Storie brevi

Bajo la luz tenue del restaurante ya no éramos los chicos perfectos de las fotos estudiadas: allí solo éramos nosotros dos. Esperábamos nuestros platos, sin tocar aún las bebidas, miradas de reojo más allá de la cristalera, como si al otro lado de la calle pudiera haber alguna respuesta, una frase ocurrente que todo lo cambiaría. No nos sentíamos como dos supervivientes de tantas casillas ignoradas y dedos deslizados demasiado rápido. El silencio solo es cómodo en casa. La magia no llegaba pero llegaron nuestros platos y durante un rato pudimos comer y comentar sabores y texturas, y eso estuvo bien. No todo tiene que ser eterno ni definitivo.

Fotografía de Théo Gosselin.
Banda sonora de Tananai y Annalisa.

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