Seis puntos sobre Emma

«De vez en cuando, yo también necesito
que alguien me diga que todo va a salir bien.»

Emma es ciega y reparte esperanza y es optimista y siempre anima a los demás y les recuerda su valía y se expresa sin tapujos y pase lo que pase ella sigue adelante. Vive y sobrevive. Prefiere ir de pie que sentada en el transporte público porque no es frágil. Pero aún así, debajo de esa fachada toda sonrisas y gorritos monos, a veces Emma necesita que alguien la abrace. Aunque ella lo disfrace de búsqueda maternal, porque estas cosas las disfrazas, así son más llevaderas, es como si estuvieras jugando.

El poder de los abrazos. Creerte absolutamente independiente y descubrirte de pronto en los brazos de alguien. Dos brazos intensos que te rodean y para hablar de los pequeños temas importantes. Y confiesas las necesidades que hasta ahora escondías, se las cuentas a quien te está abrazando, porque él te escucha. Lo sabes. Lo sientes. Todo va a salir bien, te dicen esos brazos. (¡Y cómo no va a salir bien si son los brazos de Álex García!) La película es un repaso a los descubrimientos que hace Emma, punto por punto. Porque ella también tiene mucho que aprender, aunque empiece creyéndose de vuelta de todo. Eso sí, la debería de haberse titulado Siete puntos sobre Emma, porque falta un último punto, el séptimo. Pero dejaremos que sea Emma la que abra los ojos en el futuro.

A la hora de la verdad todos queremos encontrar a alguien que nos valore. No sólo por las cosas buenas, también (y sobre todo) por todas esas vergüenzas que nos gustaría ser capaces de esconder y no podemos. Seis puntos sobre Emma acierta de pleno al explorar las necesidades emocionales de un grupo de outsiders: la chica sorda y lesbiana (llorarás cuando explique su cita), la tetrapléjica, la depresiva, el subnormal que con sus comentarios fuera de lugar es el más listo de todos, la chica que perdió varios dedos… Verles enamorarse, descubrir que a veces sólo hace falta alguien que te empuje haciendo zig-zag o que te haga reír con un chiste malo, es asistir al germen del amor. Incipiente, ingenuo y gracioso.

Una película bonita, personajes encantadores e interpretaciones a la altura, una música que realza los sentimientos y los paisajes de Tenerife con cada nota de piano. Como la francesa Intocable, Seis puntos sobre Emma rompe sin contemplaciones las tópicos y los tabús de eso que llamamos «minusvalías», como si alguien estuviera a salvo, como si no tuviéramos todos algo que querríamos cambiar. Porque la auténtica ceguera es negar las evidencias. Te gusta el olor y el tacto de un chaqueta porque te gusta su dueño. Tan fácil como eso.

Adiós, Mujeres Desesperadas

«Even the most desperate life is oh so wonderful.»

Parece un sitio perfecto para vivir. Su nombre sale flotando de la boca de la agente inmobiliaria como el humo de una taza de café: Wisteria Lane. Con sus casitas de colores pastel, todas bien alineadas a lado y lado de una calle por la que apenas pasan coches. Quieres vivir ahí, entre vecinos que te saludarán desde la distancia cuando saquen al perro, jardines con el césped perfectamente cortado, periódicos que se repartirán solos y pan recién hecho siempre en el horno.

Wisteria Lane, sí. Ese lugar ideal para esconder secretos o compartirlos. Correrás de buena mañana, organizarás una partida de póker con tus amigas, montarás un grupo de música o un restaurante italiano, conocerás al hombre de tu vida mientras te quedas desnuda fuera de casa, obsequiarás con tus propias madalenas a los nuevos vecinos. Porque todo es posible en esa zona residencial. Todo, incluso volver a empezar. De eso trataba Mujeres Desesperadas, en definitiva: de nuevas oportunidades. Las que damos y las que nos dan. Las que encontramos por el camino, las que sudamos por conseguir.

Muchas personas volvieron a empezar allí, pero sobre todo lo hicieron sus mejores vecinas: Susan, Lynette, Gabrielle y Bree. Una y otra vez, siempre levantaron cabeza cuando todo se les había ido de las manos, confiaron en las manos amigas y las sonrisas de desconocidos, aprendieron a amar bien y a volver a enamorarse, descubrieron sus vocaciones, se ayudaron unas a otras. Anoche las despedí para siempre. Cuesta creer que ya no me reiré con las torpezas de Susan, ya no sentiré cariño por la sonrisa impertérrita de Bree, ya no sufriré con la incapacidad de Lynette por pasar página, ya no me quejaré de la superficialidad de Gabrielle. Tampoco aplaudiré ya con las frases tajantes de Reneé o Edie, ni lloraré más con Karen McCluskey.

