A whole new world

Un mundo ideal. Eso nos prometían, ni más ni menos, las películas de Disney. Las antiguas, cuando éramos niños. Mundos mejores donde ser feliz, a veces mediante magia y a veces, simplemente, mirando a tu alrededor con ojos distintos. Todos boquiabiertos delante del televisor, rebobinando una y otra vez la cinta de vídeo.

Querías formar parte de ese mundo. Bajo el mar, volando cometas o dándote un atracón en el castillo. Los vagabundos conquistaban a las princesas y los deshollinadores montaban un espectáculo pirotécnico por los tejados de Londres. No me extraña que tantos gays sean seguidores de Disney, hay mucho de nuestra lucha en esas películas sobre soñar lo imposible.

Ponerte una banda sonora de Disney es un subidón. Alegran cualquier día. Personalmente, me gustan más en inglés, aunque reconozco que con la de Peter Pan se me ha escapado un «volarás, volarás». Estas 13 canciones son solo algunas de mis favoritas. De Aladdin, El Rey León y Mary Poppins pondría los discos enteros. Espero que te guste la selección. Recuerda que también hay colores en el viento.

Aladdin – A Whole New World
The Lion King – Hakuna Matata
Mary Poppins – A Spoonful of Sugar
The Lion King – Circle of Life
The Little Mermaid – Part of Your World
Aladdin – Prince Ali
Mary Poppins – Let’s Go Fly A Kite
Mary Poppins – Chim Chim Cher-Ee
The Little Mermaid – Under The Sea
Pocahontas – Colors of the Wind
The Jungle Book – The Bare Necessities
Peter Pan – You Can Fly! You Can Fly! You Can Fly!
Beauty and the Beast – Be Our Guest

Bar L’Escenari del Teatreneu

Bueno, bonito, barato. No hay mejor forma de describir L’Escenari (más conocido como «el Teatreneu» a secas, como el teatro multisalas junto al que está alojado). Es ese restaurante socorrido al que vas cuando estás por Gracia y surge la pregunta «¿dónde cenamos?». Y es que tienen tarifa plana: todos los platos a 4,40€.

Las raciones son razonables pero recomiendo compartir como mínimo una ensalada (la de pasta o la de tomate con mozzarella). De platos principales hay buena variedad: crepes diversas (la de jamón del país y queso… ¡ñam!), pasta, crujientes (una especie de pizzas de hojaldre, mi favorita es la Otelo con calabacín, cebolla, champiñones y queso de cabra), provolone… Comida tan sencilla como rica, y con nombres divertidos del mundo del teatro: salas, dramaturgos, obras famosas.

Asegúrate, eso sí, de que vas con gente de buena conversación. Porque se toman su tiempo en servir, ya lo avisan en un cartel: lo suyo es la slow food, así que os pasaréis un buen rato hablando. Ideal para una segunda cita, por ejemplo, cuando toca conocerse más, confirmar afinidades, quedar bien para una tercera y definitiva cita.
El entorno acompaña, además. Todo el bar está ambientado a modo de escenario de un teatro, con muebles de madera, bambalinas, un piano, muchos libros. Una de las salas del teatro está en la parte trasera (no confundir con la puerta del baño, camuflada en el decorado). Muchos detalles: algunos los vas descubriendo visita tras visita; otros sorprenden nada más sentarte, como las cartas, con forma de entrada.
El barrio de Gracia está lleno de buenos restaurantes, pero el Teatreneu es uno de mis fijos. Apto tanto para un cumpleaños en grupo como para algo más íntimo, y con una carta lo bastante variada para que haya algo que te apetezca. Por cierto, que no había comentado la crepe de chocolate con nueces. Casi siempre acabo pidiéndola de postre. La mejor forma de evitar la tentación es caer en ella, sin duda.

C/ Terol 26-28 (Barcelona)

Fun. – Some Nights

Hay que dar oportunidades. Segundas y terceras y las que hagan falta. No a lo loco, claro, el último disco de The Killers no mejora por más escuchas que le doy, pero luego hay casos como Fun. Su himno We Are Young me enamoró desde que lo cantaron en Glee y el primer chapuzón en el disco fue en plan: «no hay nada igual».

Y puede que sea verdad. No hay nada a la altura de un temazo tan inmediato, nada para cantar a coro en la fiesta de graduación, sangría en mano. Pero las canciones más humildes también pueden tener chicha. Los títulos están entre lo más optimista del año: Carry On, All Right y, por supuesto, It Gets Better.

La música acompaña, con ese toque a medio camino de lo excéntrico y lo hipster, desenfreno estudiado, un Mika que acaba de descubrir las guitarras y el sonido de banda. Cantan las canciones que habrías querido cantar mientras estudiabas. Cuando querías dejarle bien claro al mundo que eras invencible y auténtico.

