Take you higher

Algo no funciona. No puede ser que los mismos políticos que luego piden tu voto, estén insultándote cada día. Por catalán o por parado. Por enfermo, por la edad que tienes, por lo que quieres estudiar, por tu sexualidad. Por parásito. Si de verdad sirvieran al pueblo, no legislarían contra él. Tan sencillo como eso. Los políticos deberían mejorar la sociedad, levantarla. Y están haciendo justo lo contrario.

No leo la prensa (y soy mucho más feliz así) y en este blog no suelo hablar de estas cosas. Pero eso no significa que viva en la parra. ¿Hasta cuándo aguantaremos? Me lo pregunto. Quiero creer que es como cuando un amigo te falla. Siempre está de morros, se enfada y no te lo dice, causa malentendidos en el grupo de amigos. Le defiendes porque es tu amigo hasta que un día dices: hasta aquí.

Las relaciones están para mejorarnos. Los amigos, las parejas, los políticos con el pueblo. Si no me vas a tratar bien, no te necesito en mi vida. Lo contrario es masoquismo. Tengo a medio escribir una novela que trata de eso, de cómo social y personalmente se permiten ciertas situaciones por no darte cuenta de que las riendas las tienes tú. Que te den por culo, sí, pero eligiendo con buen gusto quién lo hace.

Hay que tener en la vida sólo a esa gente que te aporta energía positiva. Los amigos que te escuchan y te abrazan, los novios que se acuerdan del vino que te gusta, los contactos de las redes sociales que te inspiran. La gente que sólo sabe quejarse, fuera. Los políticos que atentan contra el pueblo al que dicen servir, fuera. Que te traten bien es fácil: basta quererlo, pedirlo, invitarlo. Y ofrecer lo mismo.

Sé que es casi nada, pero me sirve de tanto

Secarme en la toalla tras salir del agua. Es una de las sensaciones que recuperé este verano. El escalofrío del viento en la orilla y, poco a poco, el calorcito del sol. Las últimas gotas deslizándose por mi piel. Cierro los ojos, mi respiración vuelve a su ritmo normal. La arena secándose en los pies, pronto será fácil sacudirla.

Esa sensación de bienestar. Como llegar a casa cuando llueve y quitarte la ropa húmeda, los calcetines sobre todo. Ya con el pijama, dejas el paraguas en el plato de ducha, enciendes la calefacción, colocas toda la ropa encima y los zapatos cerca. Acurrucado en el sofá, las manos van recuperando sensibilidad. Sin prisa pero sin pausa. Y podrás doblar los dedos otra vez, coger la taza de leche caliente con fuerza.

Al día siguiente, el paraguas está completamente seco. Nadie diría que llegaste calado a casa. Pasas la cinta alrededor del paraguas, cierras el botón, siempre cuesta un poco, guardas el paraguas en el armario. Hasta la próxima vez que lo necesites. Por suerte, en Barcelona no llueve mucho, así que aún queda tiempo para eso.

El humo del primer chocolate a la taza de cada invierno. Un platazo de pasta los días de resaca. O esa noche que vuelves a casa con frío y decides sacar el nórdico. Habías olvidado cómo enfundarlo; primero quedan bultos, luego ya sale bien, queda mullido. Te metes dentro. Sólo sacarás un brazo a media noche, para comprobar que todavía te quedan horas de cálido sueño. Qué bien. Ha regresado la calma.

Welcome to life

Siempre hay algo nuevo. Una torre, una cristalera, una piña multicolor coronando un arco. Es normal, la Sagrada Familia sigue en construcción. Las grúas mueven vigas, se colocan piedras, los planos crecen. Es fácil olvidar que los monumentos de tu ciudad están ahí. Te acostumbras. No los ves con ojos de turista.

Para recuperar esa fascinación, hay que provechar eventos como los que se organizaron en la Sagrada Familia durante La Mercè. En primer lugar, la compañía canadiense Moment Factory diseñó un espectáculo audiovisual con la fachada de la catedral de Gaudí como tapiz. Donde antes sólo había piedra, aparecieron latidos y plantas, mariposas. Fluían las cascadas.

Mirase donde mirase, veía colores, formas, brillos. Quince minutos muy emocionantes titulados Oda a la vida. Pero también redescubrí la Sagrada Familia al día siguiente, en la jornada de puertas abiertas. Después de una cola larguísima que gracias a la organización avanzó deprisa, en apenas diez minutos ya estábamos dentro, descubrí que el edificio por dentro es enorme.

