Just keep bringing out the best in me

Dibujad a una persona bajo la lluvia. Eso nos pidió, hace unos meses, una chica mística durante una fiesta. Nos pusimos manos a la obra llenos de curiosidad. Yo dibujé a un chico que miraba sonriente a la lluvia, sin paraguas, los brazos abiertos, dándole la bienvenida a cada gota. Algo parecido a la foto.

Luego la chica nos explicó que ese dibujo representaba nuestra forma de enfrentarnos a la vida y de entregarnos a los demás, y analizó ciertos detalles para demostrarlo. La elección de la ropa y los complementos, la línea del suelo, la expresión de la cara. Pequeñas cosas que todos habíamos dibujado de forma distinta, adaptándolas a nuestra visión del mundo. La chica acertó en todo.

Son curiosos estos destellos del inconsciente. Tu forma de vestir te define, obvio. Es una declaración de intenciones, pero también lo son decisiones en apariencia aleatorias, como ese dibujo de alguien bajo la lluvia o incluso tu llavero. Haz la prueba. Mira qué llavero tienes ahora, piénsalo un poco y verás cómo describe perfectamente en qué punto te encuentras hoy.


Nos conocemos mejor que nadie pero qué fácil es perderse en el egoísmo. Qué tranquilidad encontrar a alguien que te haga de espejo. Alguien para remarcarte las virtudes, que te haga crecer. Un faro a quien decirle: «Me has cogido el punto». Es un proceso mutuo, porque a ti también te gusta adaptarte a su paso. Recordarle lo bueno, que se lo crea. Espejos que miran a espejos.

Tourists

Quieres hacer un viaje. Coger un mapa, señalar un punto al azar y ponerte en marcha. Tienes los días, tienes el dinero, tienes la posible compañía. Sólo falta el  destino. Tampoco pides mucho, aceptarías repetir una ciudad que ya conoces, porque ahora todo te parece nuevo. Cualquier rincón servirá mientras tenga magia.

Es decir: callecitas empinadas por las que dejarse perder, rincones y fachadas que capturar con la cámara, un restaurante con un romántico reservado, vistas desde un mirador que tendremos que alcanzar escalando, plazas donde desayunar bollería recién hecha, fuentes perdidas y un paseo para bordear el mar o el río o la montaña.

Conversaciones y mucho tiempo compartido, porque en los viajes las horas parece más largas, o será que cunden más cuando damos pasos. Risas, dedos que señalan, el crujido del mapa desplegable y el móvil apagado, el hotel como refugio. Conocerse mejor explorando la ciudad, como en una secuela de Antes del amanecer.

Lo normal, vaya. Cerrar los ojos cuando el avión despegue y llegar. No contar el tiempo que queda para volver, olvidarse del calendario por tres días o un fin de semana. Disfrutar cada esquina, apoyarse en cada barandilla templada. Sí, este verano quieres hacer un viaje y que el azar te señale.

Feel the magic

«You point, I’ll drive.»

«¿Cómo lo has hecho?» Me miras en el metro con cara de eso. No es incredulidad porque tenemos las entradas, lo has visto. Es curiosidad, quizá un punto de admiración y diversión. Como quien observa boquiabierto un truco de magia que no comprende, pero ya le gusta no entenderlo. No teníamos entradas y entonces llegaron dos pases VIP. La magia de la magia es que sorprenda.

Ya lo decían en la película Beginners. Hay quien cree que las cosas no funcionarán y hay quien cree en la magia. Es lo bueno de ser distintos, que nos complementamos. Me dices: «Yo tengo los pies en el suelo pero hazme volar, y volaré». Te respondo: «Pues yo vuelo, así que tendrás que recordarme que hay un suelo en el que aterrizar contigo».

La magia está en todas partes si estás dispuesto a creer en ella. Y aun así, alucinas. Puedes despertarte justo cuando recibes un mensaje de buenas noches / buenos días: tenías el móvil en silencio pero te has despertado. Puedes acercarte a la nevera de un amigo que tiene imanes con palabras, y coger al azar las palabras que, de algún modo, te llaman y elaborar con ellas un poema nuevo que siempre estuvo ahí.

Puedes decir que cierta imagen será la portada de tu libro. Que tendrás una casa en el Caribe con un porche y unas tumbonas. Puedes decir muchas cosas, escribirlas en un cuaderno, pero luego tendrás que ponerte en movimiento. El mago no deja la varita y el sombrero encima de la mesa. Los coge, los mueve, los utiliza a su favor. Esconde el truco pero hace que la magia sea posible.