Desde Lost no esperaba tanto el final de una serie. Lo de esperar es un decir porque con las series pasa como con los buenos libros: de repente te das cuenta de que quedan 3 capítulos para el final y las ganas de conocer el desenlace se mezclan con la tristeza prematura. Tendrás que despedirte de esos personajes con los que has vivido tanto. Las audiencias, los contratos, el desgaste: factores externos que conducen a esa despedida. Y querrías demorarlo, pero ahí está la fecha en la app con el calendario de series. Afortunadamente, al igual que el de Lost, el final de Desperate Housewives estuvo a la altura. Se volvió a la comedia de las primeras temporadas, se cerraron todas las historias importantes, hubo de todo y más (juicio, boda, parto, muerte…), el sabor a despedida se mezcló con el de celebración.

Echas la vista atrás y te entra vértigo al comprobar cuánto han cambiado ellas cuatro, ya no sólo físicamente: han crecido, y no es que fueran unas niñas cuando empezaron. De todo se aprende, todo te moldea, y al final tiene sentido. Incluso la vida más desesperada es maravillosa, nos recuerda Mary Alice. Disfrutemos, pues, volviendo a empezar tras cada caída, siempre encontraremos una casa en las afueras y alguien con quien compartirla. Gracias, mujeres desesperadas.

Historias cortas de Satoshi Kon

Adoro a Satoshi Kon desde que vi Millenium Actress. Es una de esas escasas películas que sólo sería posible en formato animación pero al mismo tiempo viéndola te olvidas de que son dibujos, tanto empatizas con la protagonista. Entonces descubrí que de Satoshi Kon también era el responsable de Perfect Blue, ese impactante thriller animado con el que tanto se comparó después Cisne Negro. Por desgracia, Satoshi Kon falleció hace dos años y, como suele ocurrir, esto le ha dado un empujón de notoriedad a su obra.

Este volumen recopila quince historias cortas que publicó en varias revistas a finales de los 80 antes de dar el salto a la animación. Como curiosidad, son además las únicas obras en las que él es el único autor, sin colaborar con otros guionistas o dibujantes. Pero al terminar de leerlo tienes la sensación de que el verdadero Satoshi Kon aparecía precisamente en las colaboraciones, al dar forma a ideas ajenas o enriquecer las suyas con las aportaciones externas.

La primera mitad del tomo son casi proyectos autodidactas en los que el autor aprendía los mecanismos de la narrativa manga. A partir de la historia Los visitantes, humorística vuelta de tuerca a los cuentos de casas encantadas, la recopilación toma enjundia y llegan las obras más interesantes. Destaco por ejemplo Waira, la batalla de unos samuráis contra un monstruo esquivo: espectacular en dibujo, ritmo y narración.

La verdad es que las películas de Satoshi Kon me gustan por su profundidad, están sujetas a interpretaciones diversas, los personajes son humanísimo y a menudo se juega con el mundo de los sueños y las visiones. Y precisamente todo esto es lo que he echado de menos en la mayoría de historias del volumen. Algo más de calado y ambición. Pero es interesante recorrer los orígenes de un genio. Gracias a David, lector habitual de este blog, por el regalo.

New Girl

Es el mejor estreno del año. Tampoco es que haya visto muchas series nuevas esta temporada, lo confieso. Pero adoro New Girl por encima de todas las cosas. Adoro a sus personajes, adoro cómo mejora capítulo tras capítulo, adoro ese humor gafapasta que raya lo absurdo, adoro la cabecera en plan vídeoclip. Y por supuesto, la adoro a ella: Zooey Deschanel. La serie está hecha para su lucimiento, sólo ella podría interpretar a la despendolada de Jess.

Supongo que me siento identificado con ella. Como yo el año pasado (bueno… yo más a menudo de lo que pienso), Jess empieza la serie enfrentándose al mundo como una niña de 30 años: estrena soltería, es loca, impulsiva, optimista, soñadora, idealista. Canta cuando nadie lo haría y pone voces raras durante cualquier conversación (puede pronunciar «pene» de dos cientas formas distintas). Se las da de moderna: amigurumis, cupcakes, gafas de pasta, el grupo más indie, nada se le resiste.

