I’ve got your music

Vuelvo a tener música. Ayer, por fin, me compré unos cascos nuevos. Sencillos pero blancos. Y baratos, que eso es primordial hoy en día. Resulta que encendí el mp3 y la música era más reciente de lo que recordaba. No han pasado tantos meses sin música fuera de casa, pero se han hecho largos los paseos.

Y es que con un poco de música todo pasa mejor. Los quince minutos hasta el trabajo, los pasillos labertínticos en el trasbordo del metro, la espera hasta que el agua hierve antes de echar la pasta, el viaje en Nitbús con la frente apoyada contra la ventanilla. Los preliminares, las copas, las esperas.

La música inspira. Sé que, como ahora vuelvo a tener cascos, durante cualquier trayecto mil canciones desbordarán mis oídos, y con ellas, brotarán las ideas. Nadie debería vivir sin música. Es oxígeno. Emociones y atmósfera concentradas en píldoras de tres minutos. Ese placer de darle al play y que el reproductor siempre acierte. Señales o guiños, da igual. La música está para hacerla tuya.

Bestias del sur salvaje

«Todo el mundo depende de que todo encaje perfectamente.»

Esta película es una de las sorpresas de la temporada. No sé qué ocurrió antes, si Obama asegurando que era su favorita del año, o los premios que se está llevand. Ahora mismo está nominada a 4 Oscars. Ya avanzo que, una vez visto, el resultado no es para tanto. Pero Bestias del sur salvaje tiene su encanto, eso seguro.

El encanto de una niña que puede descifrar los latidos del corazón de humanos y animales. El encanto de un poblado de parias que viven junto a un río siempre a punto de desbordarse. El encanto de su música, este apartado sí merecía todos los premios y a ratos me recordaba al gran Woodkid. El encanto de una historia que mezcla realismo casi documental con la fantasía de un cuento de hadas.

La película pasa de puntillas por la denuncia social o los ecos del Katrina. Apuesta, sobre todo, por la libertad personal. Libertad para estar locos y vivir tal como uno considere oportuno. Un individualismo mejor porque se preocupa de ser feliz, sí, pero humilde. Entendiendo que formas parte de un todo: si tú estás bien, ayudas a que tu entorno también lo esté. Bestias en armonía.

Eight easy steps

Hace casi un año que estoy muy cocinillas. Siempre me ha gustado cocinar, ojo, pero si es para mí solo, por pereza o falta de tiempo lo más elaborado que puedo prepararme es una ensalada de garbanzos o una pizza de salmón y queso crema… cosas así. Ahora, en cambio, los jueves es el día que mi novio viene a cenar.

Él trae el vino y yo me encargo de la cocina. Disfruto probando recetas, mezclándolas, improvisando. Esto es lo que más disfruto, variar la receta sobre la marcha. Experimentos en la cocina: quiches, sushi, champiñones con queso de cabra… Uno de los platos estrella fue una lasaña de verduras que sustituye las láminas de pasta por lonchas de pavo. Más sencilla y mucho más rápida.

En diciembre llegó el turno de la repostería. A base de prueba y error, descubrí que la repostería es química: como cuando mezclabas probetas en el laboratorio, hay que seguir punto por punto las instrucciones. Cualquier variación podría terminar en desastre. De momento he preparado cupcakes, un blondie (brownie de chocolate blanco) y cookies de dos chocolates. Qué emoción cuando la masa sube en el horno.

No me iba a conformar con estar atado a una receta; lo mío es improvisar, ya lo he dicho. Y resulta que incluso en la repostería puedes hacerlo. Otro topping, un relleno, chocolate blanco en vez de negro. Elegir los ingredientes en libertad es lo mejor. Ese placer incomparable el día que los comensales repiten. Tu receta ha triunfado.

(Si alguien quiere alguna de las recetas, no tiene más que pedírmela por FB o Twitter. 😛 )

Paperman

«Dar en el blanco es el resultado de noventa y nueve fracasos.»
(Ariel Andrés Almada – Los cerezos en diciembre)

The Artist y el mejor anime japonés. Son las primeras cosas que me han venido a la mente viendo esta maravilla titulada Paperman. Su protagonista parece salido de la pluma de Naoki Urasawa. Durante los 6 minutos que dura el corto, no se pronuncia ninguna palabra, pero está lleno de magia. De la de verdad. La unión perfecta de animación tradicional y 3D. Les ha costado pero lo han logrado.

Y de eso va la historia de Paperman. De intentarlo, intentarlo, intentarlo. Tantas veces que pierdes de vista el objetivo original. Para encontrar hay que buscar, pero también saber soltar a tiempo. Poner la suerte en movimiento, nunca forzar que el viento sople a tu favor. Fluir es avanzar y también confiar que ocurrirá algo bueno.

Siempre he admirado a esos amigos que tienen pareja estable con la que llevan años. Me gusta escucharles. Sin ir más lejos, hoy un amigo me contaba que se va a casar con su novio después de 12 años juntos. Es bonito oírles rebobinar a esos primeros momentos, cuando solo había corriente y una barca temblequeante y dos remos que no sabían bien cómo usar. Todos somos principiantes alguna vez.

Los que sabéis muy bien qué significa remar juntos, los que estáis cansados de lanzar aviones de papel, los queréis que os enseñen a bailar, los que creéis en la magia, incluso los que dejáis que de eso de la magia se encarguen los demás… Disfrutad todos del arte de Disney en estado de gracia.

El lado bueno de las cosas

Todos llevamos equipaje. Pero no siempre nos pesa lo mismo. Hay momentos y momentos, y el que atraviesan los protagonistas de este drama romántico es el momento más bajo de sus vidas. Pero lo bueno de llegar al fondo del pozo es que a partir de ahí ya solo queda una salida: subir. De esa ascensión trata la película.

«Excelsior», lo bautiza Pat. Ver el lado bueno de las cosas, sacarle partido a los obstáculos y tomarse con humor cualquier desaguisado. No es fácil para alguien bipolar como él, con constantes ataques de ira y una medicación que lo deja medio abatido. Pero lo intenta, vaya si lo intenta. Ahí están sus padres para ayudarle. Y una chica. Bueno, La Chica: ya he dicho que esto era una película romántica.

Lo mejor del optimismo que comparten todos los personajes de El lado bueno de las cosas es que te lo crees. No es un optimismo ingenuo de nubes rosas y arcoiris. Es crudo, salvaje, sangra si le golpean. Pero está hecho a prueba de bombas, porque eso de apostar alto tienes que ganártelo. Y sudar, sudar mucho.

Iba con las expectativas muy altas. Avisado también, de que no ésta era una comedia al uso: tiene mucho de drama y flirtea con el indie, el último grito en Hollywood. Yo encantado. Bienvenidas sean todas las películas que se salen de la fórmula y ofrecen protagonistas distintos. Desquiciados casi, en este caso. Y adorables, y guapos. Tan creíbles que hacia el final a punto estuvimos de aplaudir todos.

Alguien que te enseñe a bailar o que como mínimo quiera bailar contigo. Y compartir locuras. De eso se trata el amor. Bichos raros que se topan en el zoológico. Juntos llegarán más allá de las nubes, lugar privilegiado desde donde contemplar ese silver lining del título original y gritar: ¡Excelsior! ¿Ves como merecía la pena buscarlo?