no se ponga de tu parte. Una película para abrir los ojos, aunque no quieras.







