La evolución del hombre al pájaro (I)

Hay espaldas grandes que dan pie a historias breves. Esos minutos antes del amanecer en que tú ya te has despertado y el otro no. Como no tienes que decir nada, tan solo te limitas a mirar o admirar. A contar lunares bajo el sol que se filtra por la ventana. Una imagen que no volverás a ver porque nunca iréis juntos a la playa y lo más seguro es que ni siquiera compartáis ducha. Os encontrasteis en el lugar y el momento vital equivocados. Solo te queda ahora, este instante fugaz antes de ponerte a buscar tus calzoncillos. Mentirías si dijeras que te has enamorado, pero qué espalda tan bonita. Podrías dedicarle un poema o una canción. Y lo haces. Las mejores cosas nacen de escenas así: pasajeras, íntimas, solo a ti te importan y aun así las compartes con la esperanza de que para alguien más signifiquen algo.

Hay viajes que marcan un antes y un después. Viajes donde una sonrisa a tiempo lo cambió todo, donde las casualidades se alinearon para que la ciudad se abriera de piernas para ti y nadie más, donde cada calle húmeda o estrecha tuvo sentido porque te llevaron a disfrutar de un vino blanco en tu nueva terraza favorita. Viajes de los que podrías evocar tantas anécdotas y batallitas que al final se reducirían a palabrería barata. Quizás, para explicar la transformación vivida en esos viajes casi mitológicos, lo mejor sea hacerles justicia, dándoles un título que ya lo dé a entender todo. Mi primera noche en Londres, por ejemplo. Y repetirlo a modo de mantra.

Y hay hombres valientes que echan a volar. Víctor Algora presenta nuevo proyecto en solitario: La evolución del hombre al pájaro, una serie de EPs que en otoño culminarán en un disco. Por ahora nos llegan estas dos canciones electrónicas, nocturnas, llenas de sexo y energía y recovecos en los que perderte. Justo aquí, en este cruce, los faros rojos de los coches se alargan y alargan al ritmo de los semáforos en verde para que siempre te sientas joven.

Eva Mengual : El camino del amor

Hay libros que no son para ti. Al menos, no para este momento. Los lees porque, por carambolas del destino, han llegado ahora hasta tus manos, pero mientras vas pasando sus páginas solo puedes pensar en alguien que conoces. Un amigo a quien le vendrá bien leerlo. El camino del amor es uno de esos libros.

Otros títulos de esta colección, como Los cerezos en diciembre, me inspiraron en su día. Cuentan historias sencillas sobre conflictos cotidianos y esas soluciones que no siempre recordamos. Este trata del amor, claro. De una ruptura, más concretamente, y no sé qué ha ocurrido pero en los últimos meses me han rodeado unas cuantas.

Amigos que se separan, amigos que tendrán que descubrir por su cuenta lo mismo que yo hace tres años: que la soltería está para disfrutarla, para cambiar tu escala de valores:  lo que quieres y lo que no quieres. Para quererte mucho, también, y así ser mejor persona cuando alguien nuevo llegue.

En este proceso, no todo el mundo lleva el mismo ritmo. A algunos les toma más tiempo. A ellos les recomendaré El camino del amor. Habla de ese lento abrir de ojos, desde que te sientes en mitad de una carretera desértica donde nadie dará contigo hasta que por fin los árboles que has plantado dejan ver sus frutos.

No es que un libro te pueda cambiar la vida. Los libros solo pueden darte pequeños empujones hacia la cima. Mil páginas, mil personas te repetirán lo mismo y aunque sepas que tienen razón, no les harás caso: no es lo que necesitas ahora. No sabes qué necesitas, pero eso no. Hasta que quizá un día, de la nada, llegue una frase. Dirá lo mismo que tantas otras y sin embargo lo hará con palabras distintas. Palabras que conectan puntos. Que te devuelven la energía, las riendas. Entonces te descubres todopoderoso y comprendes que todo tuvo sentido.

La ventaja de volver a empezar sola es que puedes hacer todo lo que tú quieras y como tú quieras. Es como si la vida te diera una oportunidad nueva para hacerlo diferente y, quién sabe, quizá mejor. Quiero que sepas que puedes contar conmigo siempre que me necesites.

Más

Encender la luz. Click, y todo se aclara. Un gesto al alcance de cualquiera pero que tan a menudo olvidas. Como si dar con el interruptor no fuese de lo más sencillo, como si tampoco fuera importante. Ese avanzar entre tinieblas lo conviertes en un juego aunque nunca vaya a ser uno divertido.

