This is not a love song

No sabíamos que nos íbamos a encontrar. Misterioso título el de la última exposición de la Virreina. El subtítulo aclara un poco más: «Influencias entre artes visuales y música pop». La primera sala, que realmente era la última, pero es por donde entramos nosotros, ya indicaba por dónde iban los tiros. Televisores con una selección de vídeoclips de todas las épocas y géneros (de David Bowie a Fatboy Slim, pasando por Madonna, Michael Jackson y tantos otros).

El pop, quizá por su elevado presupuesto o por la necesidad de destacar entre mil competidores, siempre ha buscado nuevas formas artísticas. No son pocos directores de cine que empezaron rodando vídeos pop o fotógrafos que han acabado probando suerte con las imágenes en movimiento. La exposición es un recorrido por esas inquietudes, esa zona de nadie y de todos donde el pop también es arte. Instalaciones multimedia que te cautivan, como esa sala flowerpower dedicada al Walking On Thin Ice de Yoko Ono.

Pero la mejor instalación llegó casi al final. Three love songs, una sala con 3 pantallas simultáneas donde 3 cantantes de diferentes épocas se turnan para cantar. Te sientas y las escuchas cantar su amor…

…¿o no son canciones de amor? Porque enseguida te das cuenta de que hablan de guerras, ejércitos, líderes. Con esta creación, Abel Abidin nos enseña tres canciones pop encargadas por Saddam Hussein para ensalzar su regimen. Los dobles sentidos de los vídeos pop llevados al extremo, como recordatorio de lo poderosa que es la música por su capacidad de llegar a la gente.

Porque el pop provoca ese sentimiento de acceder a algo superior cuando en una discoteca o en pleno concierto suena La Canción que tanto significa para ti y todo el mundo a tu alrededor se emociona, salta, la corea. Y esto, en buenas manos, siempre será una herramienta para un mundo mejor. ¿Qué haríamos sin música?

Palau de la Virreina
La Rambla, 99 (Barcelona)
Hasta el 29/09/13.

En la casa

«La vida sin historias no vale nada.»

Pensé que me desmayaba. No por la película, claro, sino por el calor que hacía en el patio del CCCB. Un cine a la fresca no tan a la fresca, con ese bochorno tan barcelonés de cuando parece que va a llover pero no. Sudados y sin agua, no pensamos en ningún momento en irnos. Estábamos clavados a nuestros asientos, pendientes de esa historia sobre un chico que le desgrana una historia a su profesor de literatura.

Es el poder de las historias. Querer saber más y más, cada detalle, qué ocurrirá en la siguiente entrega. La sorpresa y el escándalo que finge quien quería que le escandalizasen. Ese punto cotilla que todos tenemos. En la película hablan de Las mil y una noches, pero yo pensaba en La ventana indiscreta de Hitchcock.

Me sorprende el éxito de En la casa. A mí me interesó muchísimo: veía reflejadas mis inquietudes como narrador, los diferentes enfoques y posibilidades que te vas planteando al plantear las escenas. Cómo mostraban en la pantalla que una misma situación puede transmitir sensaciones contrarias según los ojos que la observan. Unos se fijan en ciertos detalles; otros, cambio, en los gestos. Por eso nos gustan tanto ciertos escritores: porque solo ellos ven el mundo con sus ojos y nos lo describen tal como lo ven.

Habría jurado que este proceso, el de la creación, no nos importaba más que a la gente que, ya sea en cine, literatura, arte, narra historias. Pero el público estaba encantado. Será porque a todos nos gusta ser voyeurs por un día. Y por lo bien hilvanado que está todo para que al final no sepas qué es verdad y qué fantasía, pero poco importa, porque te hace vibrar, y eso es lo que hace que merezca la pena.

David Hernando : Superman. La creación de un superhéroe

Siempre he sido más de Batman. Nunca le hice mucho caso al otro, el de los calzoncillos rojos por fuera de los pantalones. No diré que partía de cero al leer este libro, porque no se puede negar que Superman es un icono que todos conocemos. Imposible escapar a su sombra. Pero sí que partía con ciertos prejuicios…

Leyendo La creación de superhéroe he entendido al fin los valores que defiende la otra cara de Clark Kent. No solo portar la banderita estadounidense allende los mares, sino la justicia, la defensa de los oprimidos y sobre todo la creencia de que en el interior de cada uno de nosotros hay un superhéroe.

El libro, además, sirve como retablo del mundillo del cómic. Desde sus inicios, en los que Superman supuso el despegue definitivo, hasta las bajas ventas del siglo XXI. Capítulo a capítulo, David Hernando te adentra en un mundo que, como editor de Planeta Cómic, conoce bien: la edición de cómics vista desde dentro, las aventuras y desventuras que vivieron todos los autores que escribieron y dibujaron al personaje.

