Brenda Shoshanna – El zen y el arte de amar

«Cuando me busques de verdad, me verás en el acto»
(Kabir)

Como el mar en calma. Así me quedé después de leer este libro, y mientras lo leía. Me ha gustado mucho, la verdad. Al principio solo lo hojeé, como hojeo todos los libros que llegan a la tienda, y entonces saltó una frase que parecía escrita para mí en ese preciso instante. Eso ocurre solo con los libros especiales, y éste tenía que serlo.

La autora hace un paralelismo entre el proceso de enamoramiento y una sesión de meditación zen. Es curioso cómo encaja cada paso (cada capítulo), descalzarte, sentarte, el arte de cocinar, limpiar… pero más allá de la ocurrencia, lo bueno de El zen y el arte de amar es que, sin necesidad de que te interese el zen, sus ejemplos son visuales. Entiendes al momento qué es lo que podrías mejorar. Sin prejuicios.

¿Es autoayuda? Sí, y tampoco dice nada nuevo, en realidad, nada que no intuyeras ya. Pero como siempre digo, a veces viene bien que alguien te lo recuerde. El libro, además, es útil tanto para quien no encuentra pareja como para quien la encontró pero algo no salió bien, también para quien la tiene y quiere disfrutarla aun más.

Hay que saber apreciar lo que el mundo te da. A menudo piensas en lo mucho que te falta y no piensas en todo lo que ya tienes a tu alcance. A veces abres la puerta pero no enciendes la luz del porche. A veces culpas al mundo pero no pones de tu parte. A veces no entiendes por qué. Y a veces llegan libros como éste.

En la práctica zen nos volvemos vulnerables. Cuando nos descalzamos, empezamos el proceso de ir soltando nuestras defensas habituales y signos externos de valor. En el zendo encontramos nuestro auténtico valor, pero antes debemos abrirnos y soltar aquello a lo que nos estamos aferrando. Al hacerlo, descubrimos que aquello a lo que nos habíamos estado aferrando era lo que nos causaba los conflictos y el dolor. Y a medida que seguimos practicando, nos resulta cada vez más fácil quitarnos los zapatos y caminar, expuestos y descalzos, por el suelo de madera. Aprendemos a hacer lo que se nos pide sin titubear y a lo mejor incluso descubrimos que fue nuestra incapacidad para hacerlo en el pasado lo que contribuyó a que experimentáramos desengaños y rechazos amorosos. (Pág. 22)

Submarine

Segundo romance hipster del año. Tras ver la maravillosa Moonrise Kingdom, tocaba el debut cinematográfico de Richard Ayoade (uno de los protagonistas de IT Crowd y director de videoclips para gente como Arctic Monkeys, Vampire Weekend o Yeah Yeah Yeahs). La película se estrenó en Inglaterra el año pasado. No es que se haya estrenado tarde en España; es que, como todo, ha llegado cuando tenía que llegar.

Sorprende que sea la adaptación de una novela. Y es que el mundo de Oliver Tate, el protagonista, es tan sumamente visual, que no te la imaginas como un bloque de texto. Bien de filtros, bien de efectos y bien de montaje (ese plano/contraplano en el pasillo). Una sorpresa tras otra. Da gusto pagar por ver delicias así en el cine.

Siempre acompañado por las canciones de su radiocassette, Oliver quiere salvar el matrimonio de sus padres, quiere seducir a una chica… pero descubrirá que tiene que establecer una escala de prioridades para salvar todas esas cosas que le importan. Una flecha no da para mil dianas. Habrá que buscar mejor munición.

Me gusta que los protagonistas no sean perfectos ni guapos. Me gustan los ojos mega-expresivos de él y la sonrisa cabrona de ella. Me gustan las escenas donde solo existen ellos dos, felices al correr por la playa o entre luces de colores. Cuando cogerse de la mano es descubrir el mundo. Un film sobre el amor, sin más. Disfrutadlo.

Gravity Rush

Desafiar la gravedad. Era lo único que te quedaba por probar. Gravity Rush empieza, claro, con una manzana, tan roja como la de Isaac Newton. La haces caer, y cae… y entonces flota. Porque ésa es la gracia del juego: conseguir que Kat, la protagonista, vuele, salga disparada, use las paredes como si fuesen un nuevo suelo.