No quieres ser como ese bonito bar de Gracia que solo destaca de día, cuando nadie puede entrar a tomar uno de sus cócteles. De noche está lleno de modernos y turistas, pero ni siquiera ellos pueden apreciar las coloridas paredes. Favoreciendo la intimidad, los camareros mantienen las lámparas a medio gas, y así no hay quien vea los colores ni las sonrisas que tiene justo delante.

Te gustaría parecerte a la cantante que ayer deslumbró al público junto al puerto. No era Rihanna ni era Brequette pero podría haber sido ambas porque se lo creía. Sobre el escenario, lucía gestos de estrella: echaba la melena hacia atrás, se contoneaba, gemía. Pedía a los músicos que acompañaran sus gorgoritos y ellos lo hacían. Pedía a la gente que se acercara y todos se acercaban. Sí: ella cantaba bien y los demás aplaudían.

Te gustaría ser como las farolas del paseo nocturno. Recién instaladas, blancas. Iluminan un tramo antes oscuro y lo hacen con la luz más potente, porque nada ilumina tanto como una bombilla nueva. Ser como ellas, como la mariposa en llamas, como la luna llena. Brillar incluso de noche, alumbrarlo todo desde lo alto del cielo.

We can be heroes

La semana pasada vi cómo los egos empañaban varios proyectos colectivos en los que colaboro. Crearon pequeñas grietas que, como todas las grietas, irán ensanchándose con el tiempo. Supongo que es inevitable porque, al fin y al cabo, ni en grupo alguien puede dejar de ser uno mismo. Pero es una lástima.

No conoceréis a nadie más individualista que yo. Incluso egoísta, a menudo. Me gusta mi espacio y me gusta defender ante todo lo que es mío, sí, como a todo el mundo. Aun así, cuando me implico en un proyecto con más gente es para que todos ganemos. Un poco como ese sentimiento de colmena de los japoneses. Todos a una y una para todos.

Está claro que si participas en algo es para sacar algún beneficio para ti. Notoriedad, contactos, dinero. Nadie invertiría horas en nada si no obtuviera algo a cambio. Y que nadie se engañe: la realización personal también es un beneficio.

Tarde o temprano ves que el de al lado destaca más que tú. Y tienes miedo. De que pise tu terreno, de que en adelante te quedes diminuto y los demás te ignoren. Hasta que al final te das cuenta: lo bueno de pertenecer a un grupo es que cuando uno brilla, consigue que los demás brillen a su lado. Y además puedes transformar la envidia en ganas de superarte. «Yo también puedo hacerlo, y mejor que nadie.» Así mejoras tú y se fortalece el grupo. No seamos enemigos, sino héroes unidos.

Lea Michele : Louder

Este año me pierdo entre tanta novedad musical. Cada semana salen decenas de canciones que deberían gustarme, y me gustan, pero en general no me entusiasman. Noto cada vez más que se busca el efectismo, el sonido a la última. Y eso, a la hora de escuchar discos al completo me agota, para qué voy a decir otra cosa. Pasan las canciones y no sé qué me quería decir el cantante o el grupo.

Así llega a mi vida Louder. Supone el debut de Lea Michele, «protagonista» de Glee, una serie de la que me despedí ya hace casi dos años. Será por el cariño que le tenía a su personaje o será porque me ha pillado con la guardia bajada, pero el caso es que este disco me ha encantado de principio a fin. Por fin una voz que no busca sorprender sino emocionar.

Si has visto algún capítulo de Glee, ya podrás imaginar por dónde van los tiros: mitad baladones de muchísimo drama (con Battlefield a la cabeza) y mitad himnos movidillos para levantar el ánimo, con letra optimista hasta las trancas y percusiones que acompañarán todos tus pasos. La que da título al disco te invita a hacerte valer a gritos y Cannonball quiere que vueles. Sí, Lea Michele se mantiene fiel al espíritu Disney de la serie que la hizo famosa y yo encantado.

Siempre vienen bien temas así en el mp3: para comerte el mundo por la mañana y para amenizar cualquier día tonto que se pueda cruzar con tu sonrisa. Ella también ha pasado por eso, te canta al oído. Quieras aplausos o lágrimas, ella seguirá contigo. No dudo que habrá álbums mejor producidos, más novedosos y que aún nos esperan grandes cosas en 2014. Pero de momento ninguno lo he escuchado tanto como Louder. Al final bastaba con emocionarme.

And now I will start living today 
Today, today I close the door 
I got this new beginning and I will fly 
I’ll fly like a cannonball 
Like a cannonball 
Like a cannonball 
I’ll fly, I’ll fly, I’ll fly like a cannonball