Scissor Sisters – Magic Hour

Baby Come Home, cantan Scissor Sisters para abrir su disco. Parece dedicada a sus fans de siempre, que me consta estaban algo recelosos. Pero ya en ese primer tema queda claro que Magic Hour es más fiel al estilo clásico del grupo de lo que habían vendido con los primeros singles o incluso el artwork.

Ya me parecía bien que probasen nuevos terrenos, ojo. Suelen gustarme los discos «raros» de los grupos de los que no soy muy fan. Shady Love es tan raruna como impecable en su descaro, Let’s Have A Kiki hipnotiza y aunque Only The Horses no llegaba a repetir el éxtasis poligonero de We Found Love, valoré el esfuerzo.

De Night Work disfruté especialmente la segunda mitad, la más guarra y sudorosa, pero en Magic Hour me voy a lo opuesto. Las canciones del Jake Shears enamorado, el que en Best In Me mueve las caderas porque ha encontrado alguien que le llena y saca lo mejor de él. Que para eso está el amor, para recordarte todas las cosas buenas que ya tenías, que te las creas y las saques fuera. Eres imparable.

Por supuesta, también me ponen esos arranques noventeros en Somewhere (trance, o casi, del bueno, del que te lleva por las nubes y no te suelta) y Self Control, que sería aún mejor si durase algunos minutos más, larga como su prima Invisible Light, la joya del disco anterior.

Pero me gustan los Scissor Sisters que no fuerzan las cosas. Los que se dejan llevar por el calor veraniego y abrazan el ritmo de las palmeras. San Luis Obispo significa el paraíso, tienes un cóctel en la mano, la puesta de sol delante. Puedes subirte, si te apetece, al podio; contonearte al ritmo de las guitarritas. ¿Para qué necesitar más? La felicidad es así de fácil.

The difference between delight
And loneliness could be a one way flight
In these San Luis Obispo nights

Florrie – Late

«Happiness don’t mean a thing until you let it in.»

Florrie vuelve a la carga. Y va a por todas, consciente de que ella lo vale. Nuevo EP, el último de hecho, porque a pesar del éxito cosechado como artista autosuficiente, ya era hora de probar nuevos horizontes. Florrie ficha al fin con una discográfica y lanzará su álbum debut en 2013. Siempre viene bien un punto de ambición.

Y ambición es precisamente lo que rezuman estas cuatro canciones. Ha afianzado su estilo: letras hipnóticas, casi repetitivas, pocas frases que vienen y van para definir toda una historia. Confía en su voz hasta el punto de probar nuevos registros. Florrie ya no es sólo la chica monísima que canta, ahora también dispara y da en el blanco.

Se nota más que nunca la herencia de Xenomania. Las canciones de Late mutan, explotan, te arrollan, vuelven a sorprender… Tantas melodías darían para unos cuantos temas pero ella los concentra en apenas cuatro minutos de canción. Atento a la locura ochentera de Every Inch, por ejemplo. O a los mil puentes de I’m Gonna Get You Back.

Si en Experiments tanteaba varios terrenos, aquí Florrie suena simplemente triunfal. Puede permitírselo, te tiene conquistado. Por eso, antes de irse una noche más por la puerta, se gira y repite lo que está por venir: mucho y muy bueno. Ganaremos, te dice. Paciencia pues. Tus brazos bien abiertos, que toda espera tiene su recompensa.

I will only bring you happiness
Boy you’re always wanting more
But if only you’d let
Just a little bit of happiness
Into your eyes
Then we can compromise

(Puedes escuchar gratis todo el EP y comprarlo en Florrie.com)

Pastora – Una Altra Galàxia

Historias que se quedan en el limbo para dejar espacio a que empiecen otras. Esta temporada de How I Met Your Mother, hubo una escena muy emocionante en la que el protagonista, Ted Mosby, por fin pasaba página a una vieja historia y, al salir a la calle, se vio inmerso en un mar de paraguas amarillos. Las posibilidades infinitas que aparecen cuando por fin echas a andar. Otras galaxias, en palabras de Pastora, porque de eso va este disco.

De imaginarte a ti mismo sin un después, fluir por fin, acariciar, cambiar la nostalgia por cosas que hacer y los malos hábitos por efervescencia, admitir que sí, entender que cada día es un regalo de Navidad, tener suficiente humor para no exigir lo perfecto sino lo que va llegando a tu vida, abrazarlo tal cual es, saber que con la compañía adecuada uno y uno pueden sumar mil. Incluso cantando en catalán, Pastora mantienen su habilidad para dar con las frases exactas.

Hay 6 temas nuevos, hay canciones rescatadas de otros discos pero revestidas para la ocasión (Planetes Marins y la siempre perfecta Dolços Somnis), hay versiones (Quan Es Faci Fosc de Sopa de Cabra, Wonferful Life de Black, adaptada al catalán con mucho acierto), pero sorprendentemente, el disco es muy homogéneo. En temática y en sonidos. No queda claro si la otra galaxia simboliza el cambio de idioma; de ser así, han llegado a buen puerto. Están más que cómodos: contentos.

En la festiva Quan La Mercè Està Contenta!, Mercè es Lola en una nueva verbena, ya no se esconde bajo un pseudónimo porque ya no busca follones. Ahora le basta con sonreír y dar palmas. El grueso del álbum recuerda en cambio a los Pastora de la La Vida Moderna, aquel pop electrónico de atmósferas intimistas que tan bien se les da. Carícies, por ejemplo, te hace volar como las caricias que usa por título. Mals Hàbits podría ser de Carlos Jean, con esa guitarrita a la que pronto acompañará un hipnótico bajo.

