Rose Murphy – Peek-A-Boo

«Wishing are the dreams we dream when we’re awake»
Viendo The Artist, me quedé prendado de uno de los pocos momentos sonoros de la película: el montaje musical que hacen para mostrar la ascensión a la fama de Peppy Miller. Suena en esa secuencia una canción muy simpática, cantada por una voz muy aguda que pensaba que era la de la propia actriz, Bérénice Bejo. Era justo la voz y el tipo de canción que te imaginabas que cantaría su personaje. Ya en casa indagué y resulta que no, que para la película utilizaron la versión que Rose Murphy grabó en los años 40 de un clásico del jazz, Pennies From Heaven. Acertaron de lleno con la selección, porque sirve de presentación perfecta de ese personaje.

Every time it rains, it rains pennies from heaven
Don’t you know each cloud contains pennies from heaven
You’ll find your fortune’s falling all over the town
Be sure that your umbrella is upside down
Trade them for a package of sunshine and flowers
If you want the things you love, you gotta have showers

Me gusta tantísimo Pennies From Heaven que busqué en Spotify un recopilatorio de Rose Murphy. Hay muchos, y todos tienen un contenido parecido porque su popularidad se concentró durante apenas dos años, 1948 y 1949, y a esa época pertenecen la mayoría de grabaciones. Elegí éste porque me parece el más completo y la portada está diseñada con gusto. La mayoría son versiones de clásicos del jazz a los que Rose Murphy aporta su inimitable estilo.

Oyéndola, no dirías que es la misma señora de la foto. O quizá sí: ¡esa sonrisa! Su estilo no se basa sólo en esa voz aguda, bordeando lo infantil, una especie de Betty Boop negra. También forman parte de Rose Murphy esas onomatopeyas que utiliza (sus famosos chee-chee y brrr-brrr), ese piano que tocaba ella misma con manos ligeras, los cambios improvisados en la letra, la rudimentaria caja de ritmos, y las ocasionales palmadas cuando está disfrutando tanto que tiene hacer eso: dejar todo lo demás y dar palmadas. Y quizá por pasárselo tan, tan bien cantando y tocando no se la considera una de las grandes profesionales del jazz.

La alegría que transmite esta mujer con su música es incomparable. No recomiendo escuchar este recopilatorio entero, puede resultar tan empalagoso como un atracón de cupcakes. Pero es perfecto para ponerlo en modo aleatorio y canturrear durante 3 o 4 canciones. ¿Sabes esos días en que necesitas algo que te contagie alegría? Rose Murphy lo hace como nadie: le canta a las mejores cosas de la vida (The Best Things In Life Are Free), te anima a seguir soñando (Wishing), es tan optimista que le da la vuelta a su paraguas para recoger todo lo bueno que caiga del cielo (la ya mencionada Pennies From Heaven), pasó por cuatro divorcios pero siempre estuvo dispuesta a abrirle los abrazos al amor (I Wanna Be Loved By You, en la versión que sirvió de inspiración para Marilyn Monroe), te la imaginas siempre moviendo las manos de lado a lado con su sonrisa ancha, pletórica (Honeysuckle Rose).

Wishing will make it so
Just keep on wishing and care will go
Dreamers tell us dreams come true
It’s no mistake
And wishes are the dreams we dream 
When we’re awake

Sherlock (Holmes)

«Stop boring me and think. It’s the new sexy.»

¿Cómo se desenvolvería Sherlock Holmes en la era 2.0? En la era de internet, los teléfonos móviles, el terrorismo internacional, los blogs, Twitter… ¿Cambiaría mucho el personaje? Podríamos pensar que sí, pero la serie británica Sherlock, que acaba de estrenar su segunda temporada consigue actualizar el personaje y al mismo tiempo, mantenerse fiel al estilo de las aventuras que Sir Arthur Conan Doyle escribió hace ya más de un siglo.

Cambia que el doctor Watson ahora en vez de publicar libros, abre un blog comentando los casos que resuelve su compañero de piso. Y la tecnología se actualiza, claro, complicando los casos, ahora más vistosos y trepidantes. Son capítulos largos, de más de una hora, pero pasan en un suspiro. Sherlock sigue siendo asocial y rematadamente inteligente, con un humor áspero que no pretende serlo; Watson tiene un punto entrañable que no parecía estar en los libros de Doyle. Hay bromas sobre una relación homosexual entre ambos, claro, pero quedan perfectas en el contexto actual. A destacar el nuevo James Moriarty, toda una reinvención del personaje. Uno estaba harto de ver siempre al mismo tipo de profesor que se mueve entre las sombras. Su presentación en la primera temporada me dejó sin habla.

