Haruki Murakami – Baila, baila, baila

No es un tópico. Murakami tiene algo que atrapa. Hipnótico. No siempre ocurre, a veces me he encontrado con libros suyos en los que no he podido avanzar más de 50 páginas. Pero cuando la magia se activa, Murakami te arrastra con él a ese mundo en el que parece que no ocurre nada y sin embargo pasa todo.

Los personajes del escritor japonés siempre están buscándose a sí mismos. Buscando ponerle nombre a algo que dará sentido a sus vidas. El protagonista de Baila, baila, baila (secuela de tapadillo de La caza del carnero salvaje, aunque se puede leer suelta), también emprende esa búsqueda. Casi sin quererlo. Algunos ascensores se ponen en marcha sin que tengas que apretar ningún botón.

Hay mucha música rock, asesinatos, viajes a la fría Sapporo y a la surfera Hawai, sexo a granel y sobre todo paseos, cocina, cine, lectura, el reencuentro sosegado con uno mismo. Tu casa, tu coche, tu compañía. Tu lugar. Lo que decía: pasa todo sin darte cuenta. Cada día es decisivo aunque «sólo» disfrutes de ti mismo, significa que sigues en movimiento.

Lo he pasado muy bien con esta novela. Pasa a ser una de mis favoritas de Haruki Murakami. Y como todas, ha llegado cuando tocaba. Porque Baila, baila, baila trata sobre todo de conexiones. Conectar los puntos, conectar los cuerpos. Todo es lo mismo. Es muy fácil. Coges el conector y…

No dejes de bailar mientras suena la música. ¿Lo entiendes? Baila. No dejes de bailar. No pienses por qué lo haces. No le des vueltas ni le busques significados.

El amigo de mi hermana

Mumblecore. Por lo visto, en Estados Unidos, a las películas independientes de bajo presupuesto y mucha conversación ahora se las llama así. Tecnicismos al margen, no os dejéis engañar por el póster: ésta es una película humilde y sencilla, no es la típica comedia romántica de Hollywood.

De hecho, ni siquiera es una comedia romántica. Te ríes, sí, pero siempre con el corazón encogido y entre drama y drama sueltas alguna carcajada. Es todo tan natural como la vida misma, otra de las características del mumblecore: naturalidad. Los diálogos fluyen como si los personajes estuvieran sintiendo y descubriendo las cosas al mismo ritmo que el espectador.

Todo el peso de la película recae sobre tres únicos actores. No improvisan, pero lo parece. Destacan sobre todo ellas. Emily Blunt sigue acertando al elegir sus papeles. Rosemarie Dewitt ya me encandiló en United States of Tara y aquí borda el papel más complejo de El amigo de mi hermana. Un aplauso a la dirección de actores.

La importancia de la sinceridad, de afrontar los retos con honestidad. Expresar tus sentimientos. Quién lo iba a decir: abriéndote al mundo, consigues que los demás se abran a ti. Recuperar las cosas que te gustan, salir de casa. Obligarte a montar en bici aunque ya no tengas el cuerpo para estos trotes.

MIKA – The Origin of Love

Me gusta Mika. Es decir, me sigue gustando Mika. Siempre lo vi como una versión casi adulta de Aqua, con su apuesta por el desenfado más colorista, su falsete, su mundo de piruletas y poses de Freddie alternándose con muñecos gays y felices mujeres con sobrepeso. Ahora llega otro episodio: el tercer disco, titulado The Origin of Love.

La portada rompe con todo el grafismo anterior. Intuyes que al cambio de imagen lo acompañará un cambio de sonido. Ojalá, piensas, porque su fórmula tenía fecha de caducidad. Y en cuatro canciones, las mejores, es así; pero el resto, por desgracia, suenan a descartes de los discos anteriores. No me refiero a descartes de los de: «¿pero cómo dejas esto fuera?», sino de los otros, de los de «hiciste muy bien».

Por ejemplo: CelebrateLola, que de puro tontas se dejan escuchar pero nunca acaban de despegar. O Love You When I’m Drunk, pseudo-imitación de su propio imitador King Charles. En cambio, cuando Mika se descalza y prueba cosas nuevas, acierta en la diana. Y mira que era fácil, la prueba la tuvo con el pelotazo Elle Me Dit, que aquí aparece en inglés bajo el título Emily. Después de una nueva intro a lo Call On Me, vuelve ese estribillo irresistible: dance, dance, dance.

