Capital Cities : In a tidal wave of mystery

¿Qué se esconde tras una de las mejores portadas del año? No solo unos cuantos animales ambiciosos, desde una ballena voladora hasta una grulla hecha de estrellas. También uno de los discos del verano. Y un grupo con ganas, muchas ganas de que su público se lo pase bien. Hay palmeras en el espacio.

Ya lo demostraron en su concierto en Razzmatazz, donde incluso la gente que no los conocía alucinaba con la fiesta que traía desde California este grupo. Han subido las revoluciones con respecto al EP de su debut. Tienes las cosas claras y disfrutan más que nunca con canciones que no dudan en hacerte bailar entre trompetas y palmadas y gafas de sol gigantes.
Como adelanto del disco, estrenaron un nuevo vídeo para Safe and Sound. Tan festiva como el primer día, sigue siendo su mejor canción. A los temas ya conocidos, se suman, entre otros, el dueto Chasing You y una sorpresa: Origami. Como una figura de papiroflexia, empieza plana, pero va tomando forma hasta convertirse en un humilde himno, Boney M con xilofóno y vocoder. 
Y este efecto, el de mejorar con las escuchas si le das una oportunidad, lo tiene la segunda parte del disco. Así que paciencia. No hay prisa. Te tumbas en la colchoneta mecida por las olas, disfrutas de la puesta de sol y de tu piña colada mientras las canciones van sucediéndose en el stereo. Para cuando te des cuenta, tú también llevarás una florida camisa hawaiana. Con ellos las cosas se ven de otra manera.

La prima estate

A veces no entiendes nada. Barullo de voces y ruidos, caos de días yendo y viniendo en metro o solapando turnos. Después del relax, toca volver a ser responsable y todo eso. Y a veces, en medio de ese no entender nada, el mar deposita en la orilla frase o una canción para darle sentido a todo. Escapismo que todo lo ordena.

Justo lo que ha ocurrido con La prima estate, el nuevo single de Erlend Øye, miembro de Kings of Convenience. La canción, a medio camino entre La Casa Azul y un tema euriovisivo de los años 70, la canta en italiano. Su estancia en Sicilia ha dado frutos. Escuchándole, viajas a Italia, a una isla, a una playa, a algún lugar no demasiado escondido donde la vida es más fácil y todo, simplemente, ocurre.

Desde ya, es uno de los temas de este verano. Gafas de sol, descapotable, comida rica y buena compañía. No necesitas mucho más para llegar al fin del mundo.

Nadie mejor que tú

Tienes un superpoder. Darle forma a las cosas que piensas. Por ejemplo, si un día te tomas mal un comentario, le sacas punta, te emparanoias, ves fantasmas, fantasmas que al final se hacen reales por culpa de ese mismo miedo que tenías de verlos. Como cuando de críos jugabais a la ouija y llegaba un punto que ya os creíais cualquier cosa. Todo era real.

Lo bueno del superpoder llamado autosugestión es que también se puede utilizar para otras cosas. Cosas buenas. Para tener un buen día, pase lo que pase: decides tenerlo y vas a trabajar con una sonrisa y no la pierdes en ningún momento, hasta que por la tarde todo se ordena y disfrutas de la playa con los amigos.

Empiezas a darte cuenta de que es así de fácil. Las cosas te sientan tal como estabas predispuesto a que te sentasen desde el principio. Hay gente que prefiere verlo todo en blanco y negro y gris. Tú prefieres los colores.. Toca utilizarlos para hacer vibrar este verano. Pudiendo ser feliz, ¿por qué no serlo?


Atraes nimiedades: no gastar mas de 20 euros, tener un día más de fiesta, poder cenar fuera, descubrir una frase clave en ese libro que tenías olvidado en la mesilla. Es un comienzo. Ya llegarán las grandes gestas.

Henning Mankell : Asesinos sin rostro

«Hay un tiempo para vivir y otro para estar muerto.»

Reconforta leer novelas así en los tiempos que corren. Donde capturan a los criminales y los condenan, aunque tarden meses en hacerlo. Parece que es una constante de la novela policíaca sueca, al menos de las que he leído. Como en Los hombres que no amaban a las mujeres, el ritmo de investigación es pausado, se adapta al entorno inhóspito y solo cuando el tiempo mejora, llega la luz. Pero llega, que es lo importante.

Kurt Wallander es un detective peculiar. Aunque ya me lo habían dicho varias veces, no lo he constatado hasta ahora. Es de esos hombres rudos que no dudan en desnudarse ante el lector. Te cuenta sus sueños, dudas, contradicciones. El caso policial sirve de excusa para ahondar bajo la piel de Wallander y de paso conocer las miserias que esconde Suecia.

Acostumbrado a las deducciones de Sherlock Holmes, confié con adelantarme al final. Enseguida elaboré mi teoría. Pero Wallander prefiere guiarse por la intuición. Eso no siempre le lleva a calles con salida; aun así, él no se da por vencido, investiga e investiga, busca resquicios, tira de todos los hilos, y por fin da con lo que buscaba.

En definitiva: Asesinos sin rostro, el primer caso de Kurt Wallander, es una buena lectura para el verano. Para este verano, especialmente, cuando parece que los criminales se salen con la suya y los demás nos quedamos indefensos y a la deriva. La justicia acabará llegando, de una manera u otra. No estará de más recordarlo tumbado en la playa, relajándote en busca de una salida. Entretenimiento con sustancia.

La seguridad y la justicia no significan solamente que se castigue a las personas que hayan cometido crímenes. Igual de importante es que nunca nos demos por vencidos.

Take a look at the world

Te bajas un disco y piensas ya en el siguiente que escucharás. Una vez; suficiente para puntuar con estrellas las canciones que te gusten, y quitar las demás. Placer inmediato. De esto hablaba el otro día con un amigo. Con tanto por escuchar, parece que no haya tiempo para degustar un disco y dejar que te cale poco a poco.

¿Cuánto tiempo dedicas a contemplar una foto de Instagram o Tumblr? Apenas dos segundos, lo que tardes en darle al corazón. Te pasas media vida bajando la barra de desplazamiento, pero no te quedas quieto ni cuando una foto te gusta especialmente. Hay tantas que no has visto que igual la siguiente es más bonita. ¿De verdad importa?

Leía el otro día la experiencia de una profesora de Historia del Arte que desafiaba a su alumnos a contemplar durante 3 horas un único cuadro. Dedicarle toda su atención. Tenían que entender que no era una pérdida de tiempo sino una inversión. Solo así llegaban a captar nuevos matices de la obra y comprenderla a un nivel íntimo.

Escuchar el mismo disco durante varios días, dedicar cinco minutos a una foto de Instagram, releer una y otra vez ese párrafo que te ha gustado de un libro cualquiera. Acabar descubriendo que una puesta de sol es mucho más que el sol escondiéndose tras la montaña: también es el viento que refresca, los edificios cambiando de color, poco a poco cubiertos entre sombras, y entre ellos brotando las farolas como estrellas, los coches como cometas, las ventanas como puertas a otros mundos.