La serie también es muy imaginativa a la hora de poner en escena el método deductivo de Sherlock Holmes. Textos, gráficos y números se pasean con libertad por la pantalla para indicarnos en qué se fija Sherlock, hay barridos imaginativos en los que la figura de Sherlock borra de la pantalla las personas que le aburren, los mensajes de móvil son carteles en el aire (en vez de un primerísimo primer plano para hacer publicidad del móvil en cuestión: qué diferencia con las series y las películas estadounidenses, qué respeto al producto). Una presentación moderna, a ratos digna de un vídeoclip, pero al mismo tiempo austera y totalmente acorde con el personaje. Y es que en todo momento se nota que la serie está hecha con un mimo absoluto, muy fiel al estilo de las aventuras originales. De hecho, casi todos los capítulos son adaptaciones libres (pero llenas de guiños) de casos famosos del detective.

Qué diferencia con otra revisión reciente del personaje de Sherlock Holmes, las películas de Guy Ritchie. Ver ayer en el cine Sherlock Holmes: A Game of Shadows y hoy el primer capítulo de la segunda temporada de Sherlock impacta, la verdad. Menudo cambio. Si la primera película más o menos funcionaba, sin abusar (demasiado) de la violencia, con el toque justo de humor gamberro y con una ambientación de época muy digna, la nueva película A Game of Shadows descarrila, convirtiéndose en una cinta de acción de un personaje que nos dicen que es Sherlock Holmes (¿nos lo creemos?).

Robert Downey Jr está tan desmadrado, llegando en casi cada escena a la autoparodia, que a ratos piensas si no será el Johnny Depp de Piratas del Caribe disfrazado de inglés victoriano. Jude Law (lo único que echo en falta de la nueva serie inglesa, cómo me gusta este hombre) hace lo que puede para compensar el amaneramiento de Downey Jr, pero lo tiene difícil. Y a todo esto, cuesta creer que Noomi Rapace fuera la Lisbeth Salander de la versión sueca de Los hombres que no amaban a las mujeres, porque de gitana zíngara hace aguas, la pobre.

La verdad es que viendo tamaño despropósito estaba convencido de que esta película era obra de algún director menor que se había visto con carta blanca para deshacer el correcto trabajo previo de Guy Ritchie. Hasta el uso de la cámara lenta se hace pesado en esta entrega, todo lo contrario que en la anterior. Pero no, en los créditos finales remarcan una y dos veces que el director sigue siendo Guy Ritchie. Debo decir que la única escena que me pareció realmente graciosa e ingeniosa es la más homoerótica de todas, cuando Sherlock y Holmes casi se ponen a follar en pleno tren.

En definitiva: dos formas totalmente distintas de actualizar un personaje clásico para los gustos del siglo XXI. Yo tengo clarísimo con cuál me quedo. La que lo moderniza drásticamente pero sigue dejándolo reconocible. La que nos enseña que la típica imagen de Sherlock con boina (algo que no aparece en los libros) es puramente accidental: un disfraz improvisado para evitar a los paparazzis. Humor, conocimiento del personaje original, ubicación en el contexto actual. Bravo por Sherlock. Mañana estrenan otro capítulo, por cierto, esta vez basado en El sabueso de los Baskerville. Con ganas de descubrir qué han inventado para este caso.

Christian Bobin – Un simple vestido de fiesta (I)

«El principio y el fin se nos dan juntos,
sólo lo vemos después.»

Hace justo un mes fuiste por segunda vez a Tipos Infames. Te gusta esta librería. Está en Madrid, en el barrio de Malasaña, o muy cerquita, porque los barrios en Madrid son tan pequeños que si vienes de fuera no sabes distinguirlos. No es como Barcelona, que cada barrio parece separado de los demás por una zanja. Te gusta Tipos Infames porque sólo venden libros buenos (o buenos libros, que no sabes si es lo mismo). Los venden chicos con gafas de pasta y barba de dos días, chicos todo sonrisa con los que te gustaría sentarte a hablar en esas mesas que tienen repartidas entre estanterías. Tomarte un vino con ellos, hablar de cosas (algunas interesantes) y saber sorbo a sorbo que podrías casarte con ellos, pero saber también que no lo harás. Te gusta Tipos Infames porque tienes el arte literalmente a tus pies y en el mostrador exponen, tan destacado que es imposible no verlo, este libro: Un simple vestido de fiesta.

La portada te llama, se diría que el libro lleva tu nombre escrito, como una bala que te atraviesa. Lo coges, tiene un agradable tacto rugoso. Días después descubrirás que esta editorial (Árdora) lanza todos sus libros con este mismo diseño de portada, sólo varían los colores según el libro. Pero ahora éste te parece perfecto. Perfecto como el título. Perfecto como el texto de la contraportada:

Para qué sirve leer. Para nada o casi. Es como amar, como jugar. Es como rezar. Los libros son rosarios de tinta negra, cada cuenta rodando entre los dedos, palabra tras palabras.

