El hueco #36

Tu risa se expande por el desierto y con ella el verde regresa por un instante. Tras las ruedas del coche aparece un rastro de hierba, a ambos lados brotan hileras de árboles renacidos que mueren enseguida, como muere una carcajada en mitad de la nada. Por un momento creía que podríamos rescatar esa vida que nos contaron, pájaros saltando de rama en rama una mañana de finales de invierno con un sol que no abrase. Enseguida la arena rojiza se impone de nuevo. Y con ella, los troncos calcinados, los postes de electricidad torcidos, esqueletos de animales en los arcenes y las columnas de humo emergiendo de la tierra. Jamás había buscado la risa y ahora será lo único que persiga a lo largo de esta carretera infinita. Me gusta ser yo quien te la provoca, no ser quien custodia la risa sino quien la libera. Voy a forzar comentarios jocosos de vez en cuando para crear juntos destellos verdes en el paisaje. Quizá si siempre riéramos, el mundo volvería a ser como antes.

Fotografía: Théo Gosselin.

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