Keep your shoes on

Un concierto en lunes. Qué pereza, piensas a priori. Los conciertos pertenecen al fin de semana. Como no hay otra fecha para elegir, vas puntualmente el lunes al concierto. Y entonces sales extasiado después de saltar y cantar durante dos horas. La semana no podría haber empezado mejor. Todavía dura la sonrisa.

Y es que con la fiesta que trajeron Scissor Sisters a Razzmatazz, cualquiera no se lo pasaba bien. Ni decepción ni sorpresa: eran tal cual me los esperaba, la verdad. Divertidos, traviesos, horteras en su justa medida, juergueros, coloridos y muy sexuales. Sorprendía quizá esa humildad, unas ganas sinceras de mimar a su público. Tan entregados estaban que, aunque las bromas se repitan en cada ciudad (los casi desnudos de Jake, la felación al micro, etc), tú no lo notas, parecen espontáneas.

Enlazaron hit tras hit. Desde una juguetona Any Which Way hasta el apoteosis de Filthy/Gorgeous, uno de sus primeros éxitos, cuando aún parecía que se comerían el mundo. No fue así, pero por el camino nos han brindado una galería de temazos. El lunes los bailamos casi todos: I Don’t Feel Like Dancing, irresistible como siempre, las explosiones de Fire With Fire y un Take Your Mama que por fin me encandiló.

Ana Matronic no es la panderetera y corista del grupo (para eso ya están las chonis); de hecho, ejercía de maestra de ceremonias, conectando con el público más que el líder del grupo. Normal: las poses de ella son tremendas, sabe ser chistosa y sexy a la vez. Brilló con Let’s Have A Kiki. Aprendimos, eso sí, que con «kiki» ellos no se refieren a un polvo sino a un desmadre de fiesta. Vaya, que los españoles somos más listos.

La gran sorpresa fue Somewhere, la última canción del último disco; en directo recordé lo buena que es. Pero mi canción más esperada era, por supuesto, Invisible Light y aunque el interludio hablado no tiene la misma fuerza con la voz de Ana Matronic, ahí estaba el subidón final para arreglarlo todo. Bravo. Sobre el escenario sólo había temazos y en la pista todos éramos felices. Cada lunes, un concierto.

Looper

Los viajes en el tiempo molan. La idea, esa paradoja de que si cambiases el pasado, lo alterarías todo. De Regreso al futuro a Minority Report, pasando por Lost, muchas son las historias que han usado el tiempo como fuente de inspiración. Hasta Oscar Wilde tenía un cuento en el que un hombre sufre por conocer su futuro.

Looper no deja de ser Terminator con pinceladas de Akira y, otra vez, Minority Report (me encanta esta película). En definitiva: no inventa nada, pero maneja sus referentes tan bien que viéndola solo piensas en lo bien que te lo estás pasando. Ni te mueves de la butaca mientras esos dos hombres, que son uno solo, saltan, se enamoran (no entre ellos, claro: sería el incesto definitivo), se enfrentan, colaboran a regañadientes.

El primer tramo es épico, sienta las bases de un mundo que podría ser el nuestro si no fuera porque las motos vuelan. Pero la decadencia, el colapso, el escapismo de las drogas y el sexo y el ocio, el tirar adelante a cualquier precio, rebelándote contra ese futuro que quieren dictarte los mandamases, todo eso lo tenemos ya. Así es la ciencia-ficción: muchas metáforas para disimular el espejo.

Al bajar el telón, Looper deja algunos cabos sueltos, como si en el último momento se lo hubieran pensado mejor y hubiesen optado por una historia más intimista, nada de giros de tuerca destroza-mentes en los últimos cinco minutos. Aunque frene a un paso de la línea de meta, la película es de lo mejorcito del año, al menos en su género. No se convertirá en un clásico pero los homenajea a todos.

Kiss you off

Un beso siempre es un beso. Pero éste se llama el Beso de Marsella. Han pasado apenas unas horas y ya es un símbolo. En Francia y en el mundo entero. Esta mañana, en Marsella, dos chicas se han topado con la protesta «Un papá, una mamá», en contra del matrimonio igualitario y convocada en 75 ciudades francesas, y han decidido besarse delante de las manifestantes.

Lo mejor: las dos chicas no se conocían, ni siquiera son lesbianas. Fue un gesto espontáneo. Tiene más mérito, pues. Un acto de normalidad y un toque de atención. Para estas señoronas (me las imagino gritando «¡esto es un desmadre!«) pero también para quienes aún no se atreven a besarse en público.

Y es que hay que predicar con el ejemplo. Acudir a la manifestación del Día del Orgullo y bailotear en discotecas gays está muy bien, pero la normalidad llega por otros derroteros. Poniendo ladrillos arcoiris día a día. Nadie dijo que vivir libre y feliz sea sencillo, pero para estas chicas tampoco ha debido ser fácil besarse delante de una horda homófoba, y sin embargo lo han hecho.

