The Hole

Fui sin saber nada. Y creo que es lo más recomendable, ir a ciegas, como haces las mejores cosas por primera vez. Que un par de amigos te digan que te encantará, que se ve buen «material» (escribiría «pollas», pero no quiero sonar zafio puesto que este espectáculo no lo es), que suena buena música. Nada más.

Y ya no haría falta ninguna reseña. Darías un salto de fe. Pero cuesta darlos, estos saltos, nadie los da, necesitamos muchos motivos para sentirnos con el ánimo de ser valientes. Muchas excusas. Y justo eso pretende The Hole: que te dejes de excusas y tabúes y des los saltos que tengas que dar. «Hay que estar en el agujero para poder decir que has vivido», es el lema vital de los personajes que habitan este cabaret.

Ellos te sorprenden con cada número. Te emocionan en más de un momento, te hacen saltar de la butaca, te excitan. Y te hacen reír (con La Terremoto de Alcorcón a bordo, no podía ser de otra manera, claro). Quieren que les veas desnudos y que les toques. Se muestran tal como son bajo todas las máscaras y capas de ropa. Exhiben todo lo que son capaces de hacer. Lo mismo que harías tú sin tantos remilgos y más libertad.

Dos horas que empiezan con un temazo como Blind, capaz de aportar clase a cualquier evento y que terminan con todo el teatro en pie, aplaudiendo, aunque ya lo han hecho otras muchas veces a lo largo de la noche. En fin: ve sin miedo. O con un poquito de miedo y algo de intriga y unas gotas de recato, dispuesto a que te lo arranquen de cuajo.

José Confuso : Andrés

Si fuera una canción, Andrés sonaría como Quiero vivir en la ciudad de Mecano. Tendría la misma ingenuidad del protagonista, esas ganas de cambiar de vida a cualquier precio. El paso del pueblo a la ciudad, con todo lo que conlleva cuando eres joven y gay y quieres comerte el mundo y lo que no es el mundo. Habrá obstáculos pero los vencerás. Piensas.

A diferencia de quienes lo intentaron antes que él, Andrés se enfrentará a una ciudad donde las redes sociales lo son todo. Ahora el filtro de Instagram determina tu nivel de felicidad, tu timeline de Twitter los contactos que has alcanzado, los me gusta de Facebook marcan el buen camino. Y por si fuera poco, Whatsapp trae los celos y exacerba las dudas. Toda esta odisea a través de Madrid y su entramado de hombres la narra un relato con bien de sexo y de dudas que todos hemos tenido.

Lo de relato es un decir. Porque, como ese bonus track de Mecano, el debut literario de El Hombre Confuso, tiene también la duración exacta. Casi es una novela corta. Dura lo que tiene que durar. Como cada etapa de tu vida, ni más ni menos. Aunque a él ya le adoraba por su personalísimo blog, donde tan pronto te habla de actrices de hace 40 años como del último escándalo sexual, ahora lo adoro más. Es capaz de contarte una historia con todos los ingredientes que esperarías de él, y no solo sale airoso sino que te deja con ganas de más.

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Avicii : True

Todas las canciones de True podrían ser singles. Y es posible que acaben siéndolo, como con el 18 months de Calvin Harris. Avicii se lanza a la piscina con un primer disco que ha tardado más de la cuenta en llegar. Y tan seguro está de sí mismo que ni siquiera recurre a sus primeros éxitos. Es un nuevo inicio. Ya tocaba.

En el fondo, el sueco no inventa nada. Ni falta que le hace. Le basta con llevar a su terreno lo que siempre fue bueno. La música de baile en todas sus vertientes. Voces elegantes que por arte de magia encajan, guitarras country o elementos soul pasados de revoluciones. Tantos estilos y un único hilo conductor: fiesta con sin fin.

El ritmo se mantiene pista tras pista y este chico de 24 años consigue que una y otra vez lo sientas como algo nuevo. Que los bajos palpiten como tus latidos. Que en cada subidón creas ser tú el que asciende hacia un nuevo estado y levantes las manos para rozarlo. La pista de baile es por un momento nuestro paraíso.

Reconozco que True es ese disco que ahora escucharemos a todas horas para animar los últimos estertores del verano, pero que lo olvidaremos enseguida, en cuanto lleguen otros favoritos. Hasta que dentro de unos meses, ya en plena desidia de enero, montemos una fiesta; entonces saltará de la nada una canción con la que bailaremos más animados que con las anteriores y alguien preguntará: «¿Pero qué es esto?». Y será Avicii.