Tienes que leerlo, y lo haces, claro, pero días después, exactamente treinta y un días después, en el momento justo, porque es tu primer libro del año, y en la última página habla de los Reyes Magos («Con el final del amor, aparecen los reyes magos: la melancolía, el silencio y la dicha.»): sí, la magia existe y para demostrarlo el calendario marca que es 6 de Enero. Ya no el de 2011. Hoy es 6 de Enero de 2012. Los primeros días de Enero te cuesta aceptar que ya estás en un nuevo año. Acostumbrarte a escribir bien la fecha (sobre todo escribir bien el año) durante esos primeros días se parece un poco a viajar al futuro. Tu futuro.

Precisamente de futuro habla Un simple vestido de fiesta. De ese futuro que se abre después de cerrar un libro, cada libro, todos los buenos libros que venden en buenas librerías como Tipos Infames. Antes de leer tienes una vida, pero lees y la olvidas porque respirando en sus páginas disfrutas de unos personajes que ahora son tus únicos vecinos, maestros, compañeros, cierras el libro y tu vida es otra. Se podría decir que leyendo has aprendido. Leer es aprender y por tanto es vivir. Sí que sirve leer, porque no hacerlo sería morir. Leer en cambio es sentir vértigo ante cada nueva palabra.

Christian Bobin te habla de sus lecturas (y de las reflexiones que éstas le evocan) a lo largo de diez relatos, diez entradas de diario, diez críticas muy libres, diez poemas para releer a diario, casi al azar. Christian Bobin crea ficciones de prosa limpia a partir de las ficciones de otros. Te invita a hacerlo también tú porque defiende que «El que lee es el autor de lo que lee». Y quizá sea verdad, quizá por eso tenemos todos gustos tan distintos: te limitas a disfrutar los libros que te gustaría escribir, porque leyéndolos los has escrito.

Gracias a Bobin por escribir esta maravilla, gracias a Ediciones Árdora por publicarla y gracias a Tipos Infames por exponerla. Melancolía, silencio, dicha.

Beginners

«You point, I’ll drive.»

Beginners es mi nueva película favorita. Fue la recomendación de David, un lector de este blog que suele acertar con mis gustos, me habló de ella y me la apunté en mi lista de películas pendientes. No pude verla en el cine porque mientras todavía estaba en cartelera, una serie de coincidencias me llevaron a ver El Caso Farewell (que me encantó); pasaron los meses, y al final todo se juntó para que viera Beginners el día 1 de enero de 2012. Conozco a otras dos personas que se la reservaron para verla el mismo día, supongo que es un título muy evocador para Año Nuevo. Y así, por fin, aquella misma noche la vi. Y entendí que todo se había confabulado para que recibiera este año precisamente con esta película. No había película mejor.

No es una comedia. Tampoco es exactamente un drama, aunque yo lloré a moco tendido. Trata de la muerte, de los fracasos, de las cosas a las que renunciamos, de los finales. Trata de gente que vuelve a empezar y se sienten principiantes, torpes, inexpertos. Trata de ese vértigo ante lo nuevo, un vértigo del que ya he hablado alguna vez en este blog.

Pero, sobre todo, creo que Beginners trata de cómo nos complicamos las cosas, cuando todo debería ser mucho más sencillo porque, al fin y al cabo, antes de nosotros hubo gente que se las apañó bien, gente que pudo sobrevivir cuando las cosas eran más complicadas. Hubo gente que tuvo menos tiempo que nosotros para aprovechar la vida, pero lo hizo, así que por ellos pero sobre todo por nosotros mismos (porque nos lo debemos): vivamos.

Hal: Imagínate que desde que eras pequeño, siempre habías soñado con algún día tener un león. Y esperas, y esperas, y esperas, y esperas y el león no llega. Entonces llega una jirafa. Puedes estar solo o puedes estar con la jirafa.
Oliver: Yo esperaría al león.
Hal: Por eso me preocupas.

Beginners no habla de conformarse con jirafas (eso sería la lectura fácil), sino de descubrir que las jirafas también son bonitas y fuertes como un león y pueden hacernos felices. Me gusta mucho la escena en la que Oliver ve a su padre abrazado a su amante, su jirafa particular, y la voz en off dice: «Por primera vez, vi a mi padre enamorado». Este proceso de descubrir leones en jirafas está perfectamente simbolizado en la historia de amor que vive Oliver con Anna: cuando se conocen, ambos van disfrazados y encima ella no puede hablar por culpa de una laringitis. Tienen que conocerse a pedazos; intuir, prejuzgar, adivinar, sorprenderse. Enamorarse es eso.

