Alphabeat – Express Non-Stop

Enciendes la radio. Una canción que no conoces te dibuja una sonrisa. Al segundo estribillo ya la tarareas. Esa canción se va tal cual llegó, empieza otra. Nunca sabrás su título pero recordarás la felicidad que te dejó. Pues bien, Express Non-Stop es como un recopilatorio de esas canciones. A tu alcance siempre que quieras que salga el sol, bailar o creer en el amor.

Pop luminoso, optimista, eufórico, enamoradizo. Ya desde su primer disco, es lo que mejor se les da a los daneses de Alphabeat. Pero es que aquí ponen toda la carne en el asador del pop más desenfrenado. El título lo deja bien claro: que la fiesta no pare. Quieren que muevas los pies, y lo haces.

No hay baladas. Desde himnos al poder rejuvenecedor del amor (Younger Than Yesterday) hasta la locura impredecible de Show Me What Love Is, el álbum es un viaje por lo mejor del pop de las últimas décadas. Hay incluso algún momento muy sesentero, como Mad About You, con sus uh-uh-uh, palmadas y shoop-shoop. Pero ellos consiguen que todo suene coherente. Y actual.

No es que el amor sea el tema más original en la música. Alphabeat lo llevan al extremo y todas las canciones de Express Non-Stop hablan de ese sentimiento. De la energía que te da. De los nuevos comienzos que provoca. Así que anímate. Ellos lo llaman Love Sea y suena como la secuela del How Will I Know de Whitney. Ponte tus mejores galas y baila en esta fiesta de promoción perpetua. Te van a coronar.

 
We’ll be hanging out somewhere in the clouds forever
Be my parachute, let’s set by the Moon together
As good as it feels, can’t be real
Too good to be true
I was coming down, I was in the dark til the summer

Café de Flore

«¡Ah, claro!» Eso lo piensas ya casi al final, cuando la película decide mostrar sus cartas. Hasta entonces, hora y media de puzzle juguetón, será o no será, mucho desconcierto y algo que engancha: los personajes, sus historias paralelas. Una madre lucha por su hijo en el París de 1969 y una pareja inicia un romance en la actualidad.

El nexo es la música. La que escuchas antes de ir a dormir, la que te pones en el coche, la que te interrumpen para poner otra, la que bailas, la que te hace recordar a esa persona especial, incluso la que pinchas si eres DJ como el guapísimo protagonista. A él le gusta parar el ritmo para dar más fuerza a lo que viene después.

En la película las canciones van y vienen, reaparecen, atraviesan el tiempo. Como en la vida misma. Todas se han seleccionado con acierto. Desde varias versiones de Café de Flore hasta la maravillosa Svefn-G-Englar de Sigur Ros, que da lugar a dos escenas, una romántica y otra muy cómica («It’s youuu, it’s youuu»), pasando por clásicos de la música francesa como Le Vent Nous Portera.

Amar, olvidar, dejar ir, reencontrar, superar, disfrutar, aceptar, dejarte amar no como querrías sino tal como llega. El amor implica todas estas cosas y muchas más. El amor de una madre y el amor de un amante. Llevados al extremo, quizá no sean tan distintos. En la película queda patente.

Café de Flore explora un misterio, el de las almas gemelas. ¿Existen? Deja la respuesta en el aire: tú decides. Pero sea como sea, si lo encuentras, cuida ese amor, créetelo, aprovéchalo. Disfrútalo. Mientras dure, que sea eterno. Y ponte canciones, y baila, y tararea. Que para eso está la música, para acompañarte.

Idilio

Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera.
Y yo soy para el secreto
lo mismo que es el abeto.
Árbol cuyos mil deditos
señalan mil caminitos.
Nunca te diré, amor mío,
por qué corre lento el río.
Pero pondré en mi voz estancada
el cielo ceniza de tu mirada.
¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.
Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.
¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.
(Federico García Lorca, 1898-1936)

Alanis Morissette – Havoc And Bright Lights

Havoc And Bright Lights es la historia de un viaje. Tiene final feliz, claro, ya lo adelantan el primer single Guardian y la portada del disco. Alanis recibiendo el sol con una sonrisa de oreja a oreja, su melena al viento en medio de un campo de flores. De las de pedir deseos, además: dientes de león. Toda una declaración de intenciones.

«Después de todos estos años, quién nos iba a decir que la mejor Alanis sería la Alanis feliz». Eso decían en una crítica que leí el otro día. Y no sé si ésta será la mejor Alanis, tampoco la he escuchado tanto, para mí ella es más de canciones perfectas que de discos completos. Pero me gusta oírla así de serena, al fin.

La acompañas desde el suelo en Woman Down hasta las nubes en Edge Of Evolution. Cayó y aprendió. A ganar (Win And Win), a recibir (Receive). El propio concepto del disco hace que empiece discreto, con pinceladas rock y baladas pequeñas como ‘Til You. Pero gana energía a partir de la eufórica Spiral. Energía y templanza y sabiduría y luz. Havoc lo resume bien: hay que cambiar con los cambios. Fluir.

Del caos a las luces brillantes. Cuántas veces hacemos ese viaje, el del enamoramiento, y siempre es un camino nuevo. Será porque haces otras cosas, creces, descubres. Redescubres. Ahora que está Él, hasta las canciones suenan distintas. Y eso tienes que contarlo. Escuchando el disco entero por fin lo entiendes. Sí, la felicidad siempre se siente nueva. Así que yergues la cabeza y le sonríes al sol.

I’ll be your keeper for life as your guardian
I’ll be your warrior of care, your first warden
I’ll be your angel on call, I’ll be on demand
The greatest honor of all as your guardian

Pollo con ciruelas

Flaco favor le hacen a esta película con ese título y ese póster y ese eslógan. Afortunadamente, dieron el tráiler cuando vi Prometheus y pensé: esto hay que verlo. Herencia de su origen de cómic, Pollo con ciruelas tiene un punto de mágico realismo que puede recordar a otras películas francesas como Amélie o Jeux d’enfants.

Y me gusta eso. Cada vez tiendo más a este tipo de historias, muy realistas y por tanto identificables, pero con puntos de contacto con la fantasía. Traspasar la barrera de los sueños, espejos deformadores, escenarios de cuento desplegable, imaginación desbordada. Para realidad pura y dura ya tenemos el día a día.

El humor, el amor y el drama se confunden en Pollo con ciruelas. Hay momentos tremendos (la escena que da lugar al título, por ejemplo) pero también secuencias magistrales, como cinco minutos hacia el final en los que se resume una historia de amor a través de los años y la distancia. Me hizo pensar en el inicio de Up: así de buena y emocionante y bonita es.

El amor como motor. Inspiración, chispa de vida. Estás muerto sin saberlo y entonces revives. Y creas. Y sigues creando y ya no hay quien te pare. También se puede crear a partir de la sonrisa. Lo olvidamos demasiado a menudo pero ésas son, creo, las cosas que más merecen la pena. Las que te dibujan una sonrisa.