Tashaki Miyaki

Música de domingo. Tarde de sofá, la lluvia limpiando la ventana y Barcelona entera. Estás haciendo otras cosas, o no estás haciendo nada, pero de fondo tienes este EP. Te acompaña. Qué fácil entra la música a veces. Das con ella por casualidad y conectas; interferencias, quizás, de otra dimensión donde ya la conocías.

Que no te confuda el nombre: son chico y chica, y vienen de California. Ayer actuaron en el festival Emergència del CCCB. La acústica del hall no era la mejor ni tampoco los baffles, pero por encima de la batería y los rasgueos de guitarra, por encima incluso de la gente que hablaba, algo dominaba el espacio: la voz de ella.

Me encanta. Suena familiar. Como si tu hermana fuera cantante y tuviese el don de transformar en palabras bonitas ese enredo de pensamientos que tienes en la cabeza. Sus versos flotan igual que flota la colonia de tu persona favorita al llegar a casa. Melodías frescas, jurarías que acaban de ocurrírsele.

Por ahora solo han lanzado un EP, varios singles sueltos y un puñado de versiones. Pero en los ojos de ella hay algo. No sé si es ambición, optimismo o confianza. Algo bueno, en cualquier caso. Te transmite que habrá más, mucho más. Un primer paso siempre sabe a poco, sí, pero ese primer paso supone el comienzo de algo. Como esos cohetes que empiezan despacio y luego surcan galaxias enteras.

Somethin’ is better than nothin’
Unless somethin’ is nothin’ too
It’s gonna be alright
It’s gonna be alright
It’s gonna be alright
It’s gonna be alright

Alberto Olmos : Ejército enemigo

«La solidaridad ha fracasado.»

Libro incendiario donde los haya. De hecho, a punto he estado de no comentarlo en el blog. Alberto Olmos, en boca de un protagonista cínico, publicista desencantado con el mundo, subraya los fallos de nuestro sistema. Pero detrás de su nihilismo, quiero ver las bases de otro mundo. No sé si mejor, ya se verá, pero otro mundo.

Es decir: hay que conocer para mejorar. Y el libro entra a trapo: juventud sin futuro, trabajos basura, activismo solidario de boquilla, el escaso valor de la intimidad en una época de redes sociales, la pornografía amateur, el capitalismo caníbal que quiere vender iPads a gente desplumada. El legado que dejamos.

Ejército enemigo es, además, una novela policíaca. Hay un crimen y una investigación en apariencia imposible. A ratos me recordaba a la del primer volumen de Millenium, cambiando la nieve de Suecia por el polvo del cemento de algún suburbio madrileño. Tensión creciente, muy bien medida, que llega a un tramo final terrorífico.

Ya llevo leídos tres libros de Alberto Olmos y me parece un autor valiente. Comprometido no, nada más lejos de su intención: valiente. Habla de lo que a menudo nos da vergüenza poner en palabras. Incomoda. Y con el culo torcido en el sofá, aprendes, quieres avanzar, reconstruir. Protegerte.

Bestias del sur salvaje

«Todo el mundo depende de que todo encaje perfectamente.»

Esta película es una de las sorpresas de la temporada. No sé qué ocurrió antes, si Obama asegurando que era su favorita del año, o los premios que se está llevand. Ahora mismo está nominada a 4 Oscars. Ya avanzo que, una vez visto, el resultado no es para tanto. Pero Bestias del sur salvaje tiene su encanto, eso seguro.

El encanto de una niña que puede descifrar los latidos del corazón de humanos y animales. El encanto de un poblado de parias que viven junto a un río siempre a punto de desbordarse. El encanto de su música, este apartado sí merecía todos los premios y a ratos me recordaba al gran Woodkid. El encanto de una historia que mezcla realismo casi documental con la fantasía de un cuento de hadas.

La película pasa de puntillas por la denuncia social o los ecos del Katrina. Apuesta, sobre todo, por la libertad personal. Libertad para estar locos y vivir tal como uno considere oportuno. Un individualismo mejor porque se preocupa de ser feliz, sí, pero humilde. Entendiendo que formas parte de un todo: si tú estás bien, ayudas a que tu entorno también lo esté. Bestias en armonía.

Paperman

«Dar en el blanco es el resultado de noventa y nueve fracasos.»
(Ariel Andrés Almada – Los cerezos en diciembre)

The Artist y el mejor anime japonés. Son las primeras cosas que me han venido a la mente viendo esta maravilla titulada Paperman. Su protagonista parece salido de la pluma de Naoki Urasawa. Durante los 6 minutos que dura el corto, no se pronuncia ninguna palabra, pero está lleno de magia. De la de verdad. La unión perfecta de animación tradicional y 3D. Les ha costado pero lo han logrado.

Y de eso va la historia de Paperman. De intentarlo, intentarlo, intentarlo. Tantas veces que pierdes de vista el objetivo original. Para encontrar hay que buscar, pero también saber soltar a tiempo. Poner la suerte en movimiento, nunca forzar que el viento sople a tu favor. Fluir es avanzar y también confiar que ocurrirá algo bueno.

Siempre he admirado a esos amigos que tienen pareja estable con la que llevan años. Me gusta escucharles. Sin ir más lejos, hoy un amigo me contaba que se va a casar con su novio después de 12 años juntos. Es bonito oírles rebobinar a esos primeros momentos, cuando solo había corriente y una barca temblequeante y dos remos que no sabían bien cómo usar. Todos somos principiantes alguna vez.

Los que sabéis muy bien qué significa remar juntos, los que estáis cansados de lanzar aviones de papel, los queréis que os enseñen a bailar, los que creéis en la magia, incluso los que dejáis que de eso de la magia se encarguen los demás… Disfrutad todos del arte de Disney en estado de gracia.

El lado bueno de las cosas

Todos llevamos equipaje. Pero no siempre nos pesa lo mismo. Hay momentos y momentos, y el que atraviesan los protagonistas de este drama romántico es el momento más bajo de sus vidas. Pero lo bueno de llegar al fondo del pozo es que a partir de ahí ya solo queda una salida: subir. De esa ascensión trata la película.

«Excelsior», lo bautiza Pat. Ver el lado bueno de las cosas, sacarle partido a los obstáculos y tomarse con humor cualquier desaguisado. No es fácil para alguien bipolar como él, con constantes ataques de ira y una medicación que lo deja medio abatido. Pero lo intenta, vaya si lo intenta. Ahí están sus padres para ayudarle. Y una chica. Bueno, La Chica: ya he dicho que esto era una película romántica.

Lo mejor del optimismo que comparten todos los personajes de El lado bueno de las cosas es que te lo crees. No es un optimismo ingenuo de nubes rosas y arcoiris. Es crudo, salvaje, sangra si le golpean. Pero está hecho a prueba de bombas, porque eso de apostar alto tienes que ganártelo. Y sudar, sudar mucho.

Iba con las expectativas muy altas. Avisado también, de que no ésta era una comedia al uso: tiene mucho de drama y flirtea con el indie, el último grito en Hollywood. Yo encantado. Bienvenidas sean todas las películas que se salen de la fórmula y ofrecen protagonistas distintos. Desquiciados casi, en este caso. Y adorables, y guapos. Tan creíbles que hacia el final a punto estuvimos de aplaudir todos.

Alguien que te enseñe a bailar o que como mínimo quiera bailar contigo. Y compartir locuras. De eso se trata el amor. Bichos raros que se topan en el zoológico. Juntos llegarán más allá de las nubes, lugar privilegiado desde donde contemplar ese silver lining del título original y gritar: ¡Excelsior! ¿Ves como merecía la pena buscarlo?