10.000 km

«¿Dónde irás si nunca vuelves?», se preguntaban Pastora en la canción 1.000 kilómetros. Los Ángeles está aún más lejos y esos 10.000 km que la separan de Barcelona dan título a una película acerca de la distancia. No solo la distancia física sino sobre todo la emocional, mucho más peligrosa. Esta es insalvable.

Cuando hay pequeñas tradiciones de pareja, no cuesta crear puntos en común. Trincheras donde acomodarse entre las sábanas, puentes de madera. Nexos inestables que la primera borrasca se llevará por delante. El paisaje cambia y entonces, frente a la ventana o la pantalla del ordenador, es cuando te das cuenta de que no hay vuelta atrás. Todos los defectos encantadores se han convertido en molestias; los pequeños esfuerzos, en sacrificios. Sigue leyendo

Nell Leyshon : Del color de la leche

«A veces me tengo que recordar a mí misma que estoy triste por algo. Sino, me pongo contenta otra vez.»
De la vida en el campo no esperas nada. Sembrar temprano, muñir la leche caliente, recoger la fruta madura antes de que caiga al suelo. Repetirlo de sol a sol, como se suele decir. La protagonista está acostumbrada a esto y no aspira a nada más, ni siquiera sueña con el cambio: nunca se lo ha planteado, nadie le pregunta.

Pero los caminos aparecen incluso cuando no los ves, y entonces no queda otra opción que tomarlos. Sigue leyendo

Dom Hemingway

«A man with no options
suddenly has all options in the world.»
Eres quien eres, y te gusta, y alardeas de ello… hasta que ser quien eres te mantiene alejado de lo que quieres. La identidad puede ser una carta de presentación o una cárcel. Irá descubriéndolo Dom Hemingway: cuando queda en libertad tras 12 años prisionero, querrá ser más él que nunca. Como si eso le garantizara algo, como si le acercara a alguien o alguna parte.
El protagonista recibe el puñetazo más doloroso: el de la realidad. Y entonces termina la comedia gamberra sobre delincuentes que hablan de su polla como si fuera una obra de arte. Desaparece la alargada sombra de Guy Ritchie, en favor de un drama extraño. No estás acostumbrado a que alguien como Dom se pregunte según qué cosas.

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Coldplay : Ghost Stories

El final del amor. La incertidumbre y el no poder creértelo, los celos, dudar si darás el paso, el derrumbe, la nostalgia tan amiga de la idealización, ese paso tras otro que te lleva hacia adelante, el olvido guardado en el cajón como un postal de antiguas vacaciones. Todos sentimos lo mismo, aunque sea en un orden distinto.

Aquí hay canciones pequeñas. Para dejarse abrazar o para abrazarse uno mismo. A base de susurros, los versos intentan aferrarse a algo que ya no existe. Los fantasmas abundan, vagan de una canción a otra intentando comprender. Ecos, pianos. Sonidos para atesorar bajo la almohada. Solo al final vuelve el ritmo. Al final, sí: al borde del próximo principio. La euforia tras la tormenta silenciosa.

Un canto en honor a lo que se alejó por el horizonte y que ahora te lleva a ver las estrellas. Ese cielo lleno, llenísimo de estrellas. Cuando se cierra el círculo, lo confirmas. Continúas creyendo en la magia. Y en adelante, volverás a amar como si el amor fuera eterno, pero recordando que nunca lo es. El final del amor: su tristeza y nuestras lecciones.

And if you were to ask me
After all that we’ve been through
‘Still believe in magic?’
Yes, I do

Passing birds

¿Puedes pararte en el movimiento? Sería la única forma de conseguir una cosa y su opuesta. Porque me voy dando cuenta de que lo anhelamos todo. Una vida estable y agitada, disfrutar de nuestra soledad con el apoyo incondicional de una pareja, alguien que diga un sí taimado y también alguien que lo grite más fuerte. Lo queremos todo sin comprometernos a nada. Una libertad a medias en la que sentirnos cómodos.

Supongo que no podemos evitarlo. Nos dijeron que soñando todo ocurriría y lo creímos a pies juntillas. Y soñamos, y llegaron cosas, y siguieron apeteciéndonos otras. Contradicciones de la vida moderna cuando todo debería ser más sencillo.

Desde fuera, todo se ve tan claro. Ella debería apartarse de su ex, él tendría que apostar por la opción segura, el otro podría terminar de una en una sus historias en vez de pretender abarcarlas todas. Pero puede que solo estén, estemos jugando. Aprendiendo malabarismos. Y quizás esté bien así, porque si no hemos venido a jugar, ¿qué hacemos aquí?