Blue Jasmine

¿Qué te queda cuando lo pierdes todo? Lo descubrirá Jasmine tras perder a su marido, su hijo, su fortuna, su mansión, su círculo de amistades… Después del abismo llegan nuevas cosas. Otra ciudad, reencuentros y descubrimientos. De tu capacidad para abrazarlos depende en buena medida tu salud mental.

La vida es puñetera. Te sorprende tras cada esquina: lo que iba a ser una comedia ligera en lofts neoyorkinos desemboca en dramón cuesta abajo por las angostas calles de San Francisco. Querías una cosa y lograste la de al lado, tan cercana pero agridulce. Creías en el destino sin tener en cuenta que este es un bromista con ases en la manga; dejándote llevar por él, a veces el flujo se convierte en maremoto donde ya ni las brazadas surten efecto.

Y en medio de este desaguisado, el personaje de Cate Blanchett. Reina absoluta de la película. Capaz de hacerte reír y llorar en la misma escena. Muy segura de que ella no se siente como los demás. Los demás sonríen por sonreír y ella solo lo hace si le apetece. Ha aprendido a ser visceralmente sincera. ¿Tienen las personas como ella un lugar en el mundo? Dudas, siempre dudas. Dudas y finales abiertos como preludio a algo desconocido.

Take a minute

Hoy he vuelto a sentir que la ciudad iba a mi ritmo. Llevaba semanas sin sentirlo. Dicen que tienes más energía cuantas más cosas debes hacer. Que el cuerpo es sabio, que a contrarreloj produces más y mejor. Antes lo compartía, pero para mí ya hace tiempo que dejó de ser cierto. Será la edad, no lo sé: bajo presión me agoto enseguida. Hasta tal punto que, a veces, incluso la cafeína me da sueño.

Por ejemplo, cada vez llevo peor los lunes. Noto que la gente vuelve renovada del fin de semana y están hiperactivos. Piden, llaman, preguntan, ordenan, insisten. Yo necesito acostumbrarme al mero hecho de que sea lunes. Voy despacio y tengo que reacomodarme al flujo de las cosas, pero para cuando lo consigo, vuelve a ser viernes y vuelta a empezar.

Me siento como si viviera en otra dimensión donde las cosas ocurren a otro ritmo. Donde ya no existe ese Alex que rendía a pleno pulmón cuanto más trabajo había. Y así con todo. Cosas que antes me gustaban, ahora no las soporto. ¿Han cambiado ellas o he cambiado yo? ¿No estaré viendo a través de una rendija un mundo al que ya no pertenezco?

Pero hoy ha sido distinto. Los demás se han calmado y he podido disfrutar cada minuto. Cada canción, cada frase, cada kilómetro. No sé si darle las gracias al frío o a la lluvia. El caso es que todo estaba alineado y por un momento he vuelto a sentir que todo fluye aunque ya no consiga apreciarlo. Pasos largos, pasos cortos. La cuestión es llegar. En eso sí continúo creyendo.

The habit

¿En qué momento dejas de hacer las cosas por ti mismo? Sin darte cuenta, olvidas lo que un día tuvo un significado íntimo y pasas a complacer solo a los demás. Porque sienta bien, sí, hacer feliz al resto. Pero de tanto contar el mismo chiste, corres el riesgo de olvidar qué lo hacía gracioso en primer lugar. Gracioso para ti. Antes no tenías que esperar a que otros rieran para hacerlo tú.

Lo que otros esperan de ti es una prisión. O lo que crees que otros esperan de ti, para ser más exactos. Por ejemplo, este blog. Empezó como una especie de terapia personal y durante mucho tiempo funcionó. Hasta que desde mi ventana dejé de ver las cosas que me importaban. Solo pensaba en las que querrían ver los demás habitantes del bloque. Y así encegado, llegué a convencerme de que no me quedaban cosas nuevas por ver. Estaba frente a una ventana que daba a la nada.

De qué iba a hablar, si ya lo había dicho todo. Era un todo diminuto, claro, porque al releer el blog desde sus inicios, descubrí que en realidad siempre he hablado de lo mismo. Tu mundo nunca es tan grande como lo percibes. Aun así, perdí el rumbo. Me gustaría decir que perdiéndome encontré la respuesta, pero no fue así. No la encontré. Es posible que no exista tal respuesta, que todo sean ciclos que vienen y van.