A bailar te invita también con la trepidante Stardust, imagino que producida por Benny Benassi. Es un viaje de ida y vuelta a las estrellas en busca del amor. Será single y habrá remixes, seguro. La robótica Make You Happy emociona cuanto más se distorsiona la voz. A ratos, el cantante suena irreconocible, pero sabes que es él.

Y entonces llega Origin of Love. No conquista sólo por sus coros a lo Rey León, su ritmo funky, sus palmadas o su melodía de nana eurovisiva. No, lo mejor de todo es que aquí notas a Mika realmente cómodo. Hasta él lo sabe. Éste era el camino. Enamorarte no implica salirte de la línea sino tener ganas de saltar hacia adelante.

Like stupid Adam and Eve
They found their love in a tree 
God didn’t think they deserved it 
He taught them hate, taught them pride 
Gave them a leaf, made them hide 
Switched their stories aside 
You know the origin is you.

Michi Kobayashi – El principio del círculo

«¿Nunca has estado con nadie que necesitara
darte la mano, abrazarte o besarte?»

Parece que la editorial Comanegra se está especializando en editar fábulas de autoayuda con ambientación japonesa. No sé si será un nuevo género, pero ya han editado tres libros así: La ley del espejo, Los cerezos en diciembre y éste. Por mí, que sigan con el proyecto: se leen en menos de una hora y levantan el ánimo.

El círculo de la portada, trazado con pincel y tinta china, es uno de mis símbolos favoritos. Sé que algún día tendré un despacho con un cuadro así. En El principio del círculo sirve para explicar la importancia de la comunicación entre dos personas y, más aún, del contacto físico.

A menudo te quedas en las palabras. Ya lo has dicho todo, tu boca se ha desbordado, ¿qué más podrías hacer? Pues expresarlo con gestos, por ejemplo. Expresarlo de verdad. Demostrarlo. Caricias, abrazos, miradas, besos, mimos, ligeras presiones. Tu cuerpo sólo sabe decir la verdad.

Estás tan seguro de lo que sientes hacia los demás (familia, pareja, amigos), que te olvidas de hacérselo saber. No comparto el aire anti-tecnológico del libro, pero sí defiendo su apuesta por la comunicación. Las cosas que no se dicen, las cosas que no se expresan, no las saboreas tanto como podrías. Toquémonos.

Si evitamos el contacto nos perderemos muchas cosas bonitas. Hay un cuento que dice que, en una ciudad donde pasaban cosas sorprendentes, un día todos los habitantes se despertaron con azúcar en los labios. Pero los granitos de azúcar eran tan pequeños que no se veían. ¿Y sabes qué pasó? Que sólo se dieron cuenta de ese hecho increíble los que, al despertarse, se besaron en los labios.

I sold my bed but not my stereo

Qué diferencia. Anoche estuve en dos conciertos y no hubo color. Después del riguroso playback de una sosilla Florrie, me golpeó en la cara el espectáculo festivo de Capital Cities. Con ellos empecé 2012, así que tenía especiales ganas de verlos en directo, y superaron todas las expectativas. Luces de colores, lo pasaré bien.

También es verdad que ellos actuaban en la sala principal de Razzmatazz, el escenario era más grande y podían lucirse. Florrie, en cambio, tenía que pedir permiso incluso para mover los brazos y caminaba de puntillas para no pisar los cables, no fuera que desenchufase la voz enlatada y se descubriese el truco.

Pero Capital Cities no se limitaron a tocar las versiones del disco (EP). Las adaptaron al directo, más cañeras, con más electrónica, más ritmo, solos de trompeta animando al personal. Y mucho desparpajo, porque lo que tenían los californianos era sobre todo eso: gracia, carisma. Nos enseñaban coreografías, se permitían locuras. El contraste entre sus trajes y sus camisas hawaianas lo simbolizaba todo.

Quizá Florrie supo a poco porque lo que antes me parecía bien, ahora es sólo el punto de partida. He descubierto que se puede ver el mundo con las gafas enormes de Capital Cities. Arriesgar, probar cosas nuevas, lanzarme. Quiero energía. Que me den energía. Que me electricen como hicieron ellos incitándonos al salto, al aplauso, a la diversión. Quiero sorprenderme cada día con una sonrisa, sí.