Friends with benefits

El sábado no me apetecía pensar. Ni pasar miedo. Quería una película entretenida, llevadera y previsible. Nada como una comedia romántica para estos menesteres, siempre están ahí para dejarte con el ánimo feliz, creyendo en todas las cosas bonitas. Que haberlas, haylas. Y hay que atesorarlas, lo dice Friends With Benefits.

No la vi en el cine, me recordaba demasiado a Sin Compromiso, que se estrenó casi a la vez. Y sí, la premisa es la misma: follamigos que pasan a sentir «algo más». Pero Friends With Benefits tiene mejor guión, mejores secundarios, mejor selección musical… y unos protagonistas que convencen. Viva la sexérrima Mila Kunis y viva Justin Timberlake (sobre todo sin camiseta y sin pantalones).

Dejarse llevar y, entonces, atreverte no sólo a sentir, sino a reconocer que sientes. Este proceso atravesarán ambos protagonistas. Cada uno a su ritmo, como tiene que ser. En el ajetreo de Nueva York, contarán con los consejos de Patricia Clarkson (que debería salir más, la adoro desde A dos metros bajo tierra) y de un sorprendente Woody Harrelson (convincente gay promiscuo con un corazoncito escondido).

En fin, película de sábado por la tarde, palomitas, helado y sofá, pero bien hecha. Con escenas para morir de amor, alguna que otra risa agradecida y un final que, dentro de lo previsible, sabe sorprender. La magia de Nueva York. Cuando te apetece contarle a ese alguien especial cómo te ha ido un día cualquiera, cuando escucharle cómo te cuenta el suyo es tu momento más feliz… ¿hay algo mejor?

The School – Reading too much into things like everything

Llevo unos días muy prom night. Me imagino mi baile de graduación con la música de un grupo de chicas cantando a coro. Armonías, trajes de topos, movimientos de manos, diademas y mucha laca. El año pasado estuve en una fiesta donde actuaban tres chicas en este plan y fue memorable su actuación de Oh Johnny Oh.

El caso: que The School suenan así. The Pipettes con un punto melancólico. Esa melancolía se nota sobre todo en la preciosa It’s Not The Same, balada otoñal donde las haya. Todo el disco es un poco como el sol en octubre, cuando entra por la ventana: calienta la mesa un rato. Luego apoyas los brazos y lo agradeces.

Para que no busques significados ocultos en los títulos, éstos son largos, lo cuentan todo desde el principio. The Grass Is Always Greener On The Other Side no por típico me gusta menos, es una de las canciones más bailables de un disco breve y siempre optimista. Deja fluir, no analices, disfruta lo que sientes justo ahora.

Me gustan estos discos actuales que podrían haberse grabado hace 40 o 50 años. Esa atemporalidad no es fácil, y estos galeses (cuatro chicas y cuatro chicos) la han conseguido. Regreso al futuro: montas tu Delorean y vas a la fiesta de graduación de tus padres para asegurarte de que se casen y no desaparezcas de la foto.

Y es que a veces, las cosas más improbables salen bien. La soleada Never Thought I’d See The Day, carne de anuncio con sus guitarritas y esas estrofas que con toda naturalidad se transforman en estribillos, da prueba de ello. Los triunfos existen. Basta con apostar a caballo ganador.

Oh here they come
Those feelings I have dreams about for so long
Each stop I make my head spin around
I never thought I’d see the day or hear the sound
Of your voice calling my name

Sobrevolaba sin red la Polinesia meridional

Otro concierto gratuito. La Casa Azul en El Prat. De éste tenía especiales ganas, porque me quedé sin entradas para el concierto que dieron en la sala Apolo en marzo. No me quejo: ese día trajo otras cosas buenas, pero me gusta cerrar círculos y el viernes pude hacerlo y disfrutar en directo de uno de mis discos favoritos de 2011.

Hasta 11 canciones de La Polinesia Meridional sonaron en la carpa instalada junto a la estación. Y es que el concierto duró casi dos horas. Pensábamos que por aquello de ser gratuito, haría una versión breve de la gira, y no, las cantó todas o casi todas. Desde una eufórica Los chicos hoy saltarán a la pista que nos hizo saltar ya desde el minuto uno hasta La niña más hermosa que, por fin, en directo me convenció.