Pero dicen que la fe mueve montañas. Y otra cosa no, pero tengo fe en el poder de las palabras. Sé que me llevarán a alguna parte aunque no sea donde yo había planeado. Por eso continuaré el sendero. Escribiendo más que pensando. Como dirían en Gravity: «Pase lo que pase, va a ser una experiencia maravillosa». Nuevas palabras, las que a mí me gustan. Las que más me llenan. Despegue y aterrizaje.

And if you don’t quit
You’ll never get over
If you don’t quit
You’ll never get out
And you’re always
Gonna be an addict

Octubre

Me lancé a correr. Y por una vez, no llevaba reloj. Es decir: no llevaba el móvil encima para mirar la hora. Pero ya me estaba bien así. Correría y correría, sin saber si llegaba tarde o justo a tiempo. Correría desde la toalla en la playa hasta el jersey de punto. Había llegado el frío a la ciudad y esta vez para quedarse. Sí, por increíble que parezca, incluso esas cosas que según los agoreros no iban a suceder, acaban sucediendo.

Tuve que tomar un rodeo. La calle de siempre estaba cortada y los camiones de bomberos y los policías de uniforme y las cintas amarillas me bloqueaban el paso. Confieso que más allá del mero cotilleo, me daba igual lo que hubiera sucedido. Fuera lo que fuese, yo estaba vivo. Así que me alejé del tumulto de gente curiosa y tomé un desvío por mi plaza favorita. A veces olvido que sigue ahí, y ahí seguía. Muy cerca de los árboles, de las puertas cerradas.

También a ella la dejé atrás. Corrí y corrí. Como no tengo coche ni sé conducir, solo podía enlazar un paso tras otro. Lejos, lejos. Porque lejos adquieres perspectiva. Pensaba que de esta manera podría exorcizarlo todo. Dejaría de ser el bufón del cuento. Lo que otros esperaban de mí ya no importaría, solo lo que yo sentía. Lo que de verdad yo deseaba. Lo que ya no importa. Corrí sin rumbo hasta que volví a encontrarme. Y pasó Octubre. Y recordé que si quería, podía tener lo que quería.

St. Lucia : When The Night

Lo han logrado. Después de varios EPs y mucho batallar, este grupo de neoyorkinos sacan su primer disco. Lo hacen, además, sin renunciar a su esencia. Tan frescos como en aquel lejano We Got It Wrong con que los descubrí. Once temas que te abrazan enseguida. Como esas personas que en cuanto las ves, ya sabes que formarán parte de tu vida.

When The Night es el mejor disco para estrenar el verdadero otoño. Aunque tiene el sabor inconfundible del mar en verano, podrás escucharlo cuando quieras. Decir que cada tema te transporta a una isla del Caribe no es una exageración teniendo en cuenta que han elegido una de ellas como nombre del grupo.

Los chicos de St. Lucia crean de la nada ambientes playeros, como si fueran una especie de Friendly Fires en plenas vacaciones. Tan pronto te hacen cerrar los ojos al ritmo de un ensoñador oleaje como te descubres saltando con ellos por el exceso de mojitos. Patadas en la arena y buena música a través del radiocasete. Porque sí, no sé qué filtros le han aplicado pero su música suena a cinta antigua. Por suerte, hay pilas suficientes para que la fiesta dure toda la noche.

Sospecho que siempre acabo recomendando el mismo tipo de música. Himnos. Pero no de estadio. Himnos íntimos, para darte caña a través de los auriculares y, con ellos de banda sonora, atravesar la ciudad día tras día. Tumblr en forma de canciones, vaya. Pero es que la vida ya es bastante gris a veces como para no escuchar música que le dé color. Me gustaría ser capaz de escribir así, lo confieso.

Elevate sirve de ejemplo. Empieza tropical, luego tiene un estribillo en falsete que te atrapa por lo sincero y todo desemboca en unos deliciosos coros finales que repiten y repiten lo mismo a modo de mantra. Para que te lo creas de una vez. Puedes volar. Solo tienes que ponerte las pilas.

 
You know that I want to get away
And I cannot wait for another day
You know that I want to elevate
Time to pick it up and celebrate