Además, uno de los miembros Jack Antonoff (el adorable nerd de las gafas) es novio ni más ni menos que de Lena Dunham, y eso suma puntos. Seguro que una canción tan bonita y precisa como Why Am I The One acabará sonando en la serie de ella. O también Out on the town, con su acordeón electrónico.

Lo mejor de este disco es tenerlo de fondo y que de repente una frase suene más certera que las demás (When I was left for dead, I was found and now I don’t roam these streets). Son canciones para supervivientes. El fin del mundo se acerca y hace falta que nos lo recuerden: a pesar de todo, contra viento y marea, ahí seguiremos.

If you’re lost and alone 
Or you’re sinking like a stone 
Carry on 
May your past be the sound 
Of your feet upon the ground 
Carry on

Brenda Shoshanna – El zen y el arte de amar

«Cuando me busques de verdad, me verás en el acto»
(Kabir)

Como el mar en calma. Así me quedé después de leer este libro, y mientras lo leía. Me ha gustado mucho, la verdad. Al principio solo lo hojeé, como hojeo todos los libros que llegan a la tienda, y entonces saltó una frase que parecía escrita para mí en ese preciso instante. Eso ocurre solo con los libros especiales, y éste tenía que serlo.

La autora hace un paralelismo entre el proceso de enamoramiento y una sesión de meditación zen. Es curioso cómo encaja cada paso (cada capítulo), descalzarte, sentarte, el arte de cocinar, limpiar… pero más allá de la ocurrencia, lo bueno de El zen y el arte de amar es que, sin necesidad de que te interese el zen, sus ejemplos son visuales. Entiendes al momento qué es lo que podrías mejorar. Sin prejuicios.

¿Es autoayuda? Sí, y tampoco dice nada nuevo, en realidad, nada que no intuyeras ya. Pero como siempre digo, a veces viene bien que alguien te lo recuerde. El libro, además, es útil tanto para quien no encuentra pareja como para quien la encontró pero algo no salió bien, también para quien la tiene y quiere disfrutarla aun más.

Hay que saber apreciar lo que el mundo te da. A menudo piensas en lo mucho que te falta y no piensas en todo lo que ya tienes a tu alcance. A veces abres la puerta pero no enciendes la luz del porche. A veces culpas al mundo pero no pones de tu parte. A veces no entiendes por qué. Y a veces llegan libros como éste.

En la práctica zen nos volvemos vulnerables. Cuando nos descalzamos, empezamos el proceso de ir soltando nuestras defensas habituales y signos externos de valor. En el zendo encontramos nuestro auténtico valor, pero antes debemos abrirnos y soltar aquello a lo que nos estamos aferrando. Al hacerlo, descubrimos que aquello a lo que nos habíamos estado aferrando era lo que nos causaba los conflictos y el dolor. Y a medida que seguimos practicando, nos resulta cada vez más fácil quitarnos los zapatos y caminar, expuestos y descalzos, por el suelo de madera. Aprendemos a hacer lo que se nos pide sin titubear y a lo mejor incluso descubrimos que fue nuestra incapacidad para hacerlo en el pasado lo que contribuyó a que experimentáramos desengaños y rechazos amorosos. (Pág. 22)

Submarine

Segundo romance hipster del año. Tras ver la maravillosa Moonrise Kingdom, tocaba el debut cinematográfico de Richard Ayoade (uno de los protagonistas de IT Crowd y director de videoclips para gente como Arctic Monkeys, Vampire Weekend o Yeah Yeah Yeahs). La película se estrenó en Inglaterra el año pasado. No es que se haya estrenado tarde en España; es que, como todo, ha llegado cuando tenía que llegar.

Sorprende que sea la adaptación de una novela. Y es que el mundo de Oliver Tate, el protagonista, es tan sumamente visual, que no te la imaginas como un bloque de texto. Bien de filtros, bien de efectos y bien de montaje (ese plano/contraplano en el pasillo). Una sorpresa tras otra. Da gusto pagar por ver delicias así en el cine.

Siempre acompañado por las canciones de su radiocassette, Oliver quiere salvar el matrimonio de sus padres, quiere seducir a una chica… pero descubrirá que tiene que establecer una escala de prioridades para salvar todas esas cosas que le importan. Una flecha no da para mil dianas. Habrá que buscar mejor munición.

Me gusta que los protagonistas no sean perfectos ni guapos. Me gustan los ojos mega-expresivos de él y la sonrisa cabrona de ella. Me gustan las escenas donde solo existen ellos dos, felices al correr por la playa o entre luces de colores. Cuando cogerse de la mano es descubrir el mundo. Un film sobre el amor, sin más. Disfrutadlo.