Woodkid – Iron / Run Boy Run

El domingo disfruté del concierto de Woodkid. Gratuito (este año es el que más conciertos habré visto pero también el que he gastado menos dinero), en plena plaza Reial de Barcelona. Los arcos de la plaza parecían sacados de las proyecciones que, sobre el escenario, acompañaban unas canciones dignas de banda sonora.

Y es que las composiciones de este francés está barnizadas con un halo épico. Ya se notaba su gusto por la grandilocuencia del cine en sus vídeoclips para Lana del Rey, por ejemplo. Esto fue a más con el estreno de Iron, single con el que presentó su primer EP. La conquista del paraíso en clave indie. Enarbolar la bandera para liderar una revolución, la de «Aquí estoy yo».

En Barcelona se le notaba con ganas de ser adorado por el público. Y lo conseguía, claro. No sólo es sexy, ese vozarrón profundo lo motiva todo. En las canciones más íntimas, como Brooklyn, Woodkid enamoraba. Una balada sobre la distancia y las cosas buenas que echas de menos bajo un París lluvioso. O Baltimore’s Flies, con ese piano que poco tiene que envidiar al de Someone Like You.

El piano y las trompetas, otra de las marcas de la casa. Qué intensidad la sección de viento. Pero todos estábamos esperando el pelotazo: Run Boy Run y sus percusiones sin tregua. La sorpresa es que muchas canciones del futuro disco, previsto para 2013, tenían tambores igual de apoteósicos o más. Safri Duo con alma, lo definimos. Será candidato a disco del año cuando salga. Saltos y emoción a partes iguales.

Run Boy Run! This world is not made for you
Run Boy Run! They’re trying to catch you
Run Boy Run! Running is a victory
Run Boy Run! Beauty lays behind the hills

Alphabeat – Express Non-Stop

Enciendes la radio. Una canción que no conoces te dibuja una sonrisa. Al segundo estribillo ya la tarareas. Esa canción se va tal cual llegó, empieza otra. Nunca sabrás su título pero recordarás la felicidad que te dejó. Pues bien, Express Non-Stop es como un recopilatorio de esas canciones. A tu alcance siempre que quieras que salga el sol, bailar o creer en el amor.

Pop luminoso, optimista, eufórico, enamoradizo. Ya desde su primer disco, es lo que mejor se les da a los daneses de Alphabeat. Pero es que aquí ponen toda la carne en el asador del pop más desenfrenado. El título lo deja bien claro: que la fiesta no pare. Quieren que muevas los pies, y lo haces.

No hay baladas. Desde himnos al poder rejuvenecedor del amor (Younger Than Yesterday) hasta la locura impredecible de Show Me What Love Is, el álbum es un viaje por lo mejor del pop de las últimas décadas. Hay incluso algún momento muy sesentero, como Mad About You, con sus uh-uh-uh, palmadas y shoop-shoop. Pero ellos consiguen que todo suene coherente. Y actual.

No es que el amor sea el tema más original en la música. Alphabeat lo llevan al extremo y todas las canciones de Express Non-Stop hablan de ese sentimiento. De la energía que te da. De los nuevos comienzos que provoca. Así que anímate. Ellos lo llaman Love Sea y suena como la secuela del How Will I Know de Whitney. Ponte tus mejores galas y baila en esta fiesta de promoción perpetua. Te van a coronar.

 
We’ll be hanging out somewhere in the clouds forever
Be my parachute, let’s set by the Moon together
As good as it feels, can’t be real
Too good to be true
I was coming down, I was in the dark til the summer

Haruki Murakami – Baila, baila, baila

No es un tópico. Murakami tiene algo que atrapa. Hipnótico. No siempre ocurre, a veces me he encontrado con libros suyos en los que no he podido avanzar más de 50 páginas. Pero cuando la magia se activa, Murakami te arrastra con él a ese mundo en el que parece que no ocurre nada y sin embargo pasa todo.

Los personajes del escritor japonés siempre están buscándose a sí mismos. Buscando ponerle nombre a algo que dará sentido a sus vidas. El protagonista de Baila, baila, baila (secuela de tapadillo de La caza del carnero salvaje, aunque se puede leer suelta), también emprende esa búsqueda. Casi sin quererlo. Algunos ascensores se ponen en marcha sin que tengas que apretar ningún botón.