David Levithan – A de Amor

A de amor es la novela más bonita que he leído este 2012. En realidad no sé si es un novela. Podría ser un diario original, o el recopilatorio de muchas entradas de blog. El título inglés, The Lover’s Dictionary lo describe bien: un romance en forma de diccionario. La idea es muy potente.

Cada «capítulo» consta de una palabra y la descripción que el narrador asocia a ella. Es un libro sincero, porque así es como se recuerdan las historias. No por orden cronológico, sino por esos instantes que las definen: los puntos de inflexión, las cosas pequeñas, las sensaciones, los darte cuenta, los pasos dados, las conversaciones sacadas de contexto, los miedos y las ganas, los olores.

Las entradas pueden ser de una frase o cuatro párrafos, y curiosamente las más cortas se intuyen las más significativas. Son como ventanas abiertas a un mundo del que vas uniendo puntos, levantando sábanas para conocer a sus dos habitantes. La cama convertida en universo. Imposible no emocionarse o sentirse identificado, un cosquilleo constante.

A modo de ejemplo, un par de las entradas más cortas y otra de las más largas:

Reproche
No me gusta que uses mi champú porque cuando lo haces tu pelo huele a mí, no a ti.

Voluminoso
Ya he pasado casi cinco mil horas dormido a tu lado. Eso tiene que significar algo.

Catalizador
Me sorprendió, aún me sorprende, que fueras tú quien lo dijera primero.
En cierto modo yo era un ingenuo que esperaba que esas dos palabras aparecieran en negrita con música de fondo. Pero, en cambio, el momento fue de lo más corriente. Había terminado la película y me levanté para apagar el televisor. No lo hice inmediatamente: habían pasado unos minutos desde que aparecieron los últimos títulos de crédito y seguíamos sentados en el sofá, tus piernas sobre las mías, tu mano rozando la mía. Por fin el vídeo terminó y la pantalla se quedó azul.
-Ya voy yo -dije.
Me dirigía hacia el aparato cuando dijiste:
-Te amo.
Nunca te lo pregunté, pero siempre me haré la misma pregunta. ¿Qué pasó en ese instante que te hizo ser consciente de ello? O, si ya lo sabías desde hacía tiempo, ¿qué te impulsó a decirlo precisamente entonces? Me encantó oírlo, me encantó tanto que con las prisas de decirte que también yo te amaba dejé la tele encendida, dejé que esa luz azul nos bañara un ratito más, y volví al sofá, a tu lado. Estuvimos un rato abrazados, sin saber muy bien qué pasaría entonces.

Creo que el mayor mérito del libro es que te invita a elaborar tu propio diccionario. Porque cada historia tiene uno y merece la pena recogerlo. Mientras escribía esta frase, me ha sonado en el móvil su melodía, la de Él, he sonreído y así he descubierto la primera entrada de la que me dejaría dejar constancia: Canción.

Denton Wench – En la juventud está el placer

Que me regalen un libro es lo mejor. Pero si además alguien se arriesga con un libro poco conocido porque cree que encajará conmigo… eso ya no tiene precio. Éste me lo regaló el chico de las mil cámaras por mi cumpleaños y fue un repóker de aciertos: título, portada, argumento, vida del autor (gay e inválido a principios del siglo XX, casi nada); incluso la editorial, porque quiero empezar a coleccionarla

No es una novela de iniciación, o al menos no la típica. Orvil es un adolescente en el primer verano de su adolescencia, pero tiene poco de inexperto. Sus fantasías son las de un adulto. Enlaza experiencias reales con visiones, esas asociaciones de ideas extrañas que nunca reconocerías en público. Morbos que tú también has tenido, flashes de un instinto primario, previo a la humanidad o a la sociedad.

Tal es la precisión para los detalles de Denton Wench que más que recordar parece que esté viviéndolo todo al ritmo que lo escribe. Todas las imágenes, desde los destellos que arranca el sol a los pelos de una pierna, hasta una bandeja de pasteles, tienen una carga erótica importante. Una cámara de cine en perpetua erección.

Llega un día en el que asumes quién eres y aprendes que la única forma de sobrevivir es sonriendo. Contestando al mundo con tu sonrisa. Y En la juventud está el placer es un homenaje a eso. Al día que descubres tu fuerza, la rareza que te hace único, y ya no hay quien te pare. La sonrisa no es un escudo, es tu ariete.