Desde siempre, los juegos más divertidos son aquellos que se basan en una idea sencilla pero triunfadora. De la que no te cansas, vaya. Es lo que ocurre en Gravity Rush. Algo tan tonto como poder explorarlo todo. Perspectivas imposibles, rincones que rebosan secretos. La gravedad en tus manos. Cada salto se convierte en un vuelo rasante por los tejados mientras la gente te admira desde el suelo.

Las misiones quedan en segundo plano, la verdad. Hay carreras deslizantes, pruebas contrarreloj, combates contra hordas de enemigos y jefes gigantescos… Pero cuando te lo pasas mejor es perdiéndote por Heskeville. La ciudad es tuya para que la explores entera, desde todos los ángulos. Es preciosa, con un toque europeo, esas plazas con sus fuentes. No faltan los castillos ni los barcos voladores.

Todas las consolas necesitan al principio un juego como Gravity Rush. No es el más vendido, pero sí el primero que imprime carácter en el catálogo de la plataforma. Confiaremos que para cuando llegue la segunda entrega de las aventuras gravitatorias de Kat, PS Vita haya despegado por fin. Hasta entonces, tocará flotar.

Hiromi Kawakami – El señor Nakano y las mujeres

«Un plato útil, un estante útil, un hombre útil.»

Tenía esta crítica guardada en un cajón. A la espera del momento oportuno, como todo lo que venden en la tienda de objetos de segunda mano donde transcurre esta novela. Objetos curiosos esperando a su comprador. Hiromi Kawakami tuvo cierto éxito con sus libros anteriores, pero éste todavía no lo había vendido. Hasta hoy, que han comprado dos ejemplares. Y he pensado que ya tocaba comentarlo.

La tienda del señor Nakano y los objetos que habitan en ella son los auténticos protagonistas de la novela. Por eso no entiendo  la elección del título, da una idea totalmente contraria al estilo profundo, sutil, sereno de la autora. La historia no transcurre en la cama sino entre estanterías polvorientas, figuras de madera, ceniceros antiguos, paraguas, electrodomésticos retro. La luz del sol o la lluvia que se ven desde la cristalera del escaparate.
Sí, la atmósfera es uno de los logros de la novela. Es el aire que respira esa extraña familia formada por el señor Nakano, su hermana Masayo y sus dos empleados, Takeo y la narradora del libro, Hitomi. Los objetos que venden, los variopintos clientes que visitan la tienda y también las comidas que comparten alrededor del hornillo irán moldeando las relaciones entre ellos. El día a día de cuatro seres útiles.
Tendrán que aprender que ellos no están en venta, por ejemplo. Que para querer a otro hay que quererse primero, y así destacar en medio del escaparate abarrotado de la portada. Espera, confía, brilla. Como un diamante de segunda mano. Me fascina esta autora. Sus libros son pequeños ríos, pedazos de vida que fluye.

Go On

«The next right thing will come to you.
Let it. Just be ready.»

Seguir adelante. No había título mejor para la nueva comedia de Matthew Perry. El hombre no consigue triunfar desde Friends pero sigue intentándolo y esta vez parece que va por el buen camino. En Go On interpreta a Ryan King, un locutor deportivo que acaba de enviudar y que se apunta a un grupo de terapia para superar la pérdida.

Daría para un dramón, sí, pero Matthew Perry apuesta por el optimismo (su anterior proyecto se titulaba Mr Sunshine, nada menos) y sus guionistas le dan la vuelta a la tortilla. La serie no va de pérdidas sino de ganancias. Abrazar el presente, darte cuenta de lo que tienes, de lo que puedes hacer, aceptar a las personas que te rodean tal como son, con todos esos detalles que las hacen únicas.

Únicos son, sin duda, los secundarios, un reparto extenso para una sit-com. Están la lesbiana viuda, la latina egocéntrica, el ciego, el acoplado, la loca de los gatos… pero hay más, como por ejemplo los compañeros de radio. Sinceramente, no recuerdo el nombre de ninguno. Son graciosos en su justa medida. Sirven todos de cojín, de contrarréplica para que Matthew Perry se luzca. Él es la estrella del show.

Empiezas a verla sin brújula, qué me están contando, pero capítulo a capítulo les coges cariño a todos. A Ryan King sobre todo. Es una comedia extraña, porque a veces te emociona (las visitas fantasmales de la esposa, por ejemplo), no siempre ríes tanto como esperabas, pero sigues viéndola porque así es la vida. Una sorpresa tras otra.