Pasando, por supuesto, por La revolución sexual, alargada y alargada con una intro épica que nos tuvo expectantes. Well, are you ready to go? De este disco no cantó demasiadas, se centró más en el material reciente y en el de sus inicios (genial Chicle Cosmos). Pero no faltaron un remix muy emocionante de El momento más feliz ni un No más Myolastan en clave chundi-chundi. Apocalipsis multicolor.

Aunque todavía no había visto a La Casa Azul en directo, estaba tranquilo porque sabía que llegaría el momento adecuado, y que además, cuando llegase, me conquistarían. Y así fue. Tanto las versiones más fieles a los temas originales como las remezclas me transmitieron el mismo buen rollo que cuando los escucho subiendo escaleras a pleno sol o dando botes en la discoteca.

Las pantallas le daban a todo aún más color. Vídeos y proyecciones (algunas interactivas, como los kame-hame rosas) para potenciar la sobredosis de pop ultra-happy. Mucho vocoder, mucho androide guapo y mucha nostalgia de Japón. Dos horas para bailar y ser feliz non-stop. Si esto es la Polinesia meridional, me quedo.

Si de verdad quieres…

No es una comedia. La promocionan como tal: «Una nueva comedia del director de El diablo viste de Prada«. Y repitiendo director y actriz protagonista, esperarías otra retahíla de frases mordaces y carcajadas. No es el caso. Si de verdad quieres… es una película dura, a ratos incómoda, pero merece la pena verla.

Un matrimonio en un giro del camino. Ni siquiera en crisis. Entre los personajes que encarnan Meryl Streep y Tommy Lee Jones, un día la cosa dejó de funcionar. Simplemente eso. Sin grandes dramas. Para recuperar la chispa, se embarcan en una terapia de pareja dirigida por Steve Carell, más comedido de lo habitual.

Sus fantasías, sus deseos, sus demandas… todo saldrá a la luz. También sus ganas de luchar para que la relación siga adelante. La certeza de que, al fin y al cabo, esa persona que se sienta en el mismo sofá, les hace feliz. Las cosas sencillas: el desayuno, el beso de buenas noches. La película es todo lo gamberra y previsible que permite Hollywood.

Y alguna risa sueltas, claro. Ver a Meryl Streep rebuscando libros picantes en las librerías del pueblo o arrodillándose en medio de un cine para hacer una mamada son imágenes de las que no se olvidan. Y sobre todo, las alas que da esa certeza; hay que defenderla a capa y espada. Si de verdad quieres, puedes.

A Roma con amor

Roma queda muy lejos de París. Eso ya lo sabía, pero aquí se confirma. El año pasado, Midnight in Paris fue mi película favorita, y este 2012 ya la he visto otras 3 veces. Sigue pareciéndome tan mágica como la primera vez. A Roma con amor no tiene esa magia, ni siquiera te apetece viajar a Roma después de verla.

Para empezar, el título puede ser engañoso. De las cuatro historias que conforman la película (cuatro al principio, aunque se desperdigan), sólo dos giran entorno al amor. Las otras hablan de la fama involuntaria. Y es un amor de parejas en crisis. Se encara esta situación desde la comedia, pero el trasfondo no es cómodo.

No es el Woody Allen más inspirado, los mejores diálogos son los suyos pero casi parecen un añadido de última hora. La verdadera lástima es que la historia que protagonizan Alec Baldwin, Jesse Eisenberg y Ellen Page, con algo más de desarrollo habría sido una buena película por sí misma. Tendríamos así un producto certero.

Pero la película es la que es, no la que te gustaría. Así que sin moverte de la butaca, ríes y disfrutas. En el fondo, de eso se trata. Desearías encontrarte menos recovecos pero es lo que tiene Roma. Ruinas y callejuelas no siempre luminosas que al final desembocan en una plaza con una fuente bonita. Las crisis existen, pero se superan.