Empezabas este año sin la energía de 2011. Nadabas hacia la orilla pero sin ver ni rastro de ella en el horizonte. Ese punto en el que el mar parece interminable y alrededor de tus pies difusos sólo hay agua y más agua. Las sombras de los peces te las imaginabas, porque allí debían de estar. Seguiste nadando. Y entonces llegaste.
criticar por criticar
Alanis Morissette – Havoc And Bright Lights
Havoc And Bright Lights es la historia de un viaje. Tiene final feliz, claro, ya lo adelantan el primer single Guardian y la portada del disco. Alanis recibiendo el sol con una sonrisa de oreja a oreja, su melena al viento en medio de un campo de flores. De las de pedir deseos, además: dientes de león. Toda una declaración de intenciones.
«Después de todos estos años, quién nos iba a decir que la mejor Alanis sería la Alanis feliz». Eso decían en una crítica que leí el otro día. Y no sé si ésta será la mejor Alanis, tampoco la he escuchado tanto, para mí ella es más de canciones perfectas que de discos completos. Pero me gusta oírla así de serena, al fin.
La acompañas desde el suelo en Woman Down hasta las nubes en Edge Of Evolution. Cayó y aprendió. A ganar (Win And Win), a recibir (Receive). El propio concepto del disco hace que empiece discreto, con pinceladas rock y baladas pequeñas como ‘Til You. Pero gana energía a partir de la eufórica Spiral. Energía y templanza y sabiduría y luz. Havoc lo resume bien: hay que cambiar con los cambios. Fluir.
Del caos a las luces brillantes. Cuántas veces hacemos ese viaje, el del enamoramiento, y siempre es un camino nuevo. Será porque haces otras cosas, creces, descubres. Redescubres. Ahora que está Él, hasta las canciones suenan distintas. Y eso tienes que contarlo. Escuchando el disco entero por fin lo entiendes. Sí, la felicidad siempre se siente nueva. Así que yergues la cabeza y le sonríes al sol.
Pollo con ciruelas
Flaco favor le hacen a esta película con ese título y ese póster y ese eslógan. Afortunadamente, dieron el tráiler cuando vi Prometheus y pensé: esto hay que verlo. Herencia de su origen de cómic, Pollo con ciruelas tiene un punto de mágico realismo que puede recordar a otras películas francesas como Amélie o Jeux d’enfants.
Y me gusta eso. Cada vez tiendo más a este tipo de historias, muy realistas y por tanto identificables, pero con puntos de contacto con la fantasía. Traspasar la barrera de los sueños, espejos deformadores, escenarios de cuento desplegable, imaginación desbordada. Para realidad pura y dura ya tenemos el día a día.
El humor, el amor y el drama se confunden en Pollo con ciruelas. Hay momentos tremendos (la escena que da lugar al título, por ejemplo) pero también secuencias magistrales, como cinco minutos hacia el final en los que se resume una historia de amor a través de los años y la distancia. Me hizo pensar en el inicio de Up: así de buena y emocionante y bonita es.
El amor como motor. Inspiración, chispa de vida. Estás muerto sin saberlo y entonces revives. Y creas. Y sigues creando y ya no hay quien te pare. También se puede crear a partir de la sonrisa. Lo olvidamos demasiado a menudo pero ésas son, creo, las cosas que más merecen la pena. Las que te dibujan una sonrisa.
Prometheus
Tendría 8 años o así. Una tarde de domingo, mientras mis padres hacían la siesta, me puse a escondidas la cinta de una película que me habían dicho que no viera, que me daría mucho miedo. De pequeño lo desafías todo. Pero sí, me dio tanto miedo que en la famosa escena del comedor tuve que parar. Seguí viendo la película a lo largo del día, a cachos, parando cuando el terror era insoportable.
La cinta era Alien. Luego llegaron tres buenas secuelas que nunca superaron a la original. Y ayer se estrenaba en España una película que puede o puede no ser una precuela de Alien. O quizá una película ambientada en el mismo universo pero sin relación alguna. Depende de a quien creas.
Yo digo que claramente es una precuela. No repite el terror pero está llena de guiños, pistas, respuestas y nuevos interrogantes sobre la saga. Y lo mejor de todo es que también funciona como película independiente. Ciencia ficción de la buena, con sus cuestiones metafísicas, sus paisajes helados y sus personajes enfrentados a una tensión latente.
Los peligros de preguntarse demasiado. Sobreanalizar, arañar porqués. No le busques tres pies al gato; déjale caminar con sus cuatro patas, como debería ser. Sí, deberías aceptar tu mundo tal como es. Ser feliz con lo que tienes. Dar las gracias. La vida es mucho mejor cuando sencillamente la disfrutas.
Shôninki. El arte del disimulo
Me gustan los ninjas. Usaban el disimulo para conseguir lo que querían. No eran superhéroes. Investigaban, intrigaban, actuaban. Batman no inventó nada. Los ninjas ya se mezclaban con las sombras, se fabricaban sus propias armas y utilizaban el entorno a su favor. Con discreción hasta la victoria.
Este libro es un privilegio. Recoge las enseñanzas secretas que durante generaciones sólo se transmitían entre clanes. Capítulos breves, apenas esbozos de técnicas y recomendaciones. Un ojo de cerradura para ver, o intuir, cómo actuaban estos guerreros fascinantes.
Soy fan especialmente de los títulos de los capítulos, tan evocadores: «Las enseñanzas de lobos y zorros», «Acceder a lugares elevados y a las profundidades», «Lo que hay que saber sobre los senderos de montaña desconocidos»… Y también fan de párrafos como éste:
Razonas como un principiante. Si quieres adquirir un cántaro grande y no piensas en otra cosa, no verás nada más que el cántaro. En cambio, yo me acomodo a las circunstancias. Robo muchas cosas pequeñas que oculto en mi manga. Tras revenderlas, me compro un cántaro grande. Es lo que denominamos la estrategia de ampliar la perspectiva.
Ampliar perspectivas, gran concepto. Supongo que no será casualidad que en mi viaje a Japón hace ya cinco años, mi lugar favorito fuese Nara, su antigua base de operaciones. Me gustan los ninjas, sí. Porque fluían y siempre ganaban.









