¿Dónde está el píxel? (2)

Un jueguecito de esos que me encantan. Localizar cosas y personajes en una imagen de eBoy, al que adoro. Su póster de Tokyo domina toda una pared de mi habitación, y ya puse en el blog la imagen de Nueva York. Pero hoy toca una curiosa ilustración de Los Ángeles, cuna de lo peor y lo mejor de Estados Unidos.

A ver si encontráis:

-Las gemelas Olsen de compras
-El Grito de Munch
-Paris Hilton y su perrito
-Alguien con orejas de Mickey Mouse
-Tío Oscar
-3 cabezas de cocodrilo (Blockbob para los amigos) y 1 cabeza de mono
-1 coyote

Aquí tenéis la imagen a tamaño completo.

Por último, ¿cuántas banderitas de Estados Unidos véis? Yo he contado 6, me parecen pocas.

Oscar Wilde – El retrato de Dorian Gray

Tengo muchos libros favoritos: «El día que murió Marilyn» (Terenci Moix), «Glamourama» (Bret Easton Ellis), «La historia interminable» (Michael Ende), «It» (Stephen King), «Drácula» (Bram Stoker), «Parque Jurásico» (Michael Crichton), etc. Pero si hay uno que destaca por encima de todos los demás, es «El retrato de Dorian Gray», la única novela del genial Oscar Wilde.

Lo habré leído un porrón de veces, y con cada relectura me parece un libro más apasionante, más actual. La obsesión por la belleza, por la juventud, por lo superficial; las dobles vidas; las miserias de la deslumbrante alta sociedad; vender tu alma por un placer efímero; el atractivo irremediable de la autodestrucción; el arte, la muerte, la soledad. Wilde trata muchos temas en su obra, y los trata todos con una demoledora pero acertadísima ironía.

Las palabras de Wilde nos desnudan a todos, parece que él conoce el alma humana mejor que nadie y nos retrata sin piedad (pero con arte, al menos). Cada uno de los personajes que habitan en la novela representa una forma distinta de entender la vida. Sus diálogos son memorables, cada frase es digna de ser subrayada. Wilde no se casa con nadie, y creo que en parte, por eso fascina tanto este libro, y toda la obra de este escritor en general. La suya es una literatura atemporal. En la librería, disfruto al comprobar que es de los pocos autores clásicos que sigue vendiéndose a un buen ritmo.

No es de extrañar que la crítica lo despreciase en su época: «El retrato de Dorian Gray» huye de los convencionalismos, tanto su puesta en escena como su mensaje eran demasiado modernos para la era victoriana; de hecho, siguen siéndolo. En sus obras de teatro, camufló las críticas bajo una capa de comedia: la gente aplaudía, se reía de sí misma de una forma aparentemente amable. En sus relatos (magníficos), recurría a estilos más convencionales como los cuentos de hadas o el terror gótico. Pero esta novela es implacable.

Es, además, un libro profético, trágico. Por un lado, es imposible no ver los paralelismos entre Dorian Gray y el hombre que, años después, sería amante de Wilde: Alfred Douglas. Ironías de la vida, ya que cuando escribió el libro no se conocían; creo que los tres protagonistas masculinos eran desdoblamientos del propio Wilde: su forma de entender la vida y el arte, sus fantasías, sus temores, lo que le gustaría ser… Por otra parte, varios pasajes del libro se utilizaron durante el juicio contra Wilde que acabaría llevándole a la cárcel, para demostrar su homosexualidad. El escritor no se cansó de repetir que no se puede condenar a alguien por lo que escribe. Fue en vano.

Me daba rabia no haber encontrado nunca una edición perfecta del libro. La primera vez que lo leí, fue en catalán; una traducción horripilante («letters» como «letras», «library» como «librería», etc). Luego heredé de mi abuela unas Obras Completas de los años 50… una traducción puritana, demasiado correcta, muy de la época. Y así fui saltando de una versión a otra: portadas horribles, ediciones que no hacían justicia a libro. Hasta que esta semana di con una edición espectacular por parte de Galaxia Gutemberg y he decidido autorregalármela por mi cumpleaños.

Tapa dura, enorme (casi del tamaño de un DIN A4), rebosante de ilustraciones contemporáneas inspiradas en el libro (he seleccionado algunas para amenizar la entrada de hoy), papel de alta calidad, portada elegante… Y la traducción es buenísima, también. Una obra de arte. Cuesta un pastón, pero ha merecido la pena.

Próxima misión: encontrar una buena edición en inglés.

No hay libros morales o inmorales. Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo. (Oscar Wilde, en el prefacio del libro.)

PD: El domingo iré a ver la película, nueva adaptación del libro. Tiemblo sólo de pensarlo y, sin embargo, tengo mucha ganas de verla.

Alejandro – Hot Like Mexico

Ayer se estrenó el esperado vídeoclip de Lady Gaga, «Alejandro». Y esta vez, las opiniones están muy divididas; por lo que leo en blogs y foros, las críticas negativas abundan, todo lo contrario que con «Bad Romance» y «Telephone». Es cierto que le sobran dos minutos mínimo y no ayuda que en vez de crear un extended remix exclusivo del vídeo, se hayan limitado a hacer corta y pega de la canción hasta el aburrimiento. Un bucle infinito de alejandro, alejandro, ale-alejandro.

Pero al margen de su duración excesiva, me parece un vídeoclip fascinante. Una fotografía excelente (faltaría más, estando a cargo Steven Klein, responsable de las mejores sesiones de fotos de la última década de Madonna) al servicio de un simbolismo más críptico y oscuro que en ningún otro vídeoclip de Lady Gaga.

¿Qué nos cuentan Klein y Gaga? Bajo mi punto de vista, es una alegoría de los grandes males de Europa: la tendencia al totalitarismo, y la represión, sobre todo sexual (ejercida principalmente por la Iglesia). Dos conceptos, totalitarismo y represión, que además suelen ir de la mano. La mujer, al mismo tiempo víctima y verdugo, podría ser la propia Europa. (Situando la letra de la canción en este contexto, tengo la teoría loca de que los Alejandro, Roberto y Fernando podrían ser los dictadores Adolf, Benito y Francisco, intentando adueñarse de Europa.)

Hay ecos de los tétricos cuentos clásicos europeos (ese corazón a modo de trofeo, como en la Blancanieves de Grimm), hay toques de expresionismo alemán, guiños a la decadencia de la república de Weimar y a la contundente dictadura de Hitler, con su homoerotismo latente.

A nivel narrativo, la historia (desordenada) que extraigo es la de una mujer puritana y reprimida, esposa de un dictador. Él, atormentado por la frigidez de su esposa, acaba suicidándose de un disparo (con una excesiva pistola dorada). No es casualidad que ese disparo retumbe varias veces a lo largo del vídeoclip. Las represiones y el sentimiento de culpa ayudan a la mujer (ahora viuda negra) a liderar ese estado totalitario, en el que puede dar rienda suelta a sus fantasías.

En cualquier caso, sea cual sea tu interpretación, te guste o no el vídeo, está claro que es una reivindicación de los grandes vídeoclips en una época en la que ya casi ningún cantante o grupo les presta la dedicación de antaño. Bravo.