Tenemos la suerte de que, aquí y ahora, podemos ser nosotros mismos. Yo no entiendo otra manera de vivir. Muchas de esas señoras en contra del matrimonio igualitario lo están porque jamás han visto que el amor existe más allá de las fronteras que ellas conocen. Nuestra responsabilidad es enseñárselo. Besar como sientes, escribir como sientes. En la calle, en el trabajo, en las redes sociales. Atreverte, como las chicas de Marsella. Hay que volar a diario.

Children of the Sun

Supongo que todos lo hacemos. Suena una canción y piensas: sería la banda sonora perfecta para el libro que me estoy leyendo. O caminas por la calle con la música puesta, y de repente, te sientes en medio de un videoclip. No ves las cámaras, pero las escaleras se vuelven escalinatas, haces una aparición estelar a cada paso, caen confettis dorados, la gente te sigue haciendo un divertido flashmob.

Pues bien, el otro día escuché una canción nueva: Children of the Sun de Dead Can Dance, y el impacto fue fuerte. No conocía el grupo, no tenía expectativas. Suena como David Bowie producido por Woodkid. Y lo mejor de todo es que se desplegó en mis ojos una película entera. Ni vídeoclips ni escenas, toda la película ante mis ojos.

Así que pensé que tendría que ponerle banda sonora y me puse a recopilar canciones que encajasen en mi visión. La aventura que yo viviría si la vida fuese una película con monstruos que hay que escalar y niños que vuelan sobre Los Ángeles y relojes que en vez de tic-tac hacen música y príncipes que viven en ruinas escondidas entre las nubes. ¿Cuál es tu película y qué música suena en ella?

Dead Can Dance – Children Of The Sun
Woodkid – Run Boy Run
Brandon Flowers – Playing With Fire
The Black Keys – Lonely Boy
Rufus Wainwright – Sometimes You Need
Emeli Sandé – Read All About It, Pt. III
Lana Del Rey – Born To Die – Woodkid & The Shoes Remix
Natalie Imbruglia – Wild About It
Noah And The Whale – Just Me Before We Met
Saint Etienne – Over The Border
Groove Armada – Hands Of Time
Pet Shop Boys – The way it used to be
The Sound of Arrows – Ruins of Rome
Madonna – Easy Ride
Rebekka Karijord – Wear It Like a Crown

Frankenweenie

«A la gente le gusta lo que la ciencia le da,
pero no las preguntas que plantea.»

Ya tocaba. Llevaba ya un tiempo que las películas de Tim Burton no me emocionaban como antaño. Demasiado Johnny Depp y demasiada Helena Bonham-Carter. Sombras Tenebrosas ni siquiera la vi. Deposité mis esperanzas en Frankeweenie: un perro monísimo, stop-motion, nada de actores fetiche (aunque regresa Winona Ryder).

Todo prometía, y así ha sido. Me he reconciliado con Tim Burton. Veremos cuánto me dura. La película es una versión extendida del mediometraje que le costó su puesto en Disney en los 80… y ahora es una de las apuestas de animación de Disney para el otoño. Las vueltas que da la vida. Nada como triunfar para que te den carta blanca.

Aquí, Tim Burton consigue un equilibrio casi perfecto entre lo tierno y lo macabro. De puro feos, los bichos son adorables. Y hay, sobre todo, muchos, muchísimos guiños al género de terror: Godzilla, la persecución con antorchas de Frankestein, el lavabo de Jurassic Park, las palomitas de Gremlins… ¡Hasta proyectan Bambi en un cine!

Amistad de ultratumba, pero también amor (ya sabes: perro conoce a perra y se chutan la pelota de un lado a otro de la valla). De eso va la película. Y de intentar lo imposible, seguir intentándolo cueste lo que cueste. Pero con intenciones buenas, ojo. Ya que puedes conseguirlo todo, mejor conseguir algo bueno.
Otra virtud del film es su galería de estrafalarios secundarios. El profesor, el amigo jorobado (guiño a Igor, el mayordomo del Doctor Frankestein), la vecina siniestra, la niña cadáver y su gato Bigotitos (#amor) con las cacas-oráculo (#amor2)… Todos tienen su momento en la película. Lo dicho: Tim Burton en estado de gracia.

Técnicamente impecable, de guión algo previsible (o eso crees), con música (claro) de Danny Elfman y un auténtico festival de referencias cinéfilas… lo mejor que se puede decir de Frankenweenie es que me han entrado ganas de volver a leer La melancólica muerte de Chico Ostra. Y eso son palabras mayores.

PD: ¿Soy el único que piensa que la cruz de la tumba es un homenaje a Gaudí?