The lunchbox

«A veces un tren equivocado
te lleva a la estación correcta.»

Así de caprichoso es el azar. Cuando estás atrapado, solo un error podría liberarte. Atrapado embutiéndote en el metro para ir y volver del trabajo, cocinando día tras día para tu marido, observando el giro incesante del ventilador del techo como único pasatiempo. Atrapado en una vida que no te gusta pero es la tuya.

La liberación: el olor del pollo tandoori al brotar de una fiambrera metálica, las palabras de alguien que por fin te comprende. Un desconocido, porque en The lunchbox hay dos desconocidos deseando conocerse. Deseando o necesitando: viene a ser lo mismo. Un error de logística los une y de golpe vuelven a sentirse humanos en medio de una ciudad abarrotada de gente.

Continúan los gestos mundanos: el cigarrillo en el balcón antes de dormir, tocar la ropa tendida para saber si sigue húmeda. Pero ahora con una sonrisa. Como si supieran que al sonreír en medio del tráfico y los compromisos familiares y el papeleo y los matrimonios que se derrumban, llegarán antes a su destino, sea cual sea.

Parece que las mejores cosas ocurren cuando no esperas nada o esperas otra cosa. Como esta película. Fui a verla como contrapunto de las que vi la semana pasada. Estaba casi solo en cine. Se apagaron las luces antes de tiempo y durante hora y media pude compartir olores, colores, dolores. Salí maravillado. El placer fugaz del cine y la buena comida, de los romances.

Florrie : Sirens

Este EP es un trampolín. Tras año y medio de silencio, Florrie tenía que volver a situarse en tu punto de mira. Tenía que enseñar que el contrato con una discográfica no la había cambiado. Que sigue siendo esa chica con ganas de probar sonidos y ritmos. Y Sirens viene a ser el prólogo de todo lo que es capaz.

Prólogo porque el disco completo llegará a finales de año. Pero en realidad este EP sería un recordatorio: aunque no se parezca en nada a Experiments, sí reconoces esas letras hipnóticas que se repiten y repiten como lluvia, hasta calarte entero, hasta que transmiten mucho más de lo que parecía en un primer momento. Reconoces la voz camaleónica, las percusiones insinuantes, la cadera que se va sola. Como se suele decir, cambiarlo todo para seguir igual.

Estas tres canciones tienen el sabor de los preliminares que te dejan con ganas de más. Será cuestión de seguir nadando, de hacerle caso al canto de las sirenas, tan tentador, y encontrar esa orilla donde todo se cumplirá. Si esto es solo un adelanto, como un primer hombro desnudo al quitarse la camisa, imagínate el resto.

Wajdi Mouawad : Ánima

Hay muchos libros buenos, pero solo algunos te remueven por completo. Por eso, decir que Ánima me gustó sería quedarme corto. Me pareció brillante. Un libro que todo el mundo debería leer aunque no sea un libro para todo el mundo. Una novela que me gustaría haber escrito yo y que leí con la envidia sana (o no) de saber que me falta mucho para lograrlo. Suerte que hay maestros como Wadji Mouawad.

Este escritor, en una página te desgarra sin miramientos y a la siguiente te emociona con ternura. Deja que sean los animales los que cuenten la historia terrible de un hombre a quien el asesinato de su mujer le impulsa a viajar por Canadá y Estados Unidos en busca del criminal. Gatos, arañas, pájaros, perros, lobos… todos serán testigos de su periplo. Algunos lo mirarán con curiosidad, otros conectarán con él, dando pie a escenas maravillosas (la hormiga, el chimpancé).

Mouawad nos recuerda la inhumanidad de los humanos. Cómo somos capaces de lo mejor y de lo peor. Cómo nos obsesionamos con absurdeces y en cambio rechazamos lo que la vida nos regala a cada segundo. Pequeños instantes que el protagonista va disfrutando en pleno viaje, aunque sea empujado por unas circunstancias tan horrendas.

Mientras lo leía, no me quitaba de la cabeza una frase de Musashi Miyamoto: «Date menos importancia, dásela más al mundo». Podría haberla dicho cualquiera de estos animales al protagonista Wahhch. Porque ellos saben que todo es insignificante. Sí, nos ocurren cosas malas, pero no somos menos que una mariposa aplastada de la manera más tonta. Somos animales dando tumbos, por más que nos guste olvidarlo.

Podría añadir muchas cosas, enumerar el asco de algunas escenas y la impotencia que me provocaron, la piel de gallina por la preciosidad de ciertos pasajes… Podría decir que es uno de los mejores libros que han pasado por mis manos. Demoledor, también. Pero faltaría una pieza clave: que lo leáis y flipéis como yo he flipado. ¿Y ahora qué? Pues esto. El esplendor en la bajeza. Humanidad, a pesar de todo.

Frances Ha

Frances no sabe lo que quiere. O sí lo sabe pero no encuentra la manera de materializarlo. Y quienes la rodean no es que la ayuden mucho, la verdad. Así que ella baila. Baila por la calle y por donde haga falta. Baila, baila, baila y con el movimiento del cuerpo llegan los cambios de aires.

Nuevos amigos, nuevos apartamentos, nuevas vistas mientras fuma en la ventana. Los días de Frances son un no parar de hacer cosas aunque ella sienta que no está haciendo lo que debe. Todavía. Y así, para encontrar ese «algo», se embarca en esta road movie a lo largo y ancho de Nueva York y otras sorpresas.

Así se vería Girls en la pantalla de un cine. Una película, en fin, sobre las miserias tontas y las tontas delicias del día a día. Sobre las risas sin venir a cuento, las fiestas inesperadas, las citas desastrosas que recordarás con cariño, las caídas y todas las veces que te levantas después, los sueños, los planes, la realidad siempre mágica aunque se vea en blanco y negro.

Para cuando se revela el por qué del título, ya estás enamorado hasta las trancas de Frances y solo puedes alegrarte por ella. Compartes su pasión, energía, ingenuidad en la gran manzana. Su vida. Porque sí, a veces es bueno hacer las cosas que supone que tienes que hacer cuando se supone que tienes que hacerlas.

Aitor Saraiba : Nada más importa

«Siempre pensé que mi brújula en la vida sería una persona,
pero no, han resultado ser los libros.»

Primero hay obstáculos y luego todo se alinea. Es todo parte del mismo camino, la vida, pero en algunos recodos es fácil creer que la oscuridad campa a sus anchas y que no hay vuelta atrás. Poco después, lo fácil será seguir caminando hacia adelante con una sonrisa. Ahora solo escucharías música a todo volumen para gritar hasta quedarte afónico.

Este libro se empezó a gestar antes de que todo encajase: «De mis padres, me habría gustado heredar la esperanza», viene a decir Aitor Saraiba en uno de los primeros capítulos. Porque la gente que antes sonreía, ahora busca trabajo y no lo encuentra, busca amor y no lo encuentra, busca y busca pero todo está muy oscuro.

Un amigo enseñándote su cuaderno de notas. Esa sensación te recorre el cuerpo mientras pasas las páginas de Nada más importa. Los textos a mano y los dibujos ingenuos parecen desnudos sobre el fondo blanco. Cuesta creer que alguien se atreva a enseñarte su intimidad de esta manera pero aquí está. La has comprado. Y el libro es enorme, pesa, como para confirmarte que de verdad existe.

Alrededor de todos los conciertos de Metallica de su vida, Aitor teje una biografía de momentos importantes. Bueno: momentos cuya importancia solo entiendes después, ya mayor, al echar la vista atrás y unir los puntos de lo que antes solo eran escenas del día a día. Los aprendizajes, las personas que vas conociendo por el mundo… Y sí, lo que empezó sin esperanza, acaba por animarte a seguir intentándolo. Porque las piezas encajan, pero para eso hay que seguir luchando. Gracias, Aitor.