Que no es que por fuera sea diminuto, claro, pero en su interior, a pesar del gentío, pudimos pasear tranquilamente por el amplio vestíbulo. Las columnas separaban múltiples espacios y los rosetones y cristaleras dejaban entrar la luz natural, que teñía todas las paredes de amarillo y azul y rojo y verde. Sí, tanta luz sorprende.

Los ojos se iban aquí y allá: frases, inscripciones y esculturas secretas que dejó Gaudí repartidas por toda la Sagrada Familia. Migas de pan guiándote hacia lo desconocido. Para que un día alguien las señalase. Mira. Deberíamos ser así más a menudo: niños curiosos que se transforman en Cristobal Colón. Descubridores del nuevo mundo.

Siento algo parecido en La Penúltima, un bar del Raval. Es acogedor pero pequeño, tanto que enseguida se llena. Me gustan las mesitas del fondo, aunque solemos quedarnos en la barra. Da igual porque desde cualquier ángulo descubro cada noche nuevos detalles. Dibujos y lámparas y figuritas en las que no me había fijado. Hago fotos y todas parecen de un bar distinto. Son bonitas las cosas que día tras días siguen sorprendiéndote. Como abrir la puerta siempre por primera vez.

You gotta get up and try, and try, and try

«Dar en el blanco es el resultado de noventa y nueve fracasos.»
(Dôgen)

Hay quien tira la toalla enseguida. Tú no eres de esos. A veces olvidas que, en pleno desierto, al otro lado de las dunas, hay un oasis; lo olvidas, pero sigues dando pasos, clavas los pies en la arena ardiente, escalas, llegas a lo alto y entonces descubres las palmeras, el lago de agua dulce, el trocito de sombra. Todo aquello que dabas por perdido está ahí delante. A tu alcance.

Fracasar no es más que ponerte en camino hacia el triunfo. De derrota en derrota hasta la victoria final, que dice el dicho. Poco a poco vas entendiéndolo. Vas aprendiendo. Afinas la frecuencia, sabes que no darás con el canal exacto a la primera, pero giras la ruedecilla y la música se escucha cada vez mejor.

No existen las crisis, existen los puntos de inflexión. Si algo no funciona como querrías, lo encarrilas. Lo intentas, al menos. Pero intentarlo ya es hacerlo. La librería se transforma en una tienda japonesa. Las diferencias se convierten en balanza y aprendizaje. Es básico: el pegamento de las cosas en común.

Cuando inventaron la primera rueda, era cuadrada. Imaginas los baches como montar un carro entonces. Un descontrol. Altibajos e incertidumbre, se iba a descuajeringar en cualquier momento. Pero la rueda la fueron puliendo. Y al final dieron con la forma exacta. El carro bajó la pendiente, cruzó el camino de principio a fin, suave. Ahora repites la cara de placer de aquel primer viajero. Estás a gusto, todo funciona.

Enjoy the ride

No siempre recuerdas que las cosas son fáciles. O más fáciles de lo que a veces te da por pensar. Fluir en el presente, sentir sin pensar, dar gracias por lo que ya tienes, abrazarlo, empaparte. Un viaje en bicicleta, un chapuzón, el universo en tu toalla. No hay más que eso. El trampolín eres tú.

Las canciones inspiran. Te recuerdan que a veces basta con sentirse feliz, a gusto. Hacer las cosas por el placer de hacerlas. Darte un baño con sales y velas, o sentarte en el sillón a leer un buen libro, encender tu incienso favorito, pasear por la ciudad a esa hora en la que ves otras cosas que no están en tu ruta habitual.

Disfrutar del paseo, tan sencillo como eso. Remar al ritmo del agua. Las 69 canciones de la playlist me inspiran todo eso. Relajación, instinto, centro. Para hacer compañía o disfrutarla. Hoy me apetecía compartirlas. Espero que encuentres como mínimo una que te invite a aceptar el mundo tal cual es.

Carry on smiling and the world will smile with you
Take me on a train ‘cos I’m not flying 
Everyday I walk away with the feeling that I’m center stage
Mejor si estás encima, mejor escuchar al pumpum, pumpum
And now I know the truth that anything could happen 
I’m breathing new air, can I take this all in? 
Don’t get lost in heaven 
What is there to know? All this is what it is
Sky fits Heaven so fly it
Decide something less decisional 
Strange things will happen if you let them come around and stick around
You’ve gotta seize the moment before it’s gone