Dido : Girl Who Got Away

«If only for today
I wanna be the girl who got away
The lover who really loved
The dancer who danced to the last song»


Blackbird empieza como un remix: voz entrecortada encima de un loop. Pronto desemboca en una estrofa casi rapeada hasta que, sin previo aviso, la canción levanta el vuelo, la voz de Dido se vuelve mística, un estribillo de los que iluminan cualquier día. Arreglos electrónicos sutiles, mezclados con la orquestra.

En su carrera siempre hubo canciones así, pero las «escondía»: eran la última canción del disco (Take My Hand), bonus tracks o singles sueltos (Everything To Lose). Ya no. Ahora Dido es más valiente, o le da igual que ya no la vean como la chica cursi de antaño. Si tiene que haber experimentos, que los haya. Bienvenidos la electrónica y el rap y los pasos fuera de tu zona de confort.

Más allá de melodías y producciones, sus canciones siempre han sido los cuentos de una superviviente. Leyendas y lecciones de vida de alguien que sabe muy bien de lo que canta. Conoce las palabras exactas. Esos dos versos que se repiten sin cesar en la bucólica No Freedom: «No love without freedom, no freedom without love».

Todo un viaje el de esta Girl Who Got Away. Del épico salto al vacío en Loveless Hearts a los paisajes serenos de Sitting On The Roof Of The World, de momentos que rozan el trance o el r’n’b a guitarritas en mano apenas punteadas. Este es su disco más completo. Me imagino su sonrisa de satisfacción al dejar las llaves en la bandeja y quitarse al abrigo. Consiguió escapar pero ha vuelto a casa.

«Try to think of a world
Where you could stay and these safe hands could go
Take your heart above the water
Wherever I chose to go»

El Atlas de las nubes

«You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one»

Soy talifán de los Wachowski, vaya eso por delante. Menos Lazos ardientes, que no la he visto, todas sus películas me han dejado clavado al asiento y, lo que es más importante, me han hecho pensar una vez fuera de la sala de cine. Bueno, Speed Racer no tanto, pero la trilogía Matrix y «su» V de Vendetta sí.

Ahora tocaba Cloud Atlas. Ni siquiera después de ver el tráiler sabía muy bien qué esperar. Película de época y ciencia ficción, los mismos actores en papeles totalmente distintos, comedia, espionaje, acción, amor eterno… parecía un cóctel con muchos ingredientes, demasiados. Y dura 3 horas, nada menos.

Ya en el cine, el desconcierto todavía duró 5 minutos. Y entonces conecté. Me olvidé de todo, disfruté, ni por un momento se me ocurrió mirar la hora. En la pantalla se sucedían las espectaculares vistas de una Seúl futurista con las cartas que escribe un pianista enamorado de otro hombre, saltábamos de un thriller sobre una central nuclear a un grupo de ancianos planeando su fuga de un asilo.

Si en Matrix o V de Vendetta los Wachowski alentaban la rebeldía contra el sistema, aquí apuestan en cambio por los pequeños gestos individuales. Cada crimen o cada acto de bondad acabará decidiendo el futuro, no el nuestro, sino el de la Humanidad entera: una red de conexiones invisibles. Piedrecitas que desencadenan avalanchas.

Me ha sorprendido, sobre todo, que sea una película tan intimista. Más allá de toda la parafernalia, de los efectos especiales, de su peculiar narrativa con historias entrecruzadas a lo largo de varios siglos, película cuenta la historia (las historias) de seis héroes y las personas que les rodean en el momento más crucial de su vida. Sus sentimientos y sus dudas ante la encrucijada: ése es el eje de Cloud Atlas.

Entiendo que no tuviera éxito en Estados Unidos. Lo entiendo y me da mucha pena, porque es una película necesaria. Tú también puedes ser un héroe, parece decirte. Alguien al que futuras generaciones recordarán como fuente casi divina de inspiración. No hacen falta grandes gestas. De tus decisiones depende: firmar o no firmar un contrato, componer una canción, ayudar a unos desconocidos, valorarte a ti mismo. Quizá nuestras pequeñas revoluciones sean las más importantes.

Alessandro Baricco : Mr Gwyn

«Se percataba de que estaba desnuda
solo cuando estaba sola, o cuando él no la miraba.»

El libro ha llegado a mis manos de forma tan accidental como puntualísima. No ha tenido tanta repercusión como otras obras de este autor. De acuerdo, no llega a la perfección de Seda, pero comparte lirismo a pesar de ser una novela muy urbana. Un Londres reconocible donde los personajes buscan nuevas oportunidades.

Mr Gwyn enlaza sorpresa tras sorpresa: se vuelve thriller, novela romántica y viaje de autodescubrimiento. Es muchas cosas, pero sobre todo es un libro de esos que recomiendas y de los que no paras de subrayar frases. Frases que siempre vuelven, como un perfume o el calor intenso de aquel abrazo en una habitación a oscuras.

Lo que más me gusta de Alessandro Baricco es cómo retrata los complejos sentimientos humanos con frases sencillas. Despojando las frases de adornos y adjetivos superfluos, con cada breve capítulo logra emocionarte como el mejor de los poemas. Aquí vuelve a conseguirlo. Cuatro pinceladas y ya conoces a sus personajes: cómo son, cómo sienten. Me quito el sombrero.

Recuperar el gusto por la escritura, la escritura como pasión y no como trabajo mecánico. Recuperar el gusto por dejarse conocer, dejarse contemplar: amar, en definitiva. Olvidarse de las metas y sencillamente sentir. Disfrutar en todas y cada una de las facetas de tu vida: una defensa de eso, ni más ni menos.

Nos quedamos parados en la idea de ser un personaje empeñado en quién sabe qué aventura, aunque sea sencillísima, pero lo que tendríamos que entender es que nosotros somos toda la historia, no solo ese personaje. Somos el bosque por donde camina, el malo que lo incordia, el barullo que hay alrededor, toda la gente que pasa, el color de las cosas, los ruidos. ¿Lo comprende?

Dos días en Nueva York

A Julie Delpy la tenía por aventurera. Romántica y viajera, nómada, emocionalmente inquieta. Así me lo han transmitido sus personajes a lo lago de los años. Por eso me chocó empezar a ver la secuela de Dos días en París, y descubrirla con una familia, disfrutando de una vida casera. Películas en la cama, besos de buenas noches.

Y a ella misma le choca, creo. Esta vez los turistas serán sus familiares, que llegan a la ciudad para asistir a una inauguración del personaje de Delpy. Esta visita le servirá a ella de excusa para desestabilizarlo todo, remover los cimientos a ver qué pasa. Su novio asiste estupefacto a tamaña transformación pero le servirá también de apoyo.
Me ha sorprendido. Me ha gustado. Y sobre todo, me he reído. Los clichés siempre divertidos del desencuentro de culturas, chistes de Obama, de franceses socialistas aficionados a los menage-à-trois, niñas que venden hierba. Y cierto aura de trascendencia entre tanto chascarrillo. Balance vital en una comedia romántica. De repente tienes 40 años y una familia: ¿era esto lo que querías?

En las series americanas siempre nos enseñan que los personajes, cuando maduran, abandonan la caótica Manhattan y se instalan en alguno de los barrios más tranquilos de Nueva York: Queens, Brooklyn, con sus islas de casitas ajardinadas. Delpy, aventurera ella, se atreve a seguir en Manhattan. Con la compañía y el estado mental adecuados, puedes construirte una isla en la gran ciudad.

Ni no Kuni

«Me diste el mejor regalo: la vida.»

Llevaba años esperándolo. Literalmente, porque salió en Japón en 2011. Y aquí está: un portal a otro mundo («Tu Mundo»). Los monstruos campan a sus anchas por un mapeado extenso y bellísimo. Pero  son, ojo, monstruos útiles porque luchan contigo. Y muy, muy monos, de esos que te dan ganas de capturar hasta hacerte con todos.

En un mundo (el nuestro) donde los juegos de rol japoneses andan de capa caída, Level 5 y Studio Ghibli se aliaron para salvar el género. Si lo han conseguido o no dependerá de los gustos de cada uno. A mí desde luego me ha conquistado esta mezcla de anime totoriano, Dragon Quest y Pokémon.

Han sido muchas horas enganchado al mando buscando tesoros por el desierto, surcando los cielos en busca de otra isla y riéndome con una traducción bien localizada, rebosante de chistes. Muchas horas y las que quedan: la aventura continúa después de los títulos de crédito. Más misiones, más enemigos, más cofres.

¿Lo que más me ha gustado? Su argumento. Un cuento de hadas en el que un niño tiene que convertirse en mago para salvar a su madre. Es la historia de un aprendizaje, sobre todo, recopilar páginas de tu vademécum de magia, hechizos y cuentos con los que no contabas pero de gran ayuda, porque siempre encuentras cosas mejores cuando te embarcas en un viaje.

En la piel de Oliver, no estás salvando el mundo sino repartiendo felicidad. Devolviéndole a la gente su entusiasmo, motivación, confianza, autoestima, coraje, bondad, amor. Así, descubrirás que lanzar hechizos está bien pero que también puedes hacer feliz a la gente. Y ese don sí que es digno del mejor de los magos.