Dos días en Nueva York

A Julie Delpy la tenía por aventurera. Romántica y viajera, nómada, emocionalmente inquieta. Así me lo han transmitido sus personajes a lo lago de los años. Por eso me chocó empezar a ver la secuela de Dos días en París, y descubrirla con una familia, disfrutando de una vida casera. Películas en la cama, besos de buenas noches.

Y a ella misma le choca, creo. Esta vez los turistas serán sus familiares, que llegan a la ciudad para asistir a una inauguración del personaje de Delpy. Esta visita le servirá a ella de excusa para desestabilizarlo todo, remover los cimientos a ver qué pasa. Su novio asiste estupefacto a tamaña transformación pero le servirá también de apoyo.
Me ha sorprendido. Me ha gustado. Y sobre todo, me he reído. Los clichés siempre divertidos del desencuentro de culturas, chistes de Obama, de franceses socialistas aficionados a los menage-à-trois, niñas que venden hierba. Y cierto aura de trascendencia entre tanto chascarrillo. Balance vital en una comedia romántica. De repente tienes 40 años y una familia: ¿era esto lo que querías?

En las series americanas siempre nos enseñan que los personajes, cuando maduran, abandonan la caótica Manhattan y se instalan en alguno de los barrios más tranquilos de Nueva York: Queens, Brooklyn, con sus islas de casitas ajardinadas. Delpy, aventurera ella, se atreve a seguir en Manhattan. Con la compañía y el estado mental adecuados, puedes construirte una isla en la gran ciudad.

Ni no Kuni

«Me diste el mejor regalo: la vida.»

Llevaba años esperándolo. Literalmente, porque salió en Japón en 2011. Y aquí está: un portal a otro mundo («Tu Mundo»). Los monstruos campan a sus anchas por un mapeado extenso y bellísimo. Pero  son, ojo, monstruos útiles porque luchan contigo. Y muy, muy monos, de esos que te dan ganas de capturar hasta hacerte con todos.

En un mundo (el nuestro) donde los juegos de rol japoneses andan de capa caída, Level 5 y Studio Ghibli se aliaron para salvar el género. Si lo han conseguido o no dependerá de los gustos de cada uno. A mí desde luego me ha conquistado esta mezcla de anime totoriano, Dragon Quest y Pokémon.

Han sido muchas horas enganchado al mando buscando tesoros por el desierto, surcando los cielos en busca de otra isla y riéndome con una traducción bien localizada, rebosante de chistes. Muchas horas y las que quedan: la aventura continúa después de los títulos de crédito. Más misiones, más enemigos, más cofres.

¿Lo que más me ha gustado? Su argumento. Un cuento de hadas en el que un niño tiene que convertirse en mago para salvar a su madre. Es la historia de un aprendizaje, sobre todo, recopilar páginas de tu vademécum de magia, hechizos y cuentos con los que no contabas pero de gran ayuda, porque siempre encuentras cosas mejores cuando te embarcas en un viaje.

En la piel de Oliver, no estás salvando el mundo sino repartiendo felicidad. Devolviéndole a la gente su entusiasmo, motivación, confianza, autoestima, coraje, bondad, amor. Así, descubrirás que lanzar hechizos está bien pero que también puedes hacer feliz a la gente. Y ese don sí que es digno del mejor de los magos.

Tashaki Miyaki

Música de domingo. Tarde de sofá, la lluvia limpiando la ventana y Barcelona entera. Estás haciendo otras cosas, o no estás haciendo nada, pero de fondo tienes este EP. Te acompaña. Qué fácil entra la música a veces. Das con ella por casualidad y conectas; interferencias, quizás, de otra dimensión donde ya la conocías.

Que no te confuda el nombre: son chico y chica, y vienen de California. Ayer actuaron en el festival Emergència del CCCB. La acústica del hall no era la mejor ni tampoco los baffles, pero por encima de la batería y los rasgueos de guitarra, por encima incluso de la gente que hablaba, algo dominaba el espacio: la voz de ella.

Me encanta. Suena familiar. Como si tu hermana fuera cantante y tuviese el don de transformar en palabras bonitas ese enredo de pensamientos que tienes en la cabeza. Sus versos flotan igual que flota la colonia de tu persona favorita al llegar a casa. Melodías frescas, jurarías que acaban de ocurrírsele.

Por ahora solo han lanzado un EP, varios singles sueltos y un puñado de versiones. Pero en los ojos de ella hay algo. No sé si es ambición, optimismo o confianza. Algo bueno, en cualquier caso. Te transmite que habrá más, mucho más. Un primer paso siempre sabe a poco, sí, pero ese primer paso supone el comienzo de algo. Como esos cohetes que empiezan despacio y luego surcan galaxias enteras.

Somethin’ is better than nothin’
Unless somethin’ is nothin’ too
It’s gonna be alright
It’s gonna be alright
It’s gonna be alright
It’s gonna be alright

If you’ve got love in your blood

Esta mañana me han hecho el primer análisis de mi vida. Día más oportuno: San Valentín. En eso pensaba mientras me clavaba la aguja la enfermera y bombeaba la sangre. A mí me gusta este día. No es que lo celebre por todo lo alto, no regalo nada. Pero me gusta. La cena de hoy la prepararé con especial ilusión.

Las cosas hay que celebrarlas cada día, está claro, pero creo que quienes se quedan en eso, en la frase, en el comentario criticón, luego no lo celebran nunca; solo se acuerdan de quejarse el día marcado en el calendario. «Es que… es que…». Hay quienes ponen excusas y hay quienes, paso a paso, escalan montañas.

Personalmente, intento disfrutar cada día, y aún así me gusta San Valentín y me gusta Sant Jordi (ojalá se pudieran regalar libros a diario). Me gusta cualquier fecha que tenga sus tradiciones y símbolos y ñoñería y comida. Los recordatorios siempre vienen bien. Recordatorios de lo que tienes o de lo que quieres conseguir, mejorar incluso. Empujoncitos hacia la cima.

Well I got love in my love in my blood
And I got you on my brain
I haven’t got enough blood
I cannot love you enough 
If you’ve got love in your blood 
If it’s bolder than death 
Oh let it spill, let is spill

Alberto Olmos : Ejército enemigo

«La solidaridad ha fracasado.»

Libro incendiario donde los haya. De hecho, a punto he estado de no comentarlo en el blog. Alberto Olmos, en boca de un protagonista cínico, publicista desencantado con el mundo, subraya los fallos de nuestro sistema. Pero detrás de su nihilismo, quiero ver las bases de otro mundo. No sé si mejor, ya se verá, pero otro mundo.

Es decir: hay que conocer para mejorar. Y el libro entra a trapo: juventud sin futuro, trabajos basura, activismo solidario de boquilla, el escaso valor de la intimidad en una época de redes sociales, la pornografía amateur, el capitalismo caníbal que quiere vender iPads a gente desplumada. El legado que dejamos.

Ejército enemigo es, además, una novela policíaca. Hay un crimen y una investigación en apariencia imposible. A ratos me recordaba a la del primer volumen de Millenium, cambiando la nieve de Suecia por el polvo del cemento de algún suburbio madrileño. Tensión creciente, muy bien medida, que llega a un tramo final terrorífico.

Ya llevo leídos tres libros de Alberto Olmos y me parece un autor valiente. Comprometido no, nada más lejos de su intención: valiente. Habla de lo que a menudo nos da vergüenza poner en palabras. Incomoda. Y con el culo torcido en el sofá, aprendes, quieres avanzar, reconstruir. Protegerte.