A de amor es la novela más bonita que he leído este 2012. En realidad no sé si es un novela. Podría ser un diario original, o el recopilatorio de muchas entradas de blog. El título inglés, The Lover’s Dictionary lo describe bien: un romance en forma de diccionario. La idea es muy potente.
Cada «capítulo» consta de una palabra y la descripción que el narrador asocia a ella. Es un libro sincero, porque así es como se recuerdan las historias. No por orden cronológico, sino por esos instantes que las definen: los puntos de inflexión, las cosas pequeñas, las sensaciones, los darte cuenta, los pasos dados, las conversaciones sacadas de contexto, los miedos y las ganas, los olores.
Las entradas pueden ser de una frase o cuatro párrafos, y curiosamente las más cortas se intuyen las más significativas. Son como ventanas abiertas a un mundo del que vas uniendo puntos, levantando sábanas para conocer a sus dos habitantes. La cama convertida en universo. Imposible no emocionarse o sentirse identificado, un cosquilleo constante.
A modo de ejemplo, un par de las entradas más cortas y otra de las más largas:
Reproche
No me gusta que uses mi champú porque cuando lo haces tu pelo huele a mí, no a ti.
Voluminoso
Ya he pasado casi cinco mil horas dormido a tu lado. Eso tiene que significar algo.
Catalizador
Me sorprendió, aún me sorprende, que fueras tú quien lo dijera primero.
En cierto modo yo era un ingenuo que esperaba que esas dos palabras aparecieran en negrita con música de fondo. Pero, en cambio, el momento fue de lo más corriente. Había terminado la película y me levanté para apagar el televisor. No lo hice inmediatamente: habían pasado unos minutos desde que aparecieron los últimos títulos de crédito y seguíamos sentados en el sofá, tus piernas sobre las mías, tu mano rozando la mía. Por fin el vídeo terminó y la pantalla se quedó azul.
-Ya voy yo -dije.
Me dirigía hacia el aparato cuando dijiste:
-Te amo.
Nunca te lo pregunté, pero siempre me haré la misma pregunta. ¿Qué pasó en ese instante que te hizo ser consciente de ello? O, si ya lo sabías desde hacía tiempo, ¿qué te impulsó a decirlo precisamente entonces? Me encantó oírlo, me encantó tanto que con las prisas de decirte que también yo te amaba dejé la tele encendida, dejé que esa luz azul nos bañara un ratito más, y volví al sofá, a tu lado. Estuvimos un rato abrazados, sin saber muy bien qué pasaría entonces.

Creo que el mayor mérito del libro es que te invita a elaborar tu propio diccionario. Porque cada historia tiene uno y merece la pena recogerlo. Mientras escribía esta frase, me ha sonado en el móvil su melodía, la de Él, he sonreído y así he descubierto la primera entrada de la que me dejaría dejar constancia: Canción.