La relación de Oliver con su padre Hal es espectacular. Al quedarse viudo con 75 años, el hombre (encarnado por nada menos que Christopher Plummer: corren rumores de Oscar y espero que así sea) sale del armario y se pasa los siguientes cinco años disfrutando de esa liberación, recuperando el tiempo perdido, construyéndose una nueva vida. Por el camino, le enseña a su hijo a vivir. Pero Oliver no se da cuenta de eso hasta que Hal muere. Es entonces cuando se da cuenta de la absoluta alegría que sentía su padre por estar vivo y ser libre cuando le llamaba de madrugada para hablarle de la música house que acababa de bailar. Y Oliver descubre que no sólo él, también su madre le enseñó eso a su manera; ella le tendía un ramo de flores y le decía nada más y nada menos que:

«Here’s simple and happy. That’s what I meant to give you.»

La película va hilvanando esa nueva vida de Oliver sin su padre (su rutina y su trabajo, sus momentos con el perro de Hal, su incipiente romance con la enigmática Anna), con todos los recuerdos de su padre que este día a día le va evocando. Es un montaje a partir de emociones y sensaciones y repeticiones. Es la vida fluyendo. Hay momentos de auténtica poesía audiovisual, con uno de los mejores usos de voz en off que recuerdo. Beginners es lo más parecido a un libro que he visto en forma de película. Dura 1 hora y 40 minutos pero yo tardé el doble en verla porque a cada rato tenía que detenerme, revisionar escenas enteras, empaparme bien de todas esas maravillas que estaba viendo (como cuando con un libro lees y relees el mismo fragmento). Me refiero a escenas como ésta:

Anna: Puedes preguntarme cualquier cosa.
Oliver: ¿Cualquier cosa? ¿Qué hay ahí fuera?
Anna: Eso es un árbol. Y coches. Otro edificio como éste. Gente en el edificio como nosotros. La mitad de ellos creen que las cosas nunca saldrán bien. La otra mitad cree en la magia.

Si creéis en la magia o bien os gustaría creer en ella, Beginners es vuestra película. Lloraréis, seguramente mucho, pero no encontraréis película más vitalista que ésta. Y es que tenemos que convertirnos en principiantes, ahora.

Capital Cities (EP)

Little things will always get you far.

Así empieza un buen año. Te despiertas (más espabilado de lo que pensabas) y optas por seguir en la cama, arropado por el nórdico, así que coges el netbook, navegas por internet un ratejo y zas, de buenas a primeras ya descubres nueva música gracias al blog de Fersitu. Bienvenido, 2012. Y bienvenidos, Capital Cities.

You are the kiss I don’t expect.

Este dúo electropop son de California, y algo del sol de ese estado se les debe haber pegado porque su música es de la que te ilumina con una sonrisa muy cálida. Lanzaron hace unos meses su primer EP. Melodías sencillas y pegadizas, letras optimistas sobre desprenderse de ideas preconcebidas e ir a por todas (parece además que sus canciones te hablen directamente: «puedo animarte, llevarte a donde quieres llegar»).

If you sing a song you’ll believe it.

Safe And Sound empieza eufórica y así de eufórica continúa, con su dosis de trompetas sobre una generosa base bailable. Patience Gets Us Nowhere Fast es como unos The Sound of Arrows subidos de revoluciones. Baja un poco el ritmo en I Sold My Bed, But Not My Stereo. El título me encanta: siempre nos quedará la música, en efecto. Center Stage es un mediotiempo con cierto toque a los primeros Scissor Sisters (o eso me parece, quizá sean esas palmadas o esa confianza absoluta en uno mismo). Love Away nos traslada al mar: una colchoneta, las olas la mecen, es un viaje hacia algún lugar nuevo y agradable. El EP acaba pronto pero a cambio tenemos la garantía de 5 buenos temas, un conjunto sólido pero lo bastante variado para augurarles a Capital Cities una carrera prometedora.

I could show you what you want to see.

Podéis disfrutar gratuitamente de este EP en su web oficial o en Spotify. Le agradezco otra vez a Fersitu por habérmelos dado a conocer. Por cierto: ayer, mientras escuchaba las canciones, anoté cinco frases mágicas que me confirmaron que Capital Cities eran ya, en pleno día 1, uno de mis descubrimientos del año. He repartido esas cinco frases cazadas al vuelo a lo largo de esta entrada y os animo a encontrarlas en las canciones (hay una cita por cada canción). No puedo estar más de acuerdo con la luminosa filosofía vital de Capital Cities. Gafas grandes y saltos y sol y ambición.

There’s a good time to do it on your own.