Un maremoto que irrumpe en un apartamento hasta ahora habitado por chicos acostumbrados a la rutina más aburrida. Los secundarios son todos encantadores: Schmidt (que algún día saldrá del armario; al actor ya lo adoraba en Veronica Mars), Cece diva inmediata, Winston que en la recta final de la serie consigue que olvidemos a otro personaje del piloto más divertidos (interpretado por Brad de Happy Endings), los diversos ligues que le buscan a Jess… A todos ellos, Jess les contagiará su alegría ingenua y a cambio ella aprenderá a desenvolverse de nuevo en el mundo real.

Pero sobre todo está Nick. El típico vecino de la puerta de al lado: sexy sin saberlo, con un potencial que no se atreve a aprovechar. Jess y él comparten una tensión sexual innegable pero jamás resuelta. Son polos opuestos y por eso se complementan tan bien. Él es realista, cuando no catastrofista, no se ilusiona, cree que las cosas saldrán siempre mal. Ella, en cambio, cree en la magia. Juntos encuentran un punto intermedio. Caminar por las nubes con los pies en la tierra, cruzar puentes frágiles para convertirlos en baldosas amarillas. Y les funciona.

En fin, si te gustan las series sin pretensiones, que sólo buscan dejarte con una sonrisa de oreja a oreja cada semana, si te gusta Zooey Deschanel, si te gustan los personajes extremos que te hacen reír con el comentario inesperado, si quieres aprender nuevas perspectivas, si quieres recordar cómo era aquello de creer que te comerías el mundo… no busques más, ya tienes nueva compañera de piso. Dale una oportunidad para encandilarte.

Who’s that girl? It’s Jess!

Gossip – A Joyful Noise

«It’s not perfect but it’s getting closer.»

Éste es el disco rock que Madonna debería haberse atrevido a grabar. Esto leía en la crítica de la BBC; y sí, algo de eso hay. Perfect World te la imaginas perfectamente cantada por ella, madura y etérea, reinventada y segura de sí misma. Convincente, cantando sobre un mundo perfecto que no lo es todavía (We can be more than before), y esas baterías que insisten, que te atrapan como el mejor de los abrazos, y las florituras de synthpop sutil acariciándote, y los gorgoritos místicos mientras cae la ropa al suelo. En el fondo es normal que Gossip grabasen el vídeoclip en una iglesia, porque hay algo de sagrado en la canción.

Beth Ditto asegura que durante un año sólo escuchó a ABBA para inspirarse. No se nota esa inspiración, pero sí que el grupo se ha mantenido al margen de las modas. Ante todo, el suyo es un disco atemporal. Así se explica una canción como Get A Job, que empieza como algo chungo de los 90, a medio camino entre rap y techno, acaba convirtiéndose en el clásico himno para veinteañeros cabreados, para luego caer en un interludio que podría ser un sample de Lady Gaga. Esta mezcla extraña ocurre más veces a lo largo del disco. Y funciona, igual que funcionan canciones más convencionales como la casi-balada Casualties Of War.

Brian Higgins ha hecho los deberes. Sabe revitalizar el sonido de Gossip sin que dejen de sonar a ellos; camufla sus trucos y sus loops bajo un sonido de banda, envuelve de plástico las guitarras para crear canciones pegadizas y sofisticadas al mismo tiempo. Get Lost, además de ser una joya con un estribillo noventero, en el fondo no suena tan diferente a Pop Goes The world. El bajo de I Won’t Play es hipnótico. Los mejores versos del disco llegan con el desgarro digno de Involved: casi te imaginas a Freddie Mercury cantando eso de «I’m not in love with you, I’m just involved». Y si con el final épico de Love In A Foreign Place no te entran ganas de saltar al vacío es que estás muerto.

La declaración de intenciones llega sin duda con Move In The Right Direction. Quizá titular así el disco habría sido una sobrada pero no había título más definitorio. La canción es enérgica, bailable sin ser facilona, futurista, con palmadas (siempre bienvenidas) y el punto justo de descaro. Se lo están pasando bien y quieren que te unas. Será single: tan seguro como que acabará convirtiéndose en tu favorita. Porque transmite confianza absoluta en ese futuro al que, paso a paso, día a día, te acercas. En la dirección correcta, ahora sí.

Never say never, starting over 
It’s not perfect but it’s getting closer 

I will hold back tears 
So I can move in the right direction 
I have faced my fears
Now I can move in the right direction 

I’m doing fine
One step closer, every day at the time