El pop-rock luminoso de Semblava Mentida (¿Natalie Imbruglia un día de sol?) convive con el dance cósmicamente sabio de Una Altra Galàxia; la psicodelia de Penso En Tu abre paso a las estanterías desnudas y las sábanas y las ganas de seguir de 1+1=1000. Y es que hay veces que dejas de necesitar calculadora en la cama. Una tarde alguien te hace sonreír y las cuentas salen solas.

He fet pastís de poma i l’he mossegat a estones
He volgut ficar-me dins la rentadora
He sortit al pati i he tornat a entrar
He mirat enrere i cap endavant
He demanat molt més, he dit no hi ha dret
He canviat nostàlgia per coses a fer
He cridat al bon temps i ha sortit de cop
Una mena d’energia que em convida a ser millor

L’art d’aimer

«No hay amor sin música.»

Hay muchas formas de enamorarse pero al hacerlo todos escuchamos música. No necesariamente violines, ni siquiera literalmente notas musicales, pero sí una sensación de que por fin todo encaja, armonía que fluye y nos calma. Y la música es eso, al fin y al cabo. No lo tienen fácil los compositores: tienen que enamorarnos con cada nota de piano, incluso si ellos todavía no han descubierto el amor. De eso trata la primera de las historias de El arte de amor.

«No debemos rechazar lo que nos ofrecen.»

Vidas cruzadas, personajes que mienten y se desnudan. Amar a extraños a oscuras, besar a una recién llegada, reencontrarte con tu marido, compartir, esperar al momento propicio. Hay muchas formas de amar y todas son correctas. Eso parece decirte, recordarte la película. Ama como quieras, pero ama. Todo en un tono de comedia ligera, tan ligera que a veces se convierte en drama. Los disgustos de la vida, pero a veces los disgustos se transforman en sorpresas, bien lo sabes.

«Es difícil dar como uno quisiera.»

En fin: sigue conquistándome el cine francés. Y no debo ser el único al que le pasa, porque parece que cada vez se estrenan más películas rodadas en Francia. Las claves: un humor muy nuestro, nunca zafio, un buen equilibrio de drama y romance. Y los actores y actrices, claro, porque menudos repartos gastan. Encantadores todos y, lo más importante, con mucha química entre ellos. Por eso los diálogos brillan.

«Paciencia.»

La venden como comedia romántica y es mucho más que eso. «Una mirada a las relaciones en el siglo XXI» sonaría pretencioso pero la película es justamente eso. Nunca como ahora habían tenido tanta importancia términos como follamigos, infidelidades, parejas abiertas, monogamia, ir despacio, conocer gente nueva en un mundo donde parece que todos estamos relacionados. El arte de amar: damos muchas vueltas para acabar volviendo a lo que siempre habíamos deseado. Besos y abrazos mientras suena música. En la minicadena o en nuestra cabeza

Words and Music by Saint Etienne

«But in the end, the conversation always turned to music.»

La emoción de escuchar el primer disco que compré con mi dinero. Entonces los discos no eran tan caros. Los nervios durante esas silenciosas milésimas de segundo después de pulsar play. Aquel primer concierto de Madonna al que fui solo, y las personas que me hablaron allí, desconocidos con los que durante hora y media compartí el placer de la música. Todos los conciertos que llegaron después, siempre especiales. Las canciones que me hacen temblar, las canciones que me recuerdan al olor del agua caliente cuando de pequeño me zambullía cada domingo en la bañera, las canciones de cada amor y las de cada amigo, la banda sonora de una excursión escolar, esa canción que me daba ánimos de camino a mi primer trabajo basura.

«I used Top of the Pops as my world atlas.»

La música es tu museo de momentos especiales. Dicen que hay personas que pueden vivir sin música, pero tú no conoces a ninguna. Ni quieres: te gusta rodearte de gente con la que compartir música, que te descubran grupos nuevos y que reciclen los recuerdos de las canciones que ya conocías. Cada día tienes que escuchar música. Compartir una canción en Facebook, sacar humo a Spotify, llevar encima el mp3 siempre que sales de casa (puedes dejarte otras cosas, pero el mp3 nunca), bailar cuantas más noches mejor, ver vídeos en la tele o en YouTube, que te envíen canciones (el símbolo rojo de Spotify te hace sonreír).

Por eso, Saint Etienne han grabado este disco para ti. A ellos también les pasa, no conciben un día sin música, para ellos sería como no comer. Se enamoran bailando música disco en Last Days of Disco, se preparan para el concierto de su grupo favorito en Tonight, homenajean a los auriculares que tan buenos momentos les dan cuando andan por la calle en I’ve Got Your Music, dan las gracias a esas personas que tienen el don de recomendar la canción adecuada en Record Doctor, bailan al son del DJ en la canción homónima…

Los desenfrenos bailables se mezclan con los momentos introspectivos a oscuras en la cama, y a veces ocurre dentro de un mismo tema, porque la voz suave de Sarah Cracknell se presta a estos saltos. Y eso es el amor por la música: cruzar fronteras, mezclar géneros, la mente siempre abierta. Ir a conciertos de grupos que apenas conoces y poner una estrella a esa canción sorprendente que acaban de mandarte. Abrazar los discos de gente que ama a la música, quizá no sean discos perfectos, pero hablan de ti. La música como religión: «I didn’t go to church, I didn’t need to.» No, no había título más definitorio para este disco. Words and Music by Saint Etienne.

It would be there for me
When I was married
And when I had kids
I’d grow old
And music would still be so important