Chema Madoz. Ars combinatoria

No había lugar más idóneo que La Pedrera para acoger esta exposición. Una retrospectiva de toda la obra de Chema Madoz, fotógrafo que hace cuadros que son poemas. Y enigmas, y bromas, y juegos, y también historias de las que solo conoces una parte y querrías saber más.

Le conocías sin saberlo. Sus obras son tan potentes que han ilustrado decenas de portadas (libros, revistas, prensa) y a veces te las has encontrado por internet sin mencionar su autoría. Entrar en la enorme sala de La Pedrera donde han colocado sus cuadros, en marcos bien elegidos, algunos negros y otros de madera, es entrar como Alicia en un mundo familiar que te sorprende en cada esquina.

Corres para acercarte a ese cuadro con letras que parecen salirse del mismo, te paras a contemplar esa vela con llama en forma de pluma, metáfora tan sencilla que a nadie se le había ocurrido. Sientes la soga del collar de perlas y te agarras al bastón-asidor. Madoz inventa objetos con tanta alma que desearías que existieran. O que en realidad existen, en un mundo al alcance de la mano. Basta con abrir los ojos.

Si eres un creador en busca de inspiración, si quieres emocionarte, si cada verano te atreves a probar los nuevos helados, si no te gusta la fotografía, si crees que ya lo has visto todo… Hasta el 28 de julio de 2013, en La Pedrera. ¡Y gratis!

Neon Neon : Praxis Makes Perfect

A menudo ocurre que vas por tu tienda de discos favorita y una portada te llama y tienes que comprarlo sí o sí. Compra impulsiva, lo llaman. Si tienes suerte, la tienda contará con una de esas máquinas que te dejan escuchar cualquier disco en catálogo. Sea en la tienda o en casa, lo curioso es que ese disco suele ser el que necesitabas ahora. Me pasó con el primero de Neon Neon, Stainless Style, synthpop del bueno para contar la vida del creador de coches DeLorean a través de canciones.

Todo apuntaba que sería un disco único, los miembros del grupo tenían otros proyectos. Pero ayer descubrí por sorpresa Praxis Makes Perfect. Recién salido del horno, otra ración de pop con sintetizadores ochenteros, repitiendo la fórmula del biopic musical. Homenajean a Giangiacomo Feltrinelli, editor que apostó por libro como Doctor Zhivago o El Gatopardo, claves en la literatura del siglo XX.

Pero al margen del contenido, las canciones están a la altura. Vuelven las atmósferas sonoras, las campanas y las percusiones retro, los coros casi robóticos y los estribillos pegadizos (sobre todo a partir de la segunda escucha). Como si a los hijos de New Order y Pet Shop Boys también les diera por hacer música.

Me ha gustado reencontrarme con Neon Neon cinco años después de comprar por impulso su primer disco. Me ha gustado, cómo no, que en este momento de mi vida hablen de un editor valiente. Todo llega cuando tiene que llegar. Pero sobre todo, me ha gustado que aquello que me cautivó, la propuesta ochentera con unas canciones que te van calando, se repita aquí. Regreso al futuro.

Los amantes pasajeros

El primer día de clase, el profesor de dirección de cine nos propuso un ejercicio. Teníamos que coger una escena nuestra, cualquiera servía, y ensayarla durante media hora con un par de actrices de la clase de interpretación. Después la presentábamos delante del resto de compañeros. «¿Qué te ha parecido?», preguntaba nuestro profesor al final de cada presentación. «¿La rodarías tal cual?»

Todos decíamos que sí. Que la rodaríamos así, cambiando quizá un par de frases, pero que en general estábamos satisfechos. Que las chicas lo habían hecho estupendamente. Todos dijimos lo mismo y todos nos equivocábamos, porque en las escenas de los compañeros ya veías enseguida que faltaba ensayar mucho, pulir mucho, descartar mucho, sacarle más partido a otros trozos.

Nos lo corroboró nuestro profesor. Siempre te deslumbra la magia de ver cómo tus palabras cobran vida en las bocas y los gestos de otros. Por eso nos recomendaba filmar los ensayos y repasarlos desde la distancia. Así se consigue imprimirle fuerza al guión, prescindiendo de lo que no funciona y enfatizando lo que sí.