Hay mucha música rock, asesinatos, viajes a la fría Sapporo y a la surfera Hawai, sexo a granel y sobre todo paseos, cocina, cine, lectura, el reencuentro sosegado con uno mismo. Tu casa, tu coche, tu compañía. Tu lugar. Lo que decía: pasa todo sin darte cuenta. Cada día es decisivo aunque «sólo» disfrutes de ti mismo, significa que sigues en movimiento.

Lo he pasado muy bien con esta novela. Pasa a ser una de mis favoritas de Haruki Murakami. Y como todas, ha llegado cuando tocaba. Porque Baila, baila, baila trata sobre todo de conexiones. Conectar los puntos, conectar los cuerpos. Todo es lo mismo. Es muy fácil. Coges el conector y…

No dejes de bailar mientras suena la música. ¿Lo entiendes? Baila. No dejes de bailar. No pienses por qué lo haces. No le des vueltas ni le busques significados.

El amigo de mi hermana

Mumblecore. Por lo visto, en Estados Unidos, a las películas independientes de bajo presupuesto y mucha conversación ahora se las llama así. Tecnicismos al margen, no os dejéis engañar por el póster: ésta es una película humilde y sencilla, no es la típica comedia romántica de Hollywood.

De hecho, ni siquiera es una comedia romántica. Te ríes, sí, pero siempre con el corazón encogido y entre drama y drama sueltas alguna carcajada. Es todo tan natural como la vida misma, otra de las características del mumblecore: naturalidad. Los diálogos fluyen como si los personajes estuvieran sintiendo y descubriendo las cosas al mismo ritmo que el espectador.

Todo el peso de la película recae sobre tres únicos actores. No improvisan, pero lo parece. Destacan sobre todo ellas. Emily Blunt sigue acertando al elegir sus papeles. Rosemarie Dewitt ya me encandiló en United States of Tara y aquí borda el papel más complejo de El amigo de mi hermana. Un aplauso a la dirección de actores.

La importancia de la sinceridad, de afrontar los retos con honestidad. Expresar tus sentimientos. Quién lo iba a decir: abriéndote al mundo, consigues que los demás se abran a ti. Recuperar las cosas que te gustan, salir de casa. Obligarte a montar en bici aunque ya no tengas el cuerpo para estos trotes.

MIKA – The Origin of Love

Me gusta Mika. Es decir, me sigue gustando Mika. Siempre lo vi como una versión casi adulta de Aqua, con su apuesta por el desenfado más colorista, su falsete, su mundo de piruletas y poses de Freddie alternándose con muñecos gays y felices mujeres con sobrepeso. Ahora llega otro episodio: el tercer disco, titulado The Origin of Love.

La portada rompe con todo el grafismo anterior. Intuyes que al cambio de imagen lo acompañará un cambio de sonido. Ojalá, piensas, porque su fórmula tenía fecha de caducidad. Y en cuatro canciones, las mejores, es así; pero el resto, por desgracia, suenan a descartes de los discos anteriores. No me refiero a descartes de los de: «¿pero cómo dejas esto fuera?», sino de los otros, de los de «hiciste muy bien».

Por ejemplo: CelebrateLola, que de puro tontas se dejan escuchar pero nunca acaban de despegar. O Love You When I’m Drunk, pseudo-imitación de su propio imitador King Charles. En cambio, cuando Mika se descalza y prueba cosas nuevas, acierta en la diana. Y mira que era fácil, la prueba la tuvo con el pelotazo Elle Me Dit, que aquí aparece en inglés bajo el título Emily. Después de una nueva intro a lo Call On Me, vuelve ese estribillo irresistible: dance, dance, dance.

A bailar te invita también con la trepidante Stardust, imagino que producida por Benny Benassi. Es un viaje de ida y vuelta a las estrellas en busca del amor. Será single y habrá remixes, seguro. La robótica Make You Happy emociona cuanto más se distorsiona la voz. A ratos, el cantante suena irreconocible, pero sabes que es él.

Y entonces llega Origin of Love. No conquista sólo por sus coros a lo Rey León, su ritmo funky, sus palmadas o su melodía de nana eurovisiva. No, lo mejor de todo es que aquí notas a Mika realmente cómodo. Hasta él lo sabe. Éste era el camino. Enamorarte no implica salirte de la línea sino tener ganas de saltar hacia adelante.

Like stupid Adam and Eve
They found their love in a tree 
God didn’t think they deserved it 
He taught them hate, taught them pride 
Gave them a leaf, made them hide 
Switched their stories aside 
You know the origin is you.