Terenci Moix : Terenci del Nil. Viatge sentimental a Egipte

Se’m fa estrany escriure en català. I això que abans ho feia sempre. Però més estrany se’m faria parlar d’aquest llibre en cap altra llengua. És com Terenci el va escriure i com n’haig de parlar. Perquè no, aquest no és el mateix llibre de viatges que el 1999 va titular com “Terenci del Nilo”, ja a Planeta. Abans d’aquesta erudició egípcia, Terenci va abraçar les mateixes ruïnes amb la passió d’un principiant.

 

1970: després de dos viatges, finançats amb el que havia guanyat amb els seus primers llibres i els premis que li van portar, Terenci es proposa parlar-nos del seu Egipte. Per a ell, la literatura de viatges no pot ser objectiva: necessàriament ha de transmetre l’ànima de qui l’escriu. Així s’entén que reuneixi en 200 pàgines totes les seves cabòries, un Egipte hereu del cinema de Hollywood i dels còmics que llegia de petit, el seu carrer ponent de Barcelona, la construcció del seu propi personatge, les estades a Londres i a Roma, els seus amics, els seus projectes futurs.

Tot es concentra a Egipte, país que ell creia conèixer per tant com n’havia vist a les pel·lícules. Tanmateix el sent com nou en posar els peus damunt la sorra. Nou i acollidor, com una casa nova quan hi vas a viure. I s’hi fa tot un reguitzell de preguntes que fins ara no havia gosat de fer-se. De ciutat en ciutat, de ruïna en ruïna, Terenci viatja a un altre Temps on els faraons creien governar el desert. Ells van desaparèixer, d’alguns no en queden ni els jeroglífics amb el nom, mai no en sabrem la seva historia. Terenci s’hi sent identificat perquè sap que, al capdavall, aspirar a la posteritat no té cap sentit, però precisament perquè no en té, ens hi sentim empesos.

Amb aquesta angoixa, deixa enrere els oasis i recorre el Nil, riu amunt, cap a terres fondes, per tal de trovar-hi un mirall definitiu. Ens permet acompanyar-lo en el periple. Més enllà de l’Esfinx i de les piràmides, fins a l’última duna. En tancar la porta, un recull de poemes. Sempre hi descobreixes coses noves, en Terenci, i aquesta n’és una altra. Tal com passa amb les restes de l’Antic Egipte enmig de la sorra, en aquest llibre hi sobreviu un Terenci com ja no el tornarem a conèixer: encara curiós, jove i rebel, a mig construir.

De cara al nostre alliberament total, el desert, que sempre ha servit per construir pobres metàfores de solitud o d’esterilitat, hauria de servir en la dimensió que veritablement té: lloc d’extrorversió humanista, en la qual pots meditar, córrer sense limitació, fer volar sorra amb les mans, sentir sobre la carn nua el sol que t’escalfa fins a assolir la celestial crema que et fa sentir viu… (Pàgina 96.)

J.D. Salinger : El guardián entre el centeno

Tengo que confesarlo, así de entrada: no había leído este libro hasta hace 2 semanas. Y no lo había hecho porque ese título, a mí me evocaba una especie de fábula moral en la línea de El Alquimista o El caballero de la armadura oxidada, pero ambientada en un mundo tipo Tolkien. Mezcla que me daba bastante pereza, dicho sea de paso. Lo juro, eso me evocaba El guardián entre el centeno. Y nada más alejado de la realidad, claro. Lo descubrí en mis últimos días de vacaciones, cuando necesitaba algo para leer en la playa, y cogí el libro de mi compañero de piso, y volvió a sorprenderme como siempre su contraportada blanca, y al hojearlo vi: «Nueva York». De Tolkien con moralina nada.

Al protagonista del libro se lo ha tachado de rebelde, desubicado, arisco… No me parece nada de eso. Es un chico normal y corriente cuyo único delito, en todo caso, es no aceptar la mediocridad. Y eso, en un mundo como el suyo, donde todos prefieren la facilidad de lo mediocre, le lleva a huir. Qué otra salida le queda. Pues dar vueltas y vueltas hasta encontrar algo que de verdad le motive.

Desde aquí quiero aprovechar para decirle a la gente de las toallas de alrededor que no, no estaba loco ese chico que se carcajeaba con un libro en la mano. Era yo, empatizando con el protagonista y su peculiar versión del mundo. Menuda travesía pasa el pobre en el Nueva York de los años 40 pero que podría ser el de hoy día. De plena actualidad me ha parecido, sí, el libro. El consuelo es que el mundo no empeora, sigue en las mismas que hace 70 años. Pero a los que no se conforman, tampoco les queda otra solución que la de Holden: seguir buscando.

«Hay quien no sabe lo que le interesa
hasta que empieza a hablar de algo que le aburre.»