Fascina ver cómo funciona todo desde dentro. Curiosidades como el renacimiento de los cómics de la editorial DC con Jenette Kahn al mando: una mujer dirigiendo un medio en principio tan masculino como los cómics, en plena década de los 80. Y de paso, con el libro descubres cómo la Historia influyó también en la evolución del personaje y de los cómics: la Segunda Guerra Mundial, la caza de brujas de McCarthy, las diferentes crisis. Todo moldeó el tipo de historias que salían a la venta.

Pero ante todo, Superman. La creación de un superhéroe narra la epopeya de dos muchachos con talento a los que el azar unió. Jerry Siegel y Joe Shuster tenían tan buena sintonía que enseguida vieron que se complementaban. Uno escribiría y el otro dibujaría; entre los dos crearían al mejor superhéroe. Estaban seguros de que tenían algo bueno entre manos. Y aunque, como se ve en este libro, no siempre se les reconoció el mérito, al final triunfaron. Superman surcó los cielos. Y el resto es historia.

Mysterious times

Estos días ando leyendo a Agatha Christie. La alterno con otras lecturas, para mantener cierta capacidad de sorpresa. Que no me pase como con Sherlock Holmes, que me leí todas sus aventuras del tirón y al final siempre adivinaba por dónde había que tirar del hilo. La solución no, eso estaba solo al alcance del mejor detective.

Ya había visto con mi abuela muchas de las adaptaciones televisivas de los casos de Hércules Poirot y Miss Marple. Pero aún no había leído ninguna de las novelas. En su momento tuvieron que causar sensación hechos tan truculentos donde además, la clasista clase alta salía siempre mal parada ya que eran capaces de cualquier crimen con tal de mantener su estatus. Ahora no nos pilla de nuevo, eso.

Me estoy divirtiendo con las obras completas de esta mujer. Lectura fácil para el verano, que le llaman. Lo mejor de todo es que, entre asesinato y asesinato, Agatha Christie, la autora de best-sellers para el consumo masivo, dejaba caer frases antológicas:

Esto es arte. Pagar el precio, sufrir, perseverar, y al final no solo haberlo aprendido todo, sino tener también el poder de volver atrás, de tornar al principio y recuperar la belleza perdida, y el corazón de un niño. (El canto del cisne)

La ventaja de una isla consiste en la imposibilidad que tiene el viajero de ir más lejos. Parece haber llegado al fin del mundo. (Diez negritos)

 Seguiré leyendo.

Juan Bonilla : El tiempo es un sueño pop (Vida y obra de Terenci Moix)

«Terenci, aun sin saberlo, fue de esos sabios
que dejaba el pesimismo para tiempos mejores.»

Otro de esos libros que dejas en la mesilla. Pasan y pasan las semanas y de repente ya hace año y medio que lo compraste. Nada más salir, como comprabas todos los libros de Terenci Moix desde que lo descubriste aquel aburrido verano en Sitges.

Quizá pensabas que ninguna biografía te descubriría cosas nuevas de un autor que, memorias aparte, volcó su vida entera a lo largo y ancho de su obra. Pero Juan Bonilla lo consigue. El tiempo es un sueño pop ahonda en el personaje y reivindica, al final, a la persona que se escondía entre bambalinas. Con sus claroscuros, contradicciones y virtudes que lo hacían único.

Y reivindica sobre todo los libros que él escribió. Porque fue mucho más que alguien que escribía sobre Egipto o novelas de humor absurdo. También fue un pionero que no dudó en mezclar Hollywood y los tebeos con el arte clásico, sadomasoquismo con costumbrismo. Incluso juntó pornografía gay con ciencia-ficción y crítica al Poder. Él mezclaba y con esa mezcla, la mayoría de las veces, acertaba.

Todo ello, fruto de un hombre culto, aunque a veces él pareciera empeñado en esconderlo. Viajero incansable, también: veintisiete viajes a Egipto (se dice pronto), pero también otros tantos a París, Londres, Roma, Grecia, Estados Unidos… Una vida por la que pasó gente interesante, además. De Pier Paolo Pasolini a Rafael Alberti, pasando por Maruja Torres o Nuria Espert.

Hace ya 10 años que murió y todas las formas de recordarle son bienvenidas. Una puede ser adentrarse en esta biografía, pero la mejor, sin duda, sería darle una oportunidad a sus libros. Las memorias El peso de la paja, el novelón El día que murió Marilyn o incluso, por qué no, la operística No digas que fue un sueño. En todos sus libros se pueden encontrar pistas de un talento y una personalidad desbordantes. A mí me enseñó a vivir como yo quería y a tener ambiciones. Gracias, Terenci.