La versión de Los Amantes Pasajeros que se ha estrenado en el cine es una grabación de ese primer ensayo. Solo así se entiende que grandes actores actúen con el piloto automático, que siga ahí la historia de Willy Toledo y en cambio no se saque más partido de los tres azafatos, especialmente Carlos Areces, la auténtica estrella de la función. «Estás hablando con un apóstata, que lo sepas.»

Pero mira, el número musical dura tres minutazos fantásticos, también hay 4 frases con las que te ríes, le ves el paquete a Miguel Ángel Silvestre, Raúl Arévalo nunca ha estado tan guapo y al final suena The Look de Metronomy. Ya es algo.

La dona vinguda del futur

«T’equivoques si només veus un sol color…»

Había ganas de ver La dona vinguda del futur. Un musical con canciones a cargo de Guille Milkyway tenía que ser poco menos que la séptima maravilla pop. Y así fue. Vestuario colorista, coreografías sencillas pero con mucho desparpajo, proyecciones retro a cargo de Lyona y, sobre todo, la música al servicio del texto de Marc Rosich.

La historia es infantil, sí, pero no trata al espectador como si fuera un niño y hay suficientes guiños picantes y críticos para que el adulto se sienta parte del espectáculo. Se ponen en cuestión los valores de esas familias tradicionales que no hacen caso a sus hijos y caricaturiza la televisión actual y el consumismo sin criterio.

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Pero sobre todo defiende la imaginación, el optimismo y la búsqueda de nuevas perspectivas a la hora de enfrentarse a las situaciones que se van presentando por la vida. Invita a conjugar ciencia con intuición, Albert Einstein con la purpurina eurovisiva. Un musical, en fin, inspirador en estos tiempos de crisis.

Como les pasa a los personajes de la obra, se te van los hombros y los pies al ritmo de las canciones. Son 6 completas y otras tantas entre jingles y versiones. Desde esa reinvención bailable del Amo a Laura que es Som una família tradicional al apocalipsis Disney de El targeter cromàtic, las melodías pegadizas inundan el escenario.

Mi favorita: Tot és relatiu, que supera el tema homónimo de Fangoria y además tiene la mejor coreografía y la proyección más vistosa. Para una futurible adaptación al castellano, espero que sean más listos y que a la salida de cada representación, vendan un EP con las canciones de la obra. Todos salíamos cantando, por algo será.

STOP! S’han acabat els drames
STOP! Ja no cal patir per les taques
STOP! Xocolata, greix, melmelada
Digueu-los STOP! BYE-BYE! d’una vegada
(Puedes descargar canciones completas, fragmentos y vídeos en la web del TNC.)

OneRepublic : Native

«No more counting dollars, 
We’ll be counting stars»

Es un grower, seguro, tendré que ponérmelo más veces, igual lo comento la semana que viene, ya veremos. Cosas que pienso con otros discos y que no he pensado con éste. Nada más escucharlo esta mañana, me ha encantado. Todo tendría que ser así de fácil: pones un disco y te gusta y lo recomiendas. Sin excusas.

Native es uno de esos álbums que tanto disfruto poniendo en el blog. Porque tiene canciones sobre sentirse vivo otra vez, invita a ponerse en acción y hacer todas las cosas pendientes. Dejarse abrazar, quemar billetes para contar estrellas, cambiar de balanza y decidir lo que de verdad es importante ahora. La vida a todo color.

Los chicos de OneRepublic cogen la fórmula de Good Life y la mejoran. Hay palmadas, hay coros, hay teclados y percusiones. Todo lo necesario para llenar las canciones de optimismo y la dosis justa de grandilocuencia. Crecimientos constantes que desembocan en finales épicos para saltar en medio del estadio.

Tengo ganas de ponérmelo al empezar el día, sé que me animará mucho en las próximas semanas. Y eso que ha llegado de la nada. De OneRepublic, conocía hasta ahora dos o tres canciones y las producciones de Ryan Tedder para otros cantantes. Con Native todo ha sido más instintivo. Somos animales que sienten, disfrutémoslo.

I’m feeling better since you know me 
I was a lonely soul but that’s the old me
A little wiser now but you show me 
Yeah, I feel again