Los paneles de visualización. En lo que va de año, ya son dos las series que les dedican un capítulo; el caso más reciente, el de 2 Broke Girls (comedia feroz que recomiendo a todo el mundo). Los esquemas son parecidos: un personaje le enseña a otro esa pizarra en la que va pegando imágenes y frases motivadoras, un resumen visual de todo lo que quiere atraer a su vida. El otro al principio se lo toma a coña, cómo va a funcionar eso.
Pero entonces suena el teléfono con un encargo o aparece alguien nuevo dispuesto a ayudar y piensas: vaya, pues sí. Y cuelgas una foto en la pared, un «por si acaso» inocente. Así jugando, descubres que los «por si acaso» también funcionan. Y es que cualquier gesto mínimo atrae cosas buenas. No es magia. Es ponerte en movimiento. Porque siempre llega un día que te das cuenta: tú eras tu único enemigo.
Tú quien mantenía las puertas cerradas, quien boicoteaba relaciones justo cuando se encarrilaban, quien decía «no» a todo. Y culpabas a los demás, a las circunstancias, al equipaje pesado y a la mala suerte pero eras tú quien pisaba el freno. Sí, en cuanto empezabas a sentirte bien, no hacías más que buscar excusas que justificasen ese frenazo en seco de tus pies. Como si estuvieras convencido de que no merecías ser feliz. Que era mejor consuelo el del negro constante.
Lo bueno es que eso significa que también está en tu mano activar, trabajar, crecer. Porque no se trata del panel: eres tú quien pone en marcha la suerte, quien ajusta tu frecuencia. Sólo tienes que encontrar un sistema que te funcione. Me siento afortunado de tener alrededor gente afín que cree en estas cosas. No sé si el fin del mundo nos tiene a todos más místicos o si será cierto que compartir sirve de imán. El caso es que me puse en serio con este blog, me compré un cuaderno, visualicé en ellos. Me atreví a desear. Y por eso estás ahora